Ganaron los buenos
Hace 81 años el célebre y sobrio parte de Franco dio por terminada la guerra civil. ¿Qué puede decirse de ella a estas alturas? Por lo menos lo siguiente:
1. Que la contienda enfrentó por una parte a quienes querían implantar en España un régimen soviético y/o disgregarla en estaditos manejables por otras potencias, y por otra a quienes no estaban dispuestos a consentirlo.
2. Que en ella no se jugó la democracia sino la unidad de la nación, la cultura y familia cristianas, la libertad personal y la propiedad privada, defendidas por los nacionales y atacadas por el Frente Popular, pacto de totalitarios y separatistas.
3. Que la democracia quedaba fuera de cuestión. En el Frente Popular, unos, los más fuertes, aspiraban a implantar un régimen de tipo soviético; otros, despotismos separatistas; y unos terceros les hacían el juego voluntaria o involuntariamente. Los nacionales, después del caos republicano y las elecciones fraudulentas del 36, no creían que la democracia pudiera contener el alud revolucionario-separatista, y buscaron otras salidas. En 1930, Franco todavía recomendaba la democracia y se resistió a rebelarse mientras hubiera esperanza de reconducir un régimen cada vez más epiléptico.
4. El Frente Popular se presentó como defensor de la república, cuya legalidad había asaltado en 1934, planeando la guerra civil, y había acabado de destruir desde las elecciones fraudulentas de febrero de 1936, aplastando sangrienta y tiránicamente la libertad. La falsedad de la reivindicación izquierdo-separatista, masivamente difundida, es la causa de que aún hoy la guerra civil siga sin ser asimilada por la sociedad española. Es también la causa por la que he escrito recientemente Por qué el Frente Popular perdió la guerra.
5. La guerra fue un suceso doloroso, pero en ella ganó la causa más justa. Que volvió a justificarse al ganar también la paz, reconstruyendo la nación frente a mil dificultades y hostilidades exteriores, manifiestas en un aislamiento criminal; y dejando una herencia de reconciliación y prosperidad, con una sociedad muy superior en todos los sentidos a la de miserias y odios republicanos causantes de la guerra. Esta es su doble legitimidad, de origen y de ejercicio. Precisamente el Frente Popular desacreditó la idea de la democracia para muchos años. Y no es casual que los partidos que se consideran herederos de él, nuevamente totalitarios y separatistas, estén destruyendo la democracia decidida en 1976 a partir de la legitimidad del franquismo.
6. La mentira sobre la guerra y el franquismo, sostenida por los herederos del Frente Popular con el auxilio de una derecha abyecta y sin ideas, capaz de identificar democracia con antifranquismo, es la causa profunda de que la sociedad no logre aprender de la experiencia y tienda repetir lo peor de su pasado, como decía Santayana de los pueblos que olvidan su historia.
7. En este aniversario es preciso que todos recordemos qué fue realmente aquella contienda, quiénes la planearon y provocaron, por qué la perdieron, por qué el pueblo decidió una democratización en orden partiendo de la herencia franquista, y por qué esa decisión ha venido siendo saboteada utilizando la falsedad histórica para transformar el régimen, introduciendo leyes totalitarias como las de “memoria histórica”, de género y similares.
8. Como dirigente máximo en la guerra y la paz –que dura aún hoy, cada vez más amenazada por golpismos y leyes liberticidas–, y por la categoría de sus logros, el general Franco entra en la historia de España con la talla del mayor estadista que ha producido el país en varios siglos. La reciente profanación de su tumba por los delincuentes que hoy gobiernan la nación deberá ser revertida en su momento. Una sociedad incapaz de respetar a quienes la liberaron de la tiranía y la disgregación se condenaría a sí misma. Restablecer la verdad es una necesidad absoluta para garantizar la permanencia de España y curar una democracia hoy enferma y en gran parte fallida.
UNA HORA CON LA HISTORIA
133 – Historia criminal del PSOE (13): Los insurrectos en Asturias entran en crisis. https://www.youtube.com/watch?v=Wa_-VTEs_5k
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La “anormalidad” de España.
Usted descarta el carlismo como solución general en España. Sin embargo fue uno de los ingredientes fundamentales del franquismo y en la guerra civil
Sí, fue uno de ellos pero ni de lejos el principal. El franquismo no fue un régimen de partido único, sino de cuatro partidos o “familias”, y en general poco tuvo que ver con el carlismo; y la evolución posterior de este ratificó su incapacidad como alternativa a la democracia liberal. Es difícil definir con precisión ese movimiento. Por una parte quería volver a la sociedad estamental y de privilegios, regida por la nobleza y el clero con un rey sacralizado, cosa que interpretaba como el orden social querido por Dios. Querían mantener el antiguo régimen, que en España imitaba a la monarquía absolutista francesa desde comienzos del XVIII, es decir, no era demasiado tradicional español. Y por otra parte parecía querer ir más allá, a la época de la Reconquista, con los viejos fueros y demás. Por ello detestaban al liberalismo, que preconizaba la unión nacional bajo las mismas leyes, con igualdad ante la ley y abolición de los privilegios. A pesar de que les ayudaba la mediocridad, corrupción y crímenes de los liberales, no eran una alternativa, desde luego. Y perdieron las guerras en buena medida por la ineptitud e intrigas de la corte del “sacro” pretendiente. Esto también lo explico en Nueva historia de España, perdone que insista.
Pero el liberalismo ha fracasado a su vez. En el XIX trajo inestabilidad, los pronunciamientos militares, en el XX fue incapaz de contener las tendencias revolucionarias, contribuyó, usted mismo lo dice, al caos republicano y a la guerra civil. Ahora mismo, muchos políticos que han ayudado al proceso de descomposición política actual se consideran liberales. Los democristianos también lo son…
Tal como han ido las cosas, son dos movimientos fracasados en España, el carlismo en el siglo XIX y el liberalismo en el XX. Sin embargo del liberalismo hay elementos irrenunciables como la unidad nacional, los derechos políticos, la igualdad ante la ley. Tanto es así que nadie se atreve a declararse en contra, lo aceptaba hasta Torrente Ballester cuando era ideólogo de la Falange. Bueno, excepto en lo de la unidad nacional, contra la que parecen estar casi todos, herencia del regeneracionismo.
¿El regeneracionismo estaba contra la unidad nacional?
No estaba contra la unidad, pero favorecía los factores que podían destruirla, empezando por su denigración de la historia. La idea de que España tenía una historia “anormal” implica, naturalmente, que otros países la tendrían “normal”. En concreto la tendría normal “Europa”, mientras que España, ya en la Reconquista habría mostrado síntomas de enfermedad, que en gran parte de manifestarían en una “tendencia congénita a la guerra civil”, al “cainismo”, a la “persecución del pensamiento libre”, luego materializada en la Inquisición, etc. En contraste supuesto con “Europa”, es decir, con la Europa occidental, o más propiamente Francia e Inglaterra, que constituían el horizonte fundamental de los europeístas, y sobre las cuales demostraban no conocer más que tópicos ni tener deseos de ir más allá. Era una doble ignorancia o más bien distorsión: de España y de Europa. No se puede construir sobre arenas tan movedizas. Era la aceptación de la leyenda negra combinada con un patriotismo a su modo: como españoles, los regeneracionistas se sentían ultrajados por el atraso de España con respecto a Francia e Inglaterra. Lo malo es que creían poder superar ese atraso rápidamente con fórmulas mágicas, básicamente con la destrucción del régimen liberal de la Restauración. ¡El caso es que casi todos se proclamaban liberales! En Por qué el Frente Popular perdió la guerra examino esta peculiaridad del liberalismo español, siempre enfrentado internamente a muerte, o casi. Los liberales como enemigos del liberalismo, podríamos decir, exagerando no demasiado.
Aun así, las líneas generales eran correctas: querían una democracia de libertades.
Algunos querían un dictador, un “cirujano de hierro”. Paradójicamente, España fue probablemente el país o uno de los países internamente más estables de Europa durante más de tres siglos y el que aún hoy mantiene unas fronteras más estables; y constructor de un imperio también más pacífico, estable y duradero que cualquier otro europeo; y la Inquisición fue un tribunal mucho más garantista que cualquier otro de Europa, mucho menos sanguinario que las diversas inquisiciones protestantes, y coincidió con la época cultural e intelectualmente más importante de la historia de España. Las guerras civiles, el “cainismo” y el estancamiento intelectual han sido en España, más bien, una herencia de la Revolución francesa a través de la invasión napoleónica. Recordar y examinar estas cosas, a contracorriente de la mayor parte de la historiografía al uso, es parte de lo que he hecho en Nueva historia de España.
Pero usted tampoco ofrece una alternativa.
Eso tienen que hacerlo los políticos. Pero cualquier alternativa pasa por el saneamiento, digámoslo así, del pasado. En Nueva historia he expuesto cómo en todas las sociedades existen tendencias integradoras y disgregadoras en difícil equilibrio. Ahora bien, si partimos de la idea de un pasado negativo de España, las tendencias disgregadoras prevalecerán, como está ocurriendo. Hay dos puntos sobre los que incidir: la gran época de España, siglos XVI-XVII, y el franquismo. Más allá de clarificarlos en lo posible, ¿podemos extraer de ellos ideas que nos sirvan para el presente? Lo primero es, precisamente, restablecer la verdad o acercarnos lo más posible a ella desde la consciencia de que lo que hoy prevalece es la falsedad, y de que esta nos está causando grandes males.





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