Muerte civil
Me envía un amigo un artículo sobre la leyenda negra en un digital de los llamados de extrema derecha. En él se cita elogiosamente a Marcelo Gullo, Patricio Lons, Roca Barea y otros, lo que está muy bien…, pero yo no existo. Mi Nueva historia de España, mi Hegemonía española y comienzo de la Era Europea, mis numerosos artículos al respecto, simplemente no existen, a pesar de que se adelantan en varios aspectos a los otros y encuadran la época en un contexto mucho más amplio, que se ha escapado hasta hace poco a todo el mundo. No existen, digo.
Llevo observando desde hace años que esa “no existencia” es más completa en los medios de derecha de cualquier tono, con pocas excepciones, que en los de izquierda. Hace poco el pensador francés Guy Sorman le coló un gol al ABC, periódico obscenamente antifranquista, a cuento de la fuerte repercusión de Mitos de la guerra civil en Francia, un suceso que, por insólito, debiera haber despertado cierta atención en los grandes medios hispanos, pero que, en coincidencia los de izquierda y derecha, se niegan a citarme. Sin duda lo consideran peligroso.
Se trata de la técnica de la “muerte civil”, ahora bautizada pomposamente como “cultura de la cancelación”, aceptada en España con mínimas resistencias. E implica una concepción típicamente totalitaria de la cultura y de la política. En un aspecto no me extraña, puesto que obviamente mis obras y opiniones resultan poco digeribles a unos y otros, y no he dejado de mostrarles desprecio por su biliosa mediocridad; pero también me repugna como indicio de un grave retroceso en la democracia.


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Falsedad de Ayuso
Dice Ayuso que nunca pactaría con el PSOE y Podemos. Cabría preguntarle: ¿cómo es, entonces, que su partido se ha mostrado dispuesto a ello con preferencia a VOX? ¿No se ha enterado de que el PP se ha repartido el poder judicial con socialistas y separatistas? ¿No se ha enterado que la política de su jefe Feijóo en Galicia se basa en la idea de que la región es una nación a la que le falta un estado, y que ha seguido la misma línea que Pujol en Cataluña utilizando la lengua regional como camino al separatismo abierto? ¿No se ha enterado de que Bonilla en Andalucía promociona más que nunca al proislámco y antiespañol Blas Infante como “padre de la patria andaluza” y habla de la forma de hablar andaluza prácticamente como un idioma? ¿No se ha enterado de que en Madrid tienen una ley trans montada por su partido y peor todavía que la del Dotor? ¿No se ha enterado de que existe una ley de memoria totalitaria que destruye las bases de la democracia? ¿No se ha enterado de que en Madrid el inglés está desplazando al español como lengua preferente y de cultura, incluso en el espacio público?…
Ayuso ha tenido una acertada gestión económica y ante el coronavirus, pero en los aspectos esenciales de la política mantiene exactamente la línea antiespañola y antidemocrática del PP y del PSOE. VOX en Madrid debe poner sobre la mesa y en primer lugar la Gran Política. De otro modo le pasará como en Andalucía.
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Para enlazar en las redes: En los análisis del golpe del 23-f se olvida casi siempre el dato de que las demagogias de Suárez estaban llevando al país al borde del abismo. El golpe fue, demuestra Jesús Palacios, una operación, finalmente chapucera, para cortar una situación crítica a solo tres años de la Constitución: 270 – El extraño golpe de Tejero sacude una democracia en crisis | 14 de abril – YouTube
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Suárez en la historia.
La política de Suárez, después de ganar dos elecciones, estaba fracasando en todos los terrenos: terrorismo y desempleo rampantes, osados avances separatistas, política internacional errática, división de la derecha con la pretensión de pasar al PSOE por la izquierda, inquietud en todas las instituciones, desde el catalanismo moderado de Tarradellas hasta el propio rey, pasando por Fraga. Suárez estaba llevando la transición a un callejón sin salida, y el resultado fue el chapucero golpe del 23-f que, pese a su fracaso, en cierto modo recondujo la situación. Suárez acababa de dimitir entre una oleada de descalificaciones e insultos a derecha e izquierda. El rey le había concedido un ducado, pero no la máxima distinción del Toisón de oro, que en cambio había otorgado a Torcuato, y que Suárez había resentido, por considerarse merecedor de él por lo menos como el obsequiado.
Posteriormente y tras intentos frustrados de volver en triunfo a la política, Suárez sufrió tremendas desdichas personales. En 2001 falleció su mujer por cáncer;, y en 2004 una hija suya, cuando él mismo se asomaba a la oscuridad del Alzheimer. La impresión sentimental de estas desgracias cambió entonces todo lo anteriormente dicho sobre su desastrada gestión. Los análisis cobraron un carácter puramente emotivo (y bastante hipócrita) en competencia de adulaciones pintorescas. Llovían sobre él premios y gratitudes, y todos lamentaban su anterior ceguera. José Oneto, influyente “analista”: “Hemos sido injustos con él”. Cebrián: “Los equivocados éramos nosotros”. Pedro J. siempre anglómano: “Nuestro rey Lear”, “nuestro Nelson”, “No está gagá ni tiene Alzheimer, lo que ocurre es que está triste”. Miguel Ángel Aguilar: “No volveríamos a escribir lo que escribimos”. Félix de Azúa: “Qué nostalgia de Suárez”. Elvira Lindo: “”El hombre del que no supimos apreciar el valor político”. Paco Umbral: “Un doncel de Sigüenza… un Don Juan de Austria”. Tusell: “El mejor político del siglo XX”. Hasta se le comparaba con Alejandro Magno o se le declaraba “elegido de los dioses que le llevaron al poder y la gloria en plenitud de gracia y juventud”. Una hagiografía en 2005 hablaba de su gestión como de “una tragedia griega”. Etc. Aznar afirmó: “El nacimiento de la España contemporánea, moderna y democrática, está asociado al nombre de Adolfo Suárez”. Nada menos. Otro líder del PP lo llamó “timonel de la transición”. El rey se fotografió con él pasándole la mano por el hombro, ambos de espaldas, y le concedió el famoso toisón cuando el beneficiado no estaba ya en condiciones de apreciarlo.
Creo que vale la pena recordar estas cosas, como la reacción contra Solzhenitsin en 1976, para valorar lo que es el análisis político e histórico en España. Porque desde entonces no ha mejorado, puede incluso que haya empeorado.
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Primeros charlatanes tratados, en relación con la historia general de España: Raymond Carr, Álvarez Junco, Benzion Netanyahu, Henry Kamen, Joseph Pérez, Santos Juliá, César Vidal, Ortega y Gasset.

Izquierda y derecha
Muchos insisten en que hoy día las diferencias entre izquierdas y derechas ya no tienen sentido. Yo creo que sí tienen alguno.
En referencia a la guerra civil venía a decir Josep Pla que si se corta un queso por la mitad es improbable que por un lado salga camembert y por el otro queso manchego. Quería decir que por encima o por debajo de las diferencias políticas, la conducta de los dos bandos había sido igual. Es lo que afirma la historiografía de derecha tipo Pedro Corral o Pedro J.: “todos igual de malos, igual de criminales” (ver Galería de charlatanes). Pero no fue así. Todos los actos heroicos correspondieron al bando nacional. La tremenda destrucción o saqueo del patrimonio histórico-artístico fue un mérito de la izquierda en exclusiva. Hubo terror en ambas retaguardias, pero el sadismo izquierdista no tuvo parangón con el de los nacionales. El Frente Popular cultivó un terror interno entre sus partidos que no tuvo ni de lejos equivalente en el bando nacional. La entrega política del Frente Popular a Stalin no tuvo nada que ver con la no entrega de los nacionales a Hitler y Mussolini.
Hubo, por lo tanto, fuertes diferencias entre izquierdas y derechas, pese a compartir el mismo paisaje y paisanaje. Hoy apreciamos otras diferencias: el talento artístico, propagandístico y político de las izquierdas es inmensamente superior al de las derechas. Estas se han mostrado perfectamente incapaces en esos terrenos, en los que resultan plúmbeos, reiterativos y sin otra iniciativa que quejarse pesadamente de las manipulaciones de sus contrarios. No se le ve mucho remedio, hoy por hoy.
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“Europa” tuvo que tragar
**Dice el bobo Valdano que Franco era un apestado en Europa. Ni mucho menos. Aquellos gobiernos que lo debían todo a los ejércitos useño y soviético no podían soportar al gobierno español, que no les debía nada. No podían soportarlo y tuvieron que soportarlo: después de intentar sembrar una gran hambruna en España y fracasar, no les quedó más remedio que tragarlo, velis nolis.
**No deja de maravillarme el caso de Juan Carlos, un rey que disfrutó de las máximas lisonjas internas e internacionales, y a quien unos políticos no menos corruptos que él han obligado a vivir fuera de España, cosa a la que no puede ser forzado ningún ciudadano corriente. Podría ser una tragedia si no fuera una farsa. El emérito se ha revelado como una mezcla de tonto y de golfo, que echó a perder gran parte de su espléndida herencia política, y sobre quien no cesan de caer los improperios, por otra parte merecidos. Recibió la monarquía directamente de Franco y le ha hecho más daño que sus enemigos abiertos.
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