Masonería (VI) La moral / “El erótico crimen del Ateneo”

En un par de días estará publicado en Amazon  El erótico crimen del Ateneo, la novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo.

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La masonería se presenta como una orden muy especial, cargada de un simbolismo moralista. Según afirma Anderson: “Las sociedades y Órdenes de los caballeros militares y también las religiosas han tomado de esta antigua Fraternidad (la masonería)  muchos de sus usos solemnes; porque ninguna de ellas estuvo mejor constituida, más decentemente instalada  ni observó con mayor fervor las leyes y obligaciones que los Aceptados (masones) en todos los tiempos”. Asimismo, después de señalar la obligación de  profesar la “religión de todos los hombres”,  adjudica a la masonería la tarea de “convertirse en Centro de unión y medio para conciliar una verdadera amistad entre personas que sin ella permanecerían a perpetua distancia”. Estas personas, iniciadas, serían “hombres buenos y verdaderos, de honor y honradez”. Uno de los objetivos de los ritos y secretos consiste, precisamente, en “desbastar”  el bloque de piedra, es decir, el carácter del adepto, perfeccionándolo moralmente.

Conviene detenerse en  lo dicho sobre la aspiración masónica a convertirse en una suprarreligión. Claramente, nadie podría mostrar desacuerdo con la bondad, el honor, la amistad o  la honradez exigidas por la orden,  pues son aspiraciones comunes a casi todos los seres humanos. Pero cabría disentir de la pretensión implícita de que alcanzar o culminar tales virtudes exija una iniciación en extraños misterios o que la “verdadera amistad” precise de una sociedad secreta. Por el contrario, de acuerdo con la “religión de todos los hombres”, tales virtudes nacerían espontáneamente de la humanidad.  Por otra parte, las mismas  son predicadas  por las religiones en general, con lo que la masonería resultaría superflua.  Debe observarse, además, que en el cristianismo la elaboración moral es mucho más compleja y depurada que los tópicos masónicos, cuyo “abstractismo y simplismo” condenaba el escritor italiano Croce.

Demos aquí un pequeño rodeo.  El ser humano vive inmerso en la esfera de la moral.  De ahí que los términos “inmoral” o “amoral”, con los que se califican determinadas conductas, resulten poco adecuados: el individuo se ve constreñido a justificar sus actos ante sí y ante los demás, a presentarlos como “buenos”, con uno u otro criterio. Y por eso el hombre es siempre moral, aunque se trate de una moral perversa o defectuosa. El relato de Adán y Eva podría interpretarse como el paso de la  inconsciente inocencia animal al reino de la moral, relacionado con la libertad,  la responsabilidad y la culpa. Pero el hombre no llega a comprender del todo el sentido de la moral, que en los mitos aparece como mandato de Dios o de los dioses frente a las  inclinaciones perversas. La tentativa humana de dominar la ciencia del bien y del mal fracasa lamentablemente en el Génesis.  No han faltado intentos, sin éxito hasta ahora, de establecer una moral plenamente racional, o científica. El racionalismo la relativiza, dejándola en producto de conveniencia de algún grupo o clase social o de los individuos en abstracto. Lo cual los anularía como mandatos de valor general. De esa dificultad o imposibilidad surgen varias tendencias, como la de sustituir la moral por la ley positiva, la cual, sin más raíz que la decisión política de supuestos representantes de cambiantes  mayorías, puede dar pie a aberraciones y a leyes totalitarias, como las nazis. Otra tendencia es la de una imposible vuelta al reino del instinto, de la inocencia animal, que el poeta useño Walt Whitman expresaba en un poema: “Podría irme a vivir con los animales, tan plácidos y satisfechos de sí mismos (…) No sudan ni gimen por su condición, no yacen despiertos en la oscuridad ni lloran sus pecados”.

Fácilmente se aprecia que  esa tensión hacia una imposible sociedad organizada al modo de los animales, sin culpa, por tanto sin libertad y sin moral, está en la raíz de las ilusiones utópicas y totalitarias. En la Nueva Atlántida de Bacon no existía el mal, gracias a un sistema social tecnicista,  y por ello tampoco podía existir el bien, reducido a mera retórica convencional sin contenido. En la masonería, la  moral deriva de su concepción  del hombre prometeico o técnico. Así, las Constituciones oponen la perfección moral lograda por los masones gracias a su conocimiento del Arte, a las  “épocas oscuras e iletradas”, ajenas al “Saber y la Geometría”. El mensaje es claro: el bien consiste en el saber y el mal en la ignorancia. Los masones poseen la Luz, la sabiduría esencial, y el común de  la Humanidad no.  Ideas similares cundieron durante la Ilustración, una de cuyas tendencias fue el culto, realmente religioso, a la razón, a la que no reconocía límites. Haré aquí una pequeña digresión sobre Bakunin,  uno de los fundadores del anarquismo. Su doctrina básica era: el mal es la ignorancia y el bien la sapiencia que él mismo se atribuía y quería transmitir a la humanidad, para liberarla. Por desgracia,  los ignorantes no acababan de apreciar sus ilustradas prédicas, y  Bakunin  adquirió una verdadera manía por crear sociedades secretas, para impulsar  la revolución manipulando a unas masas tercas en su ignorancia. En función del bien, según él lo concebía, justificó el  terrorismo, el bandidaje, el engaño sistemático, cualquier acto por criminal que lo considerasen… los ignorantes.  Llegó a promover sociedades secretas dentro de sociedades secretas en una deriva algo enloquecida. Cabe encontrar ahí la huella masónica, máxime cuanto que Bakunin alcanzó en la masonería el grado 32, uno de los más altos, según documentó el historiador anarquista Max Nettlau,

Desde luego, la ignorancia es un mal, pero quien reduce el mal a la ignorancia, atribuyéndose de paso el bien del conocimiento, muestra una arrogancia pasmosa. Nadie podría ni remotamente dominar el ámbito del conocimiento humano, técnico o no, ni prever adónde llegará o  qué  teorías tomadas por verdaderas en un momento dado quedarán luego descartadas  por falsas o insuficientes. Como toda arrogancia, esta es en sí misma maligna. Aparte de que el conocimiento y la técnica pueden emplearse de forma malvada,  como por lo demás ocurre cotidianamente. Una vez más encontramos la trivialidad y la simpleza bajo la capa del secretismo y el misterio.

Debemos preguntarnos por qué entran en la masonería personajes de alto nivel intelectual, relevantes en la política, la milicia, el pensamiento o las artes (aunque la masonería gusta de exagerar al respecto, por razones de prestigio).  Creo que el mismo carácter de la orden da algunas pistas.  Pertenecer a una élite inspirada y sapiente seduce a ciertos espíritus ingenuos o vanidosos, no necesariamente estúpidos. Para otros, la Fraternidad da salida a un ansia  natural de perfeccionarse y entender los misterios de la vida. No faltan razones prácticas: una organización así supone un poder social, y sirve muy bien como medio de promoción profesional o política a través de contactos opacos, pasando por encima de profanos con méritos  iguales o mayores. Esta acusación se hizo mucho durante la II República. En  el ejército se extendió el dicho: “¿Quién es masón? Quien se mete delante de ti en el escalafón”. En 1904 se produjo en  Francia un escándalo al saberse que el Gran Oriente había elaborado un fichero de los oficiales católicos en el ejército, a fin de impedirles acceder a puestos relevantes. Seguramente habrá habido muchas más maniobras semejantes que permanecen en la oscuridad. Una sociedad secreta se  presta especialmente bien a formar redes subterráneas informales con obligaciones fraternas y solidarias ocultas al público profano. La existencia de tales redes opacas no es una especulación, deriva de la propia naturaleza de la masonería.

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“Una hora con la Historia”: El Cid, figura emblemática de la Reconquista. https://www.youtube.com/watch?v=v465-dv-HTI&t=2s

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Por qué hay tan pocos demócratas.

En una reunión reciente, una señora, cargo menor en el PP, afirmó: “Yo no puedo aprobar el franquismo, porque fue una dictadura y no daba libertad a los individuos”. Le contesté: “Usted no es demócrata, claro”. Me miró con asombro y disgusto, y sin dejarla seguir, añadí algo parecido a esto:

“Un demócrata debe saber, en primer lugar, que el franquismo no tuvo oposición democrática, sino solo comunista o terrorista o terrorista-separatista. Había algunos que se decían demócratas que se dedicaban a intrigar un poco y a veces coqueteaban con los comunistas. Eso debe hacer reflexionar, para no hablar a tontas y a locas.

 ”En segundo lugar, ningún demócrata debe ignorar que Franco no derrotó a ninguna democracia, sino a una coalición de totalitarios, separatistas y golpistas. En el Frente Popular no había un solo demócrata, a no ser que ser demócrata consistiera en hacer el juego a totalitarios y separatistas, como hizo Azaña.

“En tercer lugar,  todo demócrata debe saber que la democracia no funciona sin ciertas condiciones. Es un régimen históricamente reciente, y fracasa en sociedades plagadas de miseria y odios, como fue la república. Porque la república aumentó mucho la miseria y la desigualdad, y para compensar generó unos odios sociales feroces, despotismos y violencias, hasta llegar a la guerra civil.

 ”En cuarto lugar, un demócrata debe distinguir entre libertad personal y las libertades políticas. Los vencedores de la guerra entendieron que en aquellas condiciones era imposible una democracia y  se necesitaba un régimen autoritario, una dictadura si la quiere llamar así.  Parece que casi nadie echaba en falta esa supuesta falta de libertad, menos los comunistas. La verdad es que el franquismo restringió las libertades políticas para que socialistas, comunistas y separatistas no volviesen a las andadas,  pero dejó una gran libertad personal y cultural. Tampoco fue un páramo cultural, mientras que el antifranquismo actual ha creado una jungla del embuste y la confusión.

 ”En  quinto lugar, el franquismo no solo venció a un peligro inminente de disgregación nacional, de destrucción de la cultura cristiana y de implantación de regímenes totalitarios,  sino que cumplió la función histórica de liberar a España de la miseria y de aquellos odios ideológicos anteriores. Es decir, hizo posible una democracia que funcionase. Fue aquel régimen y no sus enemigos, quien lo hizo posible, y solo por eso, cualquier demócrata serio debería venerar a aquel régimen, históricamente necesario. Los antifranquistas no era ni son demócratas, son los mayores enemigos de una convivencia en paz y en libertad. Ahora mismo se dedican a  recuperar los viejos odios  a base de falsificación histórica,  y amenazando las libertades, como hace  su propio partido, el PP.

“Por no seguir, en sexto lugar España ha accedido a la democracia por su propia evolución pacífica desde y no contra el franquismo. Nos debemos nuestras libertades a nosotros mismos. Casi todo el resto de Europa occidental se las debe a la intervención militar de Usa, especialmente a sus bombardeos aéreos, que algunos habrían querido traer aquí.

“He tratado estas cosas, de las que nadie quiere hablar, en dos libros: La guerra civil y los problemas de la democracia, y Los mitos del franquismo, que usted no ha leído, pero debiera”.

  La señora se salió por los cerros de Úbeda, como ocurre siempre en estos casos. Le dije: “Mientras usted no conozca estos hechos, no podrá ser demócrata. Y su partido no es democrático, aunque tenga millones de votos. La democracia es algo más que engañar a la gente para que le voten a uno. Porque quien prescinde de estos hechos históricos engaña necesariamente a la gente”. Y así estamos.

los mitos del franquismo-pio moa-9788490603499La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)

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Lo que todo demócrata debe saber / Masonería (V) El secreto básico

 

En una reunión reciente, una señora, cargo menor en el PP, afirmó: “Yo no puedo aprobar el franquismo, porque fue una dictadura y no daba libertad a los individuos”. Le contesté: “Usted no es demócrata, claro”. Me miró con asombro y disgusto, y sin dejarla seguir, añadí algo parecido a esto:

“Un demócrata debe saber, en primer lugar, que el franquismo no tuvo oposición democrática, sino solo comunista o terrorista o terrorista-separatista. Había algunos que se decían demócratas que se dedicaban a intrigar un poco y a veces coqueteaban con los comunistas. Eso debe hacer reflexionar, para no hablar a tontas y a locas.

 ”En segundo lugar, ningún demócrata debe ignorar que Franco no derrotó a ninguna democracia, sino a una coalición de totalitarios, separatistas y golpistas. En el Frente Popular no había un solo demócrata, a no ser que ser demócrata consistiera en hacer el juego a totalitarios y separatistas, como hizo Azaña. 

“En tercer lugar,  todo demócrata debe saber que la democracia no funciona sin ciertas condiciones. Es un régimen históricamente reciente, y fracasa en sociedades plagadas de miseria y odios, como fue la república. Porque la república aumentó mucho la miseria y la desigualdad, y para compensar generó unos odios sociales feroces, despotismos y violencias, hasta llegar a la guerra civil.

 ”En cuarto lugar, un demócrata debe distinguir entre libertad personal y las libertades políticas. Los vencedores de la guerra entendieron que en aquellas condiciones era imposible una democracia y  se necesitaba un régimen autoritario, una dictadura si la quiere llamar así.  Parece que casi nadie echaba en falta esa supuesta falta de libertad, menos los comunistas. La verdad es que el franquismo restringió las libertades políticas para que socialistas, comunistas y separatistas no volviesen a las andadas,  pero dejó una gran libertad personal y cultural. Tampoco fue un páramo cultural, mientras que el antifranquismo actual ha creado una jungla del embuste y la confusión.

 ”En  quinto lugar, el franquismo no solo venció a un peligro inminente de disgregación nacional, de destrucción de la cultura cristiana y de implantación de regímenes totalitarios,  sino que cumplió la función histórica de liberar a España de la miseria y de aquellos odios ideológicos anteriores. Es decir, hizo posible una democracia que funcionase. Fue aquel régimen y no sus enemigos, quien lo hizo posible, y solo por eso, cualquier demócrata serio debería venerar a aquel régimen, históricamente necesario. Los antifranquistas no era ni son demócratas, son los mayores enemigos de una convivencia en paz y en libertad. Ahora mismo se dedican a  recuperar los viejos odios  a base de falsificación histórica,  y amenazando las libertades, como hace  su propio partido, el PP.

“Por no seguir, en sexto lugar España ha accedido a la democracia por su propia evolución pacífica desde y no contra el franquismo. Nos debemos nuestras libertades a nosotros mismos. Casi todo el resto de Europa occidental se las debe a la intervención militar de Usa, especialmente a sus bombardeos aéreos, que algunos habrían querido traer aquí.

“He tratado estas cosas, de las que nadie quiere hablar, en dos libros: La guerra civil y los problemas de la democracia, y Los mitos del franquismo, que usted no ha leído, pero debiera”.

  La señora se salió por los cerros de Úbeda, como ocurre siempre en estos casos. Le dije: “Mientras usted no conozca estos hechos, no podrá ser demócrata. Y su partido no es democrático, aunque tenga millones de votos. La democracia es algo más que engañar a la gente para que le voten a uno. Porque quien prescinde de estos hechos históricos engaña necesariamente a la gente”. Y así estamos.

los mitos del franquismo-pio moa-9788490603499La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)

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El relato de Anderson  abarca hasta su época, pero creo que lo expuesto permite aclarar un rasgo clave de la neorreligión masónica. El ser humano ha sido definido de muchos formas, como animal racional, animal moral, animal político etc. Aquí figura como “animal técnico”, capaz de utilizar la naturaleza en su beneficio y de satisfacer así sus deseos.  Se trata de  una concepción esencial  que hallamos también en el marxismo, en alguna rama del liberalismo y en diversas ideologías, aunque en religiones de otro tipo aparece como un peligro esencial de  la condición humana. Así en el mito de Prometeo o, de otro modo, en el Génesis, por lo que me extenderé un poco al respecto. Prometeo es un titán, hijo de la tierra,  y en una versión crea a los hombres con barro, mientras que en otra se limita a traspasarles la técnica (el fuego) y les enseña  menospreciar y burlarse de los dioses. Finalmente, Zeus lo castiga encadenándole a una roca y enviándole un águila que todos los días le devora el hígado. Suele verse en el titán a un benefactor de la humanidad, y en los dioses a tiranos celosos de la capacidad  humana, que lo castigan injustamente.  Paul Diel ofrece, en El simbolismo en la mitología griega,  una interpretación que suena más coherente y profunda. La técnica permite al hombre mejorar su situación material, pero es inútil para dar un sentido a su vida. Ese sentido aparece en los mitos como algo en parte misterioso vinculado a los dioses.  Cuando esta limitación de la técnica es pasada por alto y  el bienestar material se convierte en el objetivo total del ser humano,  la vida se trivializa y genera mil conflictos, agravados por el poder técnico,  porque los deseos humanos suelen ser contradictorios en sí mismos, y opuestos entre unas personas y otras. Además,  la limitada capacidad humana de previsión no logra captar las consecuencias últimas de sus actos, hecho que refleja el mito hermanando a Prometeo,  El previsor, con Epimeteo, El que piensa tarde: las dos caras del pensamiento humano.

De este modo la técnica y el bienestar material derivado, concebidos como el objetivo esencial de la vida y no como subordinados al espíritu, figurado en los dioses, se convertirían en fuente de males, representados por la Caja de Pandora. La estéril  roca a la que es encadenado Prometeo simboliza su propia elección exclusiva por los bienes terrestres, por los bienes materiales y la consiguiente trivialización de la vida. Y al devorar el hígado del titán, el águila, enviada del espíritu clarividente que se eleva sobre la tierra, figuraría el remordimiento por la pérdida de una vida más elevada. En fin, Prometeo representaría el peligro humano de elegir en exclusiva o primordialmente los bienes terrestres y despreciar al espíritu. No abordo aquí la distinción entre materia y espíritu, que todo el mundo intuye aunque sea difícil de explicitar y haya generado tanto debate; aunque un ejemplo algo tosco ayudaría a ello: desde el punto de vista material, un libro es una cantidad de papel y de tinta, con un volumen, forma y masa fácilmente medibles. Desde otro punto de vista, es solo el continente de un mensaje o intención, expuesto en las complicadas disposiciones de la tinta, aunque estas por sí mismas no signifiquen nada. Cada unidad de libro es materialmente única y el total cuantificable, pero el contenido no es medible. El Quijote, por ejemplo, es siempre uno aunque se presente en millones de ejemplares y en formas y aspectos materiales muy diversos. Quizá podamos captar con esto algo de la diferencia.

Y en el relato del Génesis el hombre, hecho de barro, tiende al barro, a la materia contra el espíritu, tendencia representada por la tentación de la serpiente, que se arrastra por el suelo: le promete que desobedeciendo al mandato de Dios se hará igual a este. La semejanza de fondo con el mito de Prometeo ha sido subrayada por Paul Diel.  No voy a adentrarme más en la cuestión, pues solo quiero poner de relieve el carácter prometeico de la masonería, una religión y una mística de la materia y la técnica. No existe para ella la tensión y el conflicto del alma humana entre el espíritu (la divinidad) y la materia, ni propiamente entre el bien y el mal. El ser humano es un ser técnico que encuentra la plena satisfacción de la vida en el conocimiento y el desarrollo de conocimientos científico-técnicos en un progreso indefinido. No existe en la masonería la oposición entre Zeus y Prometeo o entre Dios y Lucifer, el “portador de luz”. El Gran Arquitecto figura al mismo tiempo como Dios y Lucifer o Prometeo.

Habíamos caracterizado a la masonería como una religión gnóstica, de las que ha habido muchas, pero debe anotarse una particularidad. La mayoría de los gnosticismos oponen radicalmente el espíritu a la materia y condenan esta última como foco de todas las corrupciones y sufrimientos, llegando incluso a proponer el suicidio y a mirar a Jesucristo como el espíritu del mal, por haberse encarnado. El gnosticismo masónico toma el rumbo contrario, al  exaltar la técnica, la materia como la fuente del significado de la vida. Pero siempre con los mismos rasgos ocultistas e iniciáticos. Sus templos se llaman logias, en el espíritu de la arquitectura, esto es, de la técnica.

Dicho en otras palabras, la masonería deposita su fe en los que llama el Arte o el Arte Real,  la técnica en definitiva, y con arreglo a esa fe moldea la concepción misma de la divinidad. Algo que otras religiones, en especial el cristianismo, repito, ven como un peligro esencial del alma humana. Creo que el secreto básico de la masonería, del que derivan los demás, reside justamente en esa concepción de fondo, acaso no muy consciente para muchos de los mismos hijos de la luz.  

Cabe señalar que la Masonería entra en una tradición intelectual algo más antigua, en la que Francis Bacon marca un hito fundamental con su novela utopista Nueva Atlántida. Se trata de una isla con una sociedad esplendorosa, cristiana aunque de un cristianismo sui generis,  en la que prácticamente está excluido el mal. Una sociedad   integrada por gentes “generosas e ilustradas, dignas, castas y piadosas  y llenas de espíritu público”. A su cabeza, por encima incluso del estado, se encuentra la Casa de Salomón dedicada a  la investigación científica y técnica y que decide qué inventos y hallazgos difundir y cuáles no, incluso por encima de los responsables políticos. Salvo que la masonería no se dedica a la investigación científica, encontramos en la Nueva Atlántida ciertas similitudes con ella: una religión de la técnica, que estaría tanto por encima de las demás religiones como de los estados, según veremos. Algunos creen a Bacon miembro de la  sociedad secreta de los rosacruces.

Aquí llegados, debe recordarse que, si bien hay diversas masonerías, las dos mayores son las Grandes Logias, de origen y orientación inglesa, y los Grandes Orientes, nacidos  en Francia. El Gran Oriente de Francia,  fue fundada por  masones ingleses, separándose progresivamente de las Grandes Logias en tres puntos: en 1877 suprimió las menciones a Dios, admitiendo a ateos, que llegaron a tener un papel relevante. Ello provocó cierto escándalo  y un pequeño cisma. En segundo lugar, admitió las discusiones políticas directas en el seno de las logias,  prohibidas en la corriente inglesa.  Finalmente, y también contra los reglamentos ingleses, aceptó ocasionalmente a algunas mujeres, aunque sin permitir su iniciación hasta muy recientemente, en 2010. Con todo, ambos grupos se reconocen entre sí como masónicos. Oficialmente, el Gran Oriente se dedica a “la búsqueda de la verdad, la investigación moral y la solidaridad”, al tiempo que preconiza un laicismo que los católicos sienten como extremo y agresivo.

 

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Masonería (IV) El mito masónico /La memez extrema de Rajoy

Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas

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¿Cuáles son, entonces, los secretos cuya celosa  posesión se atribuye la masonería? Parecen variados, pero creo que el fondo de ellos se encuentra en su  doctrina, cuyo fundamento vienen a ser  las llamadas Constituciones de Anderson, que datan de 1723 y a las que me referiré de preferencia.  James Anderson era un pastor protestante escocés, y sus Constituciones  incluyen un relato pretendidamente histórico, seguido de las “leyes, obligaciones, ordenanzas, reglamentos y usos” de la orden (Citaré de la traducción hecha por Ricardo de la Cierva en su referida obra  El triple secreto de la Masonería).

Lo primero que llama la atención en esas Constituciones es su actitud hacia la religión. Un masón, dicen,  “nunca será un estúpido ateo ni un libertino irreligioso”. Por tanto, debe ser un hombre religioso. Pero ¿de qué religión? El documento advierte que antaño, es decir, en tiempos de los albañiles, cada masón debía profesar la religión imperante en su país; pero en la actualidad debían “obligarse solo a la religión en la cual coinciden todos los hombres, dejando sus particulares opiniones a ellos mismos”. Por tanto, la Fraternidad se arroga la definición y profesión de la religión universal,  situándose en el mismo golpe por encima de las demás  religiones y sin oponerse en apariencia a ninguna de ellas. Nueva contradicción, pues el cristianismo se proclama también universal y por tanto en conflicto con la religión de Anderson; y lo mismo puede decirse de otros credos. Además, al  profesar una religión “para todos los hombres” queda sin declarar, pero implícita, la orientación de sustituir a las demás religiones, consideradas particulares y relegadas al campo de la opinión privada. Su dinámica tendería a diluir poco a poco las religiones no masónicas. Aún más sorprendente es otra contradicción: la suprarreligión masónica, supuestamente común a todos los hombres, solo sería accesible en realidad a los miembros de la orden, previa iniciación. Se trata, por tanto, de una religión iniciática reservada a grupos iluminados acerca de determinados arcanos, algo típico de las llamadas sectas gnósticas.

Salta a la vista el choque con el cristianismo, sobre todo en su versión católica, pues este ha rechazado siempre las sectas ocultistas, las sociedades secretas y  las tendencias gnósticas: el conocimiento de la verdad religiosa y la salvación deben estar abiertas a todos los seres humanos y no a miembros de  algún grupo conocedor de supuestos secretos  inaccesibles al  vulgo y de relaciones ocultas entre sí. Por tanto, la masonería solo podía ser mirada con máxima reserva inicial y pronta condena por Roma. Pero la contradicción mengua en el caso del protestantismo. Anderson era pastor protestante y la orden empezó a tomar cuerpo en las protestantes Escocia e Inglaterra, para generar luego otro foco en Francia. Lutero estableció que no existía libertad para salvarse o condenarse, pues las obras humanas carecían de valor a tal fin. Desde la eternidad, Dios había decidido quiénes se salvarían y quiénes se condenarían. La idea de que los elegidos para la salvación podrían reconocerse entre sí y formar grupo aparte, surge de forma espontánea. Esta concepción es reminiscente a su vez de la de “pueblo elegido” que se atribuían los judíos. Y Anderson afirma –obviamente sin la menor prueba, como en casi todo lo demás–  que, al menos en la antigüedad, los judíos eran un pueblo íntegramente compuesto de masones, dueños de los secretos propios de la orden.

europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449 

Como otras religiones, la masónica incluye una fe, expresada en el mito; un culto, expresado en el rito, ya mencionado; un templo, la logia; y una moral, que veremos luego. Las Constituciones empiezan por una introducción histórica bastante larga. A menudo se ha resaltado su carácter disparatado como historia racional, pero a mi juicio esa crítica no da del todo en el blanco, pues el relato no busca tanto establecer una historia real como un mito. La palabra mito se utiliza en muchos sentidos, desde el de simple embuste  al aquí empleado, como relato fundacional-explicativo del sentido de la vida o de hechos generales, con proyección moral y psicológica. A nuestra razón se le escapa la razón de ser de las cosas, el sentido del mundo y de la vida,  pero nuestra psique no acepta el caos de una vida sin significado que le llevaría a la desesperación y la amoralidad. Así, el mito viene a constituir el núcleo de las religiones. Puede tener base histórica o racional, pero la  trasciende. Creo, aunque no voy a desarrollar el tema, que Cicerón decía una verdad al señalar que todos los pueblos creen en dioses, fuerte indicio de que el ser humano es por naturaleza religioso, sea en un sentido animista, politeísta o monoteísta. El mito exige fe, que es una forma particular de creencia, dado que el sentido último de las cosas escapa a nuestra capacidad mental. También es verdad que siempre ha habido ateos, pero quienes en nuestros días se proclaman tales, suelen depositar su fe en algún concepto que opera psicológicamente de modo similar a la divinidad, dando sentido a la vida: la Ciencia, la Razón, la Humanidad,  el Proletariado, el Progreso, la Ecología, etc. Así consideradas,  todas esas ideologías incluyen al menos cierto sentimiento religioso, pues aunque pretendan apoyarse en la razón o la ciencia, atribuyen a ambas unas  virtudes salvíficas indemostrables.

Enfocada así,  la Historia mítica de Anderson tiene el mayor interés. Parte de la Biblia, si bien, de acuerdo con el libre examen protestante, la interpreta de un modo peculiar y pasa por alto a Jesús. Dios aparece como “el Gran Arquitecto del Universo”. Esta idea se comprende como metáfora ingenua de un gremio de albañiles, pero cuando la masonería toma carácter más intelectual, su alcance es mucho mayor y un tanto ambiguo. Un arquitecto trabaja con normas, leyes y materiales distintos y previos a él, con lo que se introduce implícitamente una concepción de la divinidad diferente de la del Dios Creador de la Biblia y del cristianismo, y limita la visión del mundo a la de una arquitectura, cosa solo aceptable como metáfora gremial. El Gran Arquitecto habría infundido en Adán ese conocimiento de las “Ciencias liberales y especialmente de la Geometría”, haciendo de él el primer masón. Y Adán  habría transmitido esas ciencias a sus hijos, entre quienes menciona Anderson a Caín y  a Set, cada uno de ellos “Príncipe de la mitad de la Humanidad”, sin explicar la diferencia entre uno y otro.  Todos ellos resultan ser “masones”, pero  sería la estirpe de Caín  (cuyo asesinato primordial no es mencionado ni se le atribuye significación alguna) la que mejorase “la noble Ciencia y el útil Arte”: el trabajo del metal, la música, la ganadería, la construcción de tiendas, la arquitectura. Da la impresión, no muy clara, de que la masonería se identifica de preferencia con Caín.

Después del Diluvio, los sucesores de Noé (otro gran masón, dice Anderson) construyeron la “prodigiosa torre” de Babel, a partir de la cual los hombres se dispersaron y diversificaron sus lenguas. Y aunque al principio permanecieron los conocimientos masónicos en las ciencias, artes y geometría, estos fueron perdiéndose, salvo para grupos de sabios, a quienes se deben las construcciones de Mesopotamia y Egipto. Posteriormente, los judíos constituyeron un pueblo íntegro de masones, como señalé antes, con Abraham y Moisés, masones a su turno.  Su obra capital  sería el templo de Salomón, presentado por Anderson con extraordinaria fantasía, y cuyo mérito principal atribuye al fenicio Hiram Abif, hijo de una viuda judía (de ahí que, por identificación,  los masones suelan llamarse “hijos de la viuda”). Hiram habría sido el más grande maestro masón que haya existido, y sobre él y su asesinato construyó la masonería a su vez un mito  simbólico. Las Constituciones están escritas para los adeptos, pero aun así está presente en ellas el secretismo con avisos de que “no conviene  hablar con mayor claridad de estos asuntos, excepto dentro de una Logia formada”,  de “no mencionar” más que algunos hechos parciales, etc.

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“Una hora con la Historia”. Observarán uds el escaso número de visitas. https://www.youtube.com/watch?v=v465-dv-HTI&t=2s

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Al paso.

*El padre de la mujer de Sánchez regentaba un burdel para homosexuales. ¿Por qué los medios no se extienden sobre el asunto? Porque los medios también participan del negocio de la prostitución, desde que empezó “El País”.

*El PP de Rajoy-Casado mantiene la proclamación del orate antiespañol Blas Infante como “padre de la patria andaluza”

*El PP de Rajoy- Casado sigue en Galicia, Baleares y ha seguido en Valencia, la misma política contra el español que los separatistas. El “voto útil”

*El Valle de los Caídos es un monumento franquista, un monumento a la reconciliación sobre la base de la victoria sobre los separatismos y totalitarismos. A ver si ahora vamos a cambiar la historia igual que la izquierda.

*El mayor insulto que han recibido los andaluces ya en el transición, fue el acuerdo de los nuevos mangantes de la política para declarar a Blas Infante, un orate excepcionalmente estúpido, “padre de la patria andaluza”

*Algunos militares-chusma del estilo de los de Maduro, tratan de perseguir a los firmantes del manifiesto contra las fechorías del gobierno en relación con Franco.

*El PP es tan abortista, LGTBI, proseparatista y memoria histórica como el PSOE.

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Rajoy (escrito en octubre de 2012)

Hace meses discutía con Cristina Losada y Pepe García Domínguez sobre la inteligencia de Rajoy. Inteligencia política, se entiende. Mi punto de vista, frente al de ellos, era que se trata de un auténtico memo. Pasa como con su honradez (también política) que simplemente no existe. Les recordaba  la necia chulería del personaje  tratando de dar a los españoles la impresión de que había impuesto a Bruselas y a Berlín tales o cuales préstamos sin condiciones para sanear la economía, y cómo pronto quedó claro que quien mandaba en realidad eran Berlín y el BCE. O, antes en la oposición, sus “repentes”  cortando relaciones con El País o con el gobierno de Zapatero para volver a los pocos días pidiendo árnica  con el rabo entre las piernas . O la traición a sus propias movilizaciones, como la del estatuto ilegal de Cataluña. O su incapacidad para aprovechar los errores del gobierno socialista y su capacidad, en cambio,  para llevar a la nada el movimiento ciudadano contra la colaboración con el terrorismo. O su oposición de boquilla a la Constitución del siniestro  Giscard d’Estaing  para a continuación darle su apoyo,pese a que mermaba notablemente  la voz de España en la UE. O su aserto de que la economía lo es todo, propio de un simple. Y así podría seguir con las genialidades de este necio integral. Necio o algo peor.

Rajoy ha engañado todo el tiempo a sus votantes (bien es verdad que a estos les encanta que les engañen), ha mentido más que Zapatero en mucho menos tiempo y ha demostrado que el voto al PP, lejos de ser el “voto útil”, como pregonan los genios de la política, es el más inútil posible, pues sirve para mantener la política zapateril. A lo mejor se refieren a ese tipo de inteligencia, la del pícaro, quienes le creen muy listo y muy “gallego” (¡toma castaña!)

Hace poco, Mas se puso abiertamente fuera de la ley. El memo de la Moncloa dijo que aplicaría la Constitución, para hacer a continuación todo lo contrario, seguirle el juego al delincuente.  A continuación va a hablar con él y sale diciendo que “había tratado de la economía, lo que realmente importa”. ¿Cómo calificar al sujeto? Y ahora parece que ha encargado a Arenas la tanda de parloteo con Mas. Arenas, el de la “realidad nacional andaluza”, el que venera al orate Blas Infante como “padre de la patria andaluza”. El más adecuado para entenderse con Mas. Qué desgracia tiene España con sus políticos.

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Masonería (III) Contradicciones chocantes / “De comunista a teóloga”

“Una hora con la Historia”. Observarán uds el escaso número de visitas. https://www.youtube.com/watch?v=v465-dv-HTI&t=2s

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Las ceremonias masónicas buscan, evidentemente, impresionar y ejercer una fuerte sugestión sobre el nuevo adepto,  haciéndole sentirse miembro de una Fraternidad dotada de conocimientos muy fuera de lo común,  y del consiguiente poder.  Los masones atribuyen a sus ritos un profundo simbolismo y los toman plenamente en serio, aunque no todos, como vimos con Azaña. Y debe admitirse que para una sociedad  dedicada a defender la razón  resultan muy poco racionales, una contradicción que encontraremos a menudo. Y destaca en ellas una especie de culto casi (o sin casi) obsesivo al secreto. Además, los secretos van ampliándose conforme se sube de grado. Las diversas masonerías operan con distinto número de grados o jerarquías, pero  el rito más extendido,  el  Escocés Antiguo y Aceptado, abarca 33,  que van desde los tres inferiores o simbólicos a los tres superiores o sublimes. Los nombres de muchos de estos grados son curiosos: “Maestro secreto”, “Secretario íntimo”, “Sublime Caballero Elegido”, “Caballero de Oriente y Occidente”, “Caballero Rosa Cruz”, “Príncipe de Jerusalén”, “Caballero Kadosh”, etc. Los tres grados superiores, “Gran Inspector Inquisidor Comendador”, “Sublime y Valiente Príncipe del Real Secreto”,  y “Soberano Gran Inspector General” gobernarían a los inferiores. Ricardo de la Cierva cree que conforme se sube en la jerarquía se vuelve más preciso el carácter  anticristiano y pagano que achaca a la orden, hasta culminar en el rito del Arco Real. No entro aquí en cuestiones accesorias como las influencias atribuidas a los templarios, o a otras sociedades secretas como los Illuminati o los rosacruces, que han dado lugar a mucha especulación, en buena parte arbitraria.

Pero ¿cuáles son los misterios y privilegios que tan celosamente guarda la orden y que debieran llevar “la luz” a los iniciados? “El secreto de la masonería consiste en que no tiene secreto”, han dicho algunos, con frase ingeniosa y despistante, pero sin significado: o lo tiene, o no lo tiene. Aparentemente el núcleo misterioso es lo que llaman el Arte, compuesto de recomendaciones éticas un tanto banales, y orientaciones para desarrollar una personalidad moralmente elevada. Así, al candidato se le presentan las herramientas: el calibre de 24 pulgadas, el martillo común y el cepillo. “El calibre para medir nuestro trabajo, el martillo para arrancar a golpes los nudos y excrecencias superfluos; y el cepillo para alisar y preparar la piedra y hacerla apta para las manos de un trabajador más experto. Pero nosotros (…) aplicamos estas herramientas a nuestra moral. Las 24 pulgadas representan las veinticuatro horas del día que, deben emplearse parcialmente en el rezo al Dios todopoderoso; dedicarse en parte al trabajo y al recreo; y en parte a servir a un amigo o Hermano en situación de necesidad, sin detrimento nuestro o de nuestras relaciones. El martillo representa la fuerza de la conciencia, que debe repeler todos los pensamientos vanos e inconvenientes que puedan perturbarnos durante alguno de los períodos indicados; con el fin de que  nuestras palabras y acciones puedan ascender inmaculadas al Trono de la Gracia. El cepillo nos señala las ventajas de la educación, por la cual nos convertimos en miembros adaptados de una sociedad regularmente organizada”.

   Cuesta trabajo creer que tales cosas requieran tanto misterio. Y salta a la vista que una sociedad meramente filantrópica y humanitaria no precisa iniciaciones ni grados extraños u organismos secretos, como tampoco cultivar  una hermandad casi mística entre sus miembros, ni un aparato chocante de símbolos, atuendos, jergas y grados esotéricos, con preocupación extrema de evitar la curiosidad ajena. No hace falta mucha sagacidad para entender que hay ahí algo más que filantropía, razón y demás, y que una sociedad de ese estilo constituye por su naturaleza  un medio privilegiado para la conspiración, se produzca esta de hecho o no. Por ello no debe extrañar que la Masonería haya suscitado una densa prevención en medios muy variados.  La Iglesia la ha condenado por esa y otras razones, Franco la persiguió, los regímenes comunistas la han prohibido por ser una asociación burguesa, es decir, servidora de la explotación. También en medios protestantes ha suscitado  muchas reservas y oposición, pero en esos países ha gozado de mayor tolerancia, especialmente en Inglaterra y Usa, y también en Francia y en diversos regímenes latinoamericanos. El general Franco advirtió que la orden había desempeñado un papel patriótico en Inglaterra y en Francia,  apoyando los imperialismos de ambos países, pero que en España había sido esencialmente antiespañola. Ya hablaremos de ello. En todo caso, la influencia de la masonería en la historia de Europa y América desde la Ilustración es evidente.

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P. Uno de los relatos, de Adiós a un tiempo, “De comunista a teóloga”, ¿no puede aplicársele a ud mismo, que tantas vueltas da al problema de la religión? 

–Hombre, yo no soy teólogo. Esos asuntos me interesan, creo que deben interesar a todo aquel cuyo horizonte mental o moral no esté enteramente absorbido por las preocupaciones de cada día. La idea de Dios es curiosamente racional: el mundo, la vida, no pueden deberse su existencia a sí mismos, luego ha de haber una fuerza externa a ellos que los ha “creado”. Pero nosotros somos una parte de esa creación, limitados por las condiciones de la existencia, de modo que poco podemos decir de esa “fuerza” misteriosa a la que suele llamarse Dios. Escapa a las posibilidades de nuestra razón.

 P. En otro de sus relatos, ud habla de la impresión que les produjo a ud y una amiga suya, la vista de una puesta de sol desde lo alto de un pequeño yacimiento arqueológico prerromano. ¿Cómo explicarlo?

–Hay cosas que nos llevan a una sensación del “más allá”, de lo que está o parece estar por encima de lo que vemos y sentimos en nuestro entorno. La muerte, desde luego, el cielo estrellado, el ocaso… El ocaso impresiona porque con él “acaba el día”, acaba en cierto sentido la vida, puesto que nos entra el sueño y caemos en la inconsciencia. Y nos encontramos con esta doble paradoja: lo que ha existido a lo largo de la jornada y hemos visto y sentido, deja de existir, no sabemos adónde va, mientras que el nuevo día que esperamos aún no existe y nuestro control sobre él es mínimo, se basa en la mera costumbre… Uno puede imaginarse lo que podrían sentir aquellas gentes, que tan en contacto vivían con la naturaleza. Para el hombre de hoy,  la impresión es más difusa, porque vive en un medio urbano o urbanizado, y está muy intelectualizado, generalmente se hace una idea falsa de la ciencia. Pero la ciencia nos sitúa en un universo tan inimaginablemente gigantesco y extraño a nuestras percepciones habituales que parece volver insignificante nuestra existencia con todas sus preocupaciones, penas y alegrías y deseos.  En mi libro sobre Europa hablo un poco de eso: la idea de Dios aterroriza y angustia en cierto modo y muchos creen que la ciencia calma esos sentimientos, pero es al revés: parece privar de todo sentido nuestra existencia.

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P. En “De comunista a teóloga”, usted aprovecha para trazar una pintura de la vida de entonces entre el estudiantado progre, de “cachondeo” sexual y demás.

–Tiene algo de costumbrista. Los recuerdos no pretenden ser análisis políticos ni “teológicos”, aunque los aludan implícita o explícitamente. Como en el recuerdo sobre “el primer cementerio de Atenas”, así llamado…  No sé lo que realmente piensa aquella antigua comunista de Dios, es posible que se dedique a la chabacanería de “He visto a Dios, y es mujer y negra” y  bobadas por el  estilo, lo que llaman “teoría feminista”, etc. Y puede que no, claro, porque no volví a coincidir con ella.  Pero no entro ahí. La vida que llevábamos algunos o bastantes entonces creaba ciertas preocupaciones y tendencias y al mismo tiempo era producto de ellas. El fracaso de todo aquello, me refiero al marxismo, ha creado otras cosas.

 

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Masonería (III) Ritos masónicos / Perspectivas sobre el mal.

   La cuestión de si la masonería es o no una sociedad secreta tiene gran importancia. Un indicio al respecto pueden ser sus ritos:

Los ritos  se llevan a cabo en  los templos masónicos, llamados logias, un término arquitectónico en recuerdo de  la albañilería, y en reuniones llamadas tenidas. El cargo mayor de la logia, llamado Venerable Maestro,  preside sobre un estrado, asistido por un Diácono en el centro del lado de Oriente de la sala;  un Primer Vigilante se sitúa en el lado de Occidente, un Segundo  Vigilante en el lado Sur, y en medio permanecen los demás asistentes.  Hay dos Guardianes,  el Interior a la puerta de la logia y el Exterior, provisto de una espada desnuda, en el vestíbulo. Los presentes llevan mandiles con símbolos distintos para cada categoría y a menudo guantes blancos. Los símbolos, la Biblia, la escuadra, el compás, el mallete o martillo, tablas de resonancia, caja de herramientas, un nivel,  un bloque cúbico de piedra pulimentada y otro sin desbastar, etc., se colocan en lugares y formas precisas.  La tenida suele comenzar con un himno y a continuación, previo golpe de mallete, el Venerable Maestro dice: “Hermanos, ayudadme a abrir la logia”.  Se levantan todos y el Venerable llama al Segundo Vigilante por su nombre: “Hermano Tal, ¿cuál es el primer cuidado de todo masón?”. El  interpelado responde: “Comprobar si la logia está adecuadamente cerrada”, cosa necesaria para evitar la curiosidad de los profanos. “Haced que así sea”. Se informa al Venerable de que la logia está cerrada, y él pregunta al Primer Vigilante por el siguiente cuidado, con la respuesta consabida: “Comprobar que solo se hallan presentes quienes son masones”. Y siguen preguntas y respuestas retóricas  sobre los cargos y deberes de cada cual. En la masonería hay varios grados, con aperturas de tenida  algo diversas. A continuación, los reunidos se dedican a sus discusiones y  trabajos, que deben permanecer  secretos, al menos muchos de ellos. No me extiendo sobre las joyas,  cánticos, números místicos y otros signos típicos de la orden.

Pero vale la pena detenerse  en el rito de iniciación. Parece que a Azaña, le pareció grotesco, según el tono despectivo con que menciona el suyo en el apunte de su diario, el 5 de marzo de  1932: “No se cabía en los salones de la [logia de la] calle del Príncipe. No me importó nada aquello, y durante los preliminares estuve tentado de marcharme. Había cuatro ministros, y Barcia, con una cadena de oro. Martínez Barrio, que es el gran gerifalte de la casa, no asistió”.  La intención de Azaña al hacerse masón parece haber sido puramente práctica: contrarrestar la influencia que tuviera su rival político Lerroux a través de la orden. No volvió a pisar una logia, al parecer. En cambio Juan Simeón Vidarte, allí presente y masón muy convencido, creyó notar a Azaña “visiblemente emocionado”, y expone parte del ritual: “Se oyen golpes violentos en la puerta del templo. El Venerable Maestro dice: “¿Quién osa interrumpir nuestros trabajos?”. “Soy el Hermano Terrible que conduce a un profano. Dice que es hombre libre, honesto y de buenas costumbres”. “¿Quién responde de él?”.  “Yo, que soy su conductor”. “Dadnos su nombre”. “Manuel Azaña Díaz”. “Hacedle entrar”.  Se oye el chocar de decenas de espadas…” (Las Cortes constituyentes, p. 365).  Como puede verse, se trata de una ceremonia realmente barroca.

En la Masonería hay varias corrientes, pero las dos principales y realmente directivas son las Grandes Logias, de origen inglés, y los Grandes Orientes, de origen francés, de cuyas diferencias hablaremos luego. Resumo el rito iniciático de la Gran Logia, poco distinto del  Gran Oriente. El Guardián Exterior  (Hermano Terrible en el Gran Oriente), encargado de cerrar el paso a los profanos, prepara al candidato en el vestíbulo de la logia, cerrando la puerta exterior y la de paso a la logia misma.  Quita al candidato la chaqueta, chaleco, cuello y corbata y todos los artículos de metal que lleve encima, le abre la camisa para dejar el pecho izquierdo al descubierto y le enrolla sobre el codo el guante derecho. Le sube la pernera izquierda del pantalón sobre la rodilla,  le sustituye el zapato derecho por una zapatilla, le coloca alrededor del cuello un lazo corredizo y le cubre los ojos con un capuchón. Después, el Guardián da en la puerta de paso a la logia unos fuertes golpes ceremoniales, a los que siguen unas preguntas rituales del Venerable Maestro sobre el candidato, como si no lo conociera. El Guardián Exterior le “informa”:

Es el señor Tal y Tal, un pobre candidato  en estado de oscuridad, que ha sido bien y dignamente recomendado, reglamentariamente propuesto y aprobado en logia abierta, y ahora llega por su propia y libre iniciativa, convenientemente preparado, y suplica humildemente ser admitido a los misterios y privilegios de la Francmasonería.

La ceremonia de iniciación prosigue con muchas preguntas y respuestas, signos y gestos rituales, hasta el largo y  pomposo juramento, que gira en torno al secreto:  “Sincera y solemnemente juro que siempre ocultaré, esconderé y jamás revelaré parte ni partes, punto ni puntos, de los secretos o misterios propios o que pertenezcan a los Masones, que puedan en adelante ser conocidos por mí o se me comuniquen en el futuro, a no  ser a algún o algunos verdaderos y legales Hermanos y ni siquiera a ellos sin la debida comprobación, estricto examen  o segura información de un Hermano (…)   Además prometo solemnemente que no escribiré esos secretos, ni los dictaré, grabaré, marcaré, esculpiré o dibujaré de cualquier otra manera ni provocaré ni toleraré, si está en mi poder hacerlo,  que así se haga por otros, sobre cualquier cosa móvil o inamovible bajo la bóveda del cielo (…) Juro observar todos estos puntos sin evasión, equivocación o reserva mental de cualquier clase, bajo una pena no menor  –en caso de violación de  alguno de ellos, de que mi cabeza sea cortada, mi lengua arrancada de raíz y enterrada en la arena del mar sobre la línea de la marea baja o a distancia de un cable desde la playa, donde la marea fluye y refluye  dos veces en veinticuatro horas , o el más efectivo castigo de ser marcado como un individuo conscientemente perjuro, privado de toda dignidad moral; etc.

Hecho el juramento, el Venerable Maestro pregunta al candidato cuál es su mayor deseo, respondiendo este que desea  la Luz. El Maestro hace una serie de señales, los hermanos aplauden, se le quita al candidato parcialmente la capucha de modo que pueda ver una Biblia ante él. Se le explica que las tres luces de la masonería son las Sagradas Escrituras (interpretadas como veremos),  la Escuadra y el Compás.  “Las Escrituras han de gobernar nuestra fe, la Escuadra regular nuestras acciones y el Compás mantenernos en la debida vinculación con toda la Humanidad, particularmente con nuestros Hermanos.   Le señala también la existencia de tres luces menores, que “representan al Sol, para regir el día, la Luna para gobernar la noche y el Maestro para dirigir su logia.  Y le advierte que  durante la iniciación ha eludido “dos grandes peligros: los de ser apuñalado y estrangulado, porque a vuestra entrada en la logia este puñal (lo empuña y muestra al candidato) se esgrimió hacia vuestro pecho izquierdo desnudo de modo que si intentabais lanzaros hacia adelante hubierais provocado vuestra propia muerte (…) Esta soga con su nudo corredizo alrededor de vuestro cuello hubiera hecho fatal cualquier intento de retirada; pero el peligro que os aguardará hasta vuestra última hora es el castigo por vuestro juramento, vuestra garganta cortada si inicuamente reveláis los secretos de la Masonería “. Luego le notifica la existencia de varios grados en la orden, cada cual con sus secretos propios. Para empezar con ellos le enseña  las señales para reconocerse entre sí los adeptos “y distinguirnos del resto del mundo”. La presencia de escuadras, niveles y plomadas indica también al masón.

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P. ¿Diría ud que el diablo, el mal, está presente en los demás relatos, o parte de ellos, de Adiós a un tiempo?

–Los relatos no los enfoco desde la idea del bien y el mal. Procuro ser lo más objetivo que me es posible, a pesar de que se trata de cosas que me afectan directamente, incluso profundamente. El bien y el mal se presentan a veces con gran fuerza, pero más en general de manera poco visible.  Por ejemplo el relato sobre el canto del ruiseñor: no es posible ahí hablar de bien y de mal, o del diablo. Aparte de que el mal se transforma en bien y viceversa, y que el bien de unos es el mal de otros.

P. ¿Esa indefinición podría percibirse en su primer relato sobre Delgado de Codes, muerto por la policía?

–Por ejemplo. Expuse ayer la concepción marxista de la historia. Para un marxista y para una persona tradicional, el bien y el mal son cosas opuestas, de modo que los compañeros de Delgado consideraban un asesinato lo que sus adversarios entenderían como un acto justo.  Para el hombre de la calle, depende de qué simpatías políticas tenga. Para  la policía, en cambio, se trata de una cuestión básicamente técnica: cumple órdenes y eso es todo. ¿Dónde está ahí el diablo? Por mi parte he de dividir mi actitud entre el viejo compañerismo y amistad, y la idea clara de que nuestra causa era monstruosa. Por eso digo que nuestra mente se plantea problemas que no puede contestar con la claridad y seguridad que nos gustaría. Adán y Eva mordieron la fruta de aquel árbol, pero se ve que no la comieron del todo, de modo que abandonaron la inocencia del instinto  y entraron en la esfera moral, sin lograr dominarla.

P. Otro caso parecido: aquel exiliado que podría haber sido El Campesino y que se le veían deseos de recuperar algún tesoro en España… ¿Bueno o malo?

–El paso del tiempo modifica las cosas, ¿no? Resulta ridículo, por ejemplo, ponernos como fieras condenando hechos de un pasado que ya no tiene relevancia. Es más importante entender la lógica de esos sucesos, por lo que puedan servirnos, que dedicarse a condenas morales que serían arbitrarias. A menudo nos sentimos muy buenos y virtuosos haciendo esas condenas realmente  gratuitas. El caso de El Campesino es muy instructivo  e interesante por muchas causas. Pero, vamos, siendo sincero, dudo de que el personaje fuera el mismo. No obstante cabe la duda. Por otra parte, ya dije, el Diablo tiene que ser un personaje muy poderoso. Fíjese en el relato de Job: es Satanás quien tienta a Dios y le hace tratar a Job de manera…

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Saliendo al paso

*Ese horrendo falo gigantesco en medio de Barcelona es un verdadero insulto machista.

*La historiografía antifranquista atribuye a aviones alemanes el puente aéreo sobre el Estrecho, una innovación en el arte militar. Fue decisión de Franco e iniciada con aviones españoles. Cuando intervinieron alemanes e italianos, su principal objetivo estratégico estaba logrado

*Se habrán preguntado ustedes por qué el Frente Popular fabricó tantos carteles llamando a los obreros y campesinos a trabajar de duro por “su causa. Los carteles eran necesarios porque obreros y campesinos trabajaban y luchaban muy poco por “su causa”.

*¿Fue triste la guerra civil? Izquierda y separatistas la provocaron y organizaron. Lo bueno es que muchos se alzaron contra ellos y ganaron. Lo triste, tristísimo habría sido que hubiera ganado el Frente Popular, alianza de totalitarios y separatistas.

*Es increíble la cantidad de idiotas que dan clase en la universidad. Y cada vez va a peor

*La guerra civil fue como una intervención quirúrgica in extremis. Muy y dolorosa, pero absolutamente necesaria. Totalitarios y separatistas iniciaron la guerra y fue preciso librar a España del totalitarismo, la disgregación y la destrucción de su cultura cristiana que traían consigo.

*El PSOE siempre fue una banda de cacos. El PP siempre fue una banda de señoritos frívolos, incultos y necios. Hay excepciones en los dos casos, pero en ninguno marcan la línea.

*Es imprescindible exigir las actas de los chanchullos clandestinos entre ZP y la ETA. Es una cuestión esencialísima en una democracia.

*”feminizar la política” es histerizarla y hacerla todavía más arbitraria y mafiosa. Estas perturbadas se arrogan desvergonzadamente la representación de las mujeres, como los comunistas de los obreros o los separatistas de los catalanes.

 

 

 

 

 

 

 

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