UNA HORA CON LA HISTORIA
133 – Historia criminal del PSOE (13): Los insurrectos en Asturias entran en crisis. https://www.youtube.com/watch?v=Wa_-VTEs_5k
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¿Existió alguna vez un aislacionismo useño?
Dice Varela: “Uno de los lugares comunes más populares de la posguerra es que Estados unidos es una sociedad con una tendencia endémica al intervencionismo en el exterior. Se trata de una idea muy extendida en Europa, particularmente en Francia y España (…) De hecho, la realidad es aproximadamente la contraria (…) Desde los Founding Fathers son legión los publicistas americanos que dan las gracias por los dos océanos que preservan al subcontinente afortunado de las endémicas querellas europeas (…) Los Estados Unidos debían limitarse a ser un ejemplo de libertad, convivencia y prosperidad , evitando la tentación de andar por el mundo enderezando entuertos (…) El aislacionismo es, pues, la tendencia recurrente de la opinión y la política norteamericanas”… Aunque, en definitiva, Usa habría roto el aislacionismo para liberar a Europa (a parte de ella) de la tiranía en la I y II guerras mundiales, y luego protegerla durante la guerra fría. Esto, en líneas generales, puede considerarse aproximadamente cierto en relación con Europa occidental, y más en la II que en la I de esas guerras. Pero de ninguna manera en relación con el resto de América y el Pacífico, zonas que por razones históricas y culturales nos interesan especialmente a los españoles.
En este blog, el 17 de mayo de 2015, recordaba: Cuando las trece colonias americanas se independizaron de Inglaterra en 1781 mediante una guerra que en parte fue también civil, se extendían sobre algo menos de 700.000 km2. Hoy, doscientos treinta y cinco años después, Usa ocupa 9,7 millones de km2, casi catorce veces más y como toda Europa, Rusia incluida. Una expansión enorme, la mayor parte de la cual se realizó en muy poco tiempo, a lo largo de la primera mitad del siglo XIX: Luisiana en 1803, Florida en 1818, Texas en 1836 (completada en 1845), y más de la mitad de Méjico en 1847.
La mayor parte de estos vastos territorios, que extendieron a Usa del Atlántico al Pacífico, estaban poco poblados por lo que, en general, resultaron una presa fácil. Luisiana fue vendida por Napoleón a cambio de unos millones de dólares, aunque una parte de aquella extensa zona de límites imprecisos pertenecía a España. Florida fue invadida aprovechando que España se hallaba
inmersa en las guerras de independencia de sus colonias, y después fue “comprada” por 5 millones de dólares, que no fueron pagados, sino valorados como contraparte de las reclamaciones que los useños presentaban a España. En aquellos territorios, la mayoría de la población era india, la cual fue acosada, a menudo exterminada incluso por medios bacteriológicos, y reducida a reservas después de tratados sistemáticamente incumplidos. Texas fue invadida “pacíficamente” por colonos que primero declararon la independencia contra Méjico y luego la unión a Usa. La ocupación de los actuales estados de California, Arizona, Utah, Nevada, Nuevo Méjico, gran parte de Colorado y de otros, requirió una guerra iniciada con diversos pretextos. Las víctimas de esta expansión fueron en primer lugar los indios. Es imposible saber cuántos serían masacrados, pero suponiendo una población de un solo habitante por kilómetro cuadrado, prácticamente de desierto, pudieron ser seis millones o más. España y Méjico resultaron los grandes perdedores.
Esta expansión fue realizada bajo la idea de un mesiánico “destino manifiesto”. El presidente John Quincy Adams afirmó a principios del siglo XIX que “la Divina Providencia había destinado todo el continente del norte de América a ser poblado por una nación con un idioma y un sistema general de principios religiosos y políticos y habituado a unos usos y costumbres sociales”. Aquel plan divino otorgaba a Usa “el derecho a poseer todo el continente para aplicar nuestro gran designio de libertad”. La idea de apoderarse de todo Méjico fue rechazada porque se aspiraba a “una nación de la libre raza blanca”, y en cambio “más de la mitad de los mejicanos son indios y el resto se compone sobre todo de razas mezcladas”. En 1861 se produjo una guerra civil muy sangrienta en Usa, y hacia finales de siglo, el “destino manifiesto” se orientó hacia Cuba, Puerto Rico y el Caribe, y con el mismo impulso a las Filipinas y otras islas españolas en el Pacífico.
Las agresiones useñas se realizaban en general mediante campañas de desprestigio y acusaciones falsas a las víctimas. Caso paradigmático fue la “espléndida guerrita” que le dio el dominio indirecto de Cuba y directo de Puerto Rico y Filipinas y de otras islas que había pertenecido a España, seguida de otra contra los resistentes filipinos, aplicada con extremada crueldad y actos de verdadero exterminio; y de acciones de intimidación y beligerancia en lugares tan alejados de Usa como China o Japón.
Así pues, encontramos una política nada aislacionista y sí mesiánica e imperialista con respecto a la América hispana y el área del Pacífico, donde se apoderaron también de posesiones hispanas. Es llamativo que la independencia del Imperio español fuera realizada por los criollos en medio de un antihispanismo frenético invocando el ejemplo de Usa y de la revolución francesa; pero fue allí también donde el conocimiento directo de cierto rasgos de la “Divina Providencia” y de la “aislacionista” libertad useña terminaron generando un antiyankismo casi tan fanático como el antihispanismo. Antiyankismo y antihispanismo, eran también expresiones de la corrupción, la impotencia y la nulidad política de los nuevos estados, que de hispanoamericanos iban evolucionando a “latinoamericanos”. Probablemente ningún país ha realizado en los dos siglos últimos más intervenciones militares exteriores que Usa, aun descontando las guerras mundiales y la guerra fría.
Por tanto, quizá los países de Europa occidental demuestran una especial ingratitud al motejar de imperialista y agresiva a Usa, pero en cuanto a España e Hispanoamérica se trata de una evidencia histórica. Esto, naturalmente, no cuenta nada para la servil historiografía anglómana con su peculiar estilo entre frívolo y pedante. En realidad les agrada ese imperialismo porque, desde su punto de vista, España e Hispanoamérica no tienen casi nada positivo que ofrecer, y les conviene asimilarse a sus “superiores” si quieren progresar. Todo su análisis acerca de Franco y el franquismo parten de esta idea central expuesta poco veladamente bajo el membrete de una “democracia” que últimamente viene sirviendo para crear caos y guerras civiles en diversos países.
Por lo que respecta a la II Guerra Mundial, también la versión de Varela es básicamente un resumen revuelto acríticamente en la historiografía anglosajona, un tanto lastrada por la propaganda.
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Coronavirus y política
El coste económico de las medidas adoptadas contra la plaga es tan alto que, a menos que la crisis se supere pronto, será preciso buscar otras vías menos costosas (parece que en Holanda y Suecia van por ahí) pues va a provocar, está provocando ya, desempleo masivo e incluso hambre. Un caldo de cultivo para las peores demagogias liberticidas. En Italia ya han comenzado conatos de revueltas, con asalto a supermercados y llamamientos a la rebeldía. No hablemos de los países más pobres y menos organizados, donde la miseria en algunos sectores de la población se está volviendo dramática. No faltan analistas que proclaman “el fin de un mundo”, no se sabe bien cuál. De momento ha puesto en crisis también la Unión Europea, a la que el perverso o estúpido lenguaje de los políticos confunde con Europa.
Por lo que respecta a España, estamos en el inicio de una campaña del PSOE para culpar al PP. Ayer, Luis del Pino decía, con su constitutivo optimismo, que esa campaña estaba condenada desde el principio por los hechos. Siempre se olvida la historia. En 1934, los criminales que organizaron una guerra civil para implantar un régimen soviético, una vez derrotados organizaron una tremenda campaña para presentar como criminales represores a quienes habían defendido clarísimamente la legalidad republicana. Y tuvieron un éxito extraordinario entre masas muy amplias. Saben hacerlo, es casi lo único que saben hacer bien. Cuando el Prestige, la campaña fue gigantesca y en extremo agresiva, pese a el gobierno hizo lo único que se podía hacer. Y cuando el 11-m, la orgía de mentiras, movilizaciones y exigencias no fue menor. Pero hay algo de justicia poética en todo ello: es el PP de los señoritos incultos y sin ideas el que ha regalado a izquierda y separatistas los grandes medios de masas
Pero, como señalaba hace unos días, quizá en estas trifulcas se hundan los dos partidos que han llevado a España al golpe de estado permanente, a la ilegalidad como norma. VOX podría y debería aprovechar la situación para destacar como la única alternativa posible a una putrefacción de partidos que está contagiando a toda España, un virus no menos letal que el de corona.
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El destino en las manos
–Tu referencia a Antígona, ¿quiere decir que para Sonaron gritos te has inspirado en esa leyenda?
–No tiene nada que ver, aunque en Antígona tiene el fondo anterior del asesinato de Layo, un sujeto repugnante e introductor de la pederastia, por su hijo Edipo, cosa que Freud interpretó a su manera. Ahora no se habla del complejo de Edipo, pero no hace tantos años era una explicación cultural y sexual aceptada en muchísimos círculos intelectuales. Recuerdo la anécdota de unos escritores useños de visita en la URSS a quienes preguntaron sus colegas soviéticos por las influencias en la literatura useña de entonces. Los useños mencionaron a Freud, y tuvieron la impresión de que los soviéticos no lo conocían, lo que les pareció un atraso fsorprendente.
–Pues a mí me ha parecido ver semejanzas en tu no vela precisamente con el mito de Edipo, no con el de Antígona. Antígona no mata a su padre ni interviene en la muerte de su madre, como en la leyenda de Electra.
–No sé dónde he leído que Antígona expresa el conflicto entre la ley antigua, consuetudinaria, no escrita, y la ley positiva. Antígona cree que la ley antigua “viene de los dioses” y es superior a la positiva.
–Yo diría que expresa más bien el conflicto entre la moral y la ley. A la moral también se le llama “ley natural”, pero ese es otro tema.
–Tú has venido a hablar de tu libro.
–Más bien a que me habléis, pero veo que no es fácil.
–¿Se diferencia de lo de Edipo, sí o no? En las dos hay un personaje que se cría en una familia adoptiva y termina matando al padre. Son semejanzas claras.
–Claro que se diferencia. Layo, el padre de Edipo, no asesina a la familia adoptiva como lo hace el padre de Alberto. Edipo mata a su padre en un momento de furia por sentirse tratado “como un cualquiera”, y ni él sabe a quién ha matado ni el padre quién es su matador. En la novela, el padre no sabe que Alberto es su hijo, pero Alberto sí sabe que el que van a matar es su padre. Y el motivo no es el yo, el orgullo herido de Edipo, no tiene nada que ver. No digamos si le damos la interpretación freudiana. La similitud en todo caso puede verse como obra del destino. Es el destino el que lleva a esa situación.
–Yo no creo en el destino. Creo que cada cual se labra su destino con sus obras.
–Todos los partidos y todos los políticos nos exhortan a que tomemos nuestro destino en nuestras manos. A mí me parece un punto de vista racional y movilizador, mientras que la creencia en el destino te paraliza y te vuelve paranoico, te hace buscar continuamente lo que el destino te ha de deparar.
–¡Por cierto! No hay más que ver la cantidad de canales de televisión de echadoras del tarot y cosas por el estilo, y las secciones de adivinación y astrología. Son consultadísimos. Y a lo mejor creéis que es por gente ignorante. Pues hay de todo, políticos, banqueros, gente de carrera, a veces gente brillante.
–Como la bruja gallega de Pujol, ¿no? O aquellos ejecutivos que querían tirarse a sus secretarias, que no les hacían caso, y consultaron a un brujo brasileño, que les hacía beber sangre de guacamayo mezclada con su propio semen y… ¿No está la reina o la princesa de Noruega o alguien así liada con un brujo? He leído que su anterior novio se suicidó. Y por el metro salen los “profesores” africanos que te aseguran el éxito en los negocios, el amor, la salud… Por no hablar de las gitanas que te leen la mano…
–Pues ya veis. A lo mejor esos políticos que siempre están hablando de tomar el destino en las manos quieren decir que ellos lo toman consultando a echadoras de cartas y brujas.
–Otra cosa es aceptar el destino: cuando la gente se casa promete mantenerse unida afrontando lo que le depare el destino. Claro que muchas veces no es así, cada vez menos. El destino se burla de todas las promesas.
–¿Hacemos una encuesta entre nosotros a ver quiénes creen en el destino y quiénes no?
–Mira, esto se desmadra. Hablar de destino es hablar de la vida. Mi punto de vista es que nadie puede dominar el destino, nadie se labra su vida con sus obras. En parte sí, en parte. Si estudias para médico y te dedicas a la medicina, ahí todo va muy racional y medido. Pero como médico puedes cometer un error que arruine tu carrera, puedes casarte con alguien que te haga la vida imposible, puedes tener algún hijo que salga delincuente o drogadicto, tener algún accidente o enfermedad que te incapacite, buscarte una querida y arruinar tu vida familiar, qué sé yo. Pueden pasar mil cosas que no puedes controlar en absoluto. La vida es en gran medida incierta, por mucha racionalidad e interés propio o sentido común que le apliquemos o por muchas brujas que consultemos. Cuando los políticos hablan de controlar el destino están estafando a la gente.
–Yo creo que la política consiste en estafar a la gente, prometiendo lo que no pueden dar y que saben que no pueden dar. Pero como todo el mundo quiere ser feliz, el que promete más felicidad, ya sabes.
–Bueno, esto es muy discutible.
–Si no os importa, vuelvo con la novela: los personajes reaccionan como saben o como pueden, o según sus inclinaciones, en unos tiempos muy tempestuosos. Creo que no son personajes planos ni estereotipados, pueden estar más o menos logrados, pero triviales no son. Hay mucho más que el destino de Alberto, pero este es el hilo conductor aunque no lo elaboré así previamente. Pero cada personaje tiene su destino. Los dos amigos eligen el peligro, pero no quieren la muerte, no son suicidas. Porque, desde luego, nada de aquello entraba en sus planes o en sus deseos.
–Lo de Paco me interesó. Es un tipo mujeriego, un donjuán, quiere a las mujeres con las que se relaciona, las aprecia, pero encuentro que no se enamora de ninguna. Solo se enamora al final, y con eso provoca la catástrofe. ¡Qué dirían Tolstoi u Ortega, lo malo que es el enamoramiento! ¿Lo tuviste en cuenta? La culpa le desmorona por dentro, así que elige el suicidio, porque seguir en Rusia sabiendo con certeza la derrota es como suicidarse. En cambio, antes de ello era una persona optimista, extrovertida, sin miedo, confiaba en su destino.
–¿Un donjuán? Don Juan no apreciaba a las mujeres, es un personaje diabólico que busca hacer el mal. Yo no he visto a Paco así.
–¿Estáis de acuerdo con Tolstoi y con Ortega? ¿Y veis? El misterio de la vida. una buena novela debe reflejar ese misterio…
(A quien pueda interesarle, dado que las librerías están cerradas, lo mejor es recurrir a Amazon o encargarlo en algún centro que funcione online)
Otra opinión sobre Sonaron gritos y golpes a la puerta: http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/sonaron-gritos-y-golpes-a-la-puerta-11470/


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