Por qué es tan importante la moción de censura.
Es evidente que tanto al PSOE como al PP les preocupa mucho la moción de censura, y tratan los dos de sabotearla, quizá de mutuo acuerdo, con la misma argucia: que no podrá derribar al gobierno, y que por lo tanto lo reforzará. Que digan lo mismo ya demuestra lo contrario. La anterior moción la perdieron el gobierno y el PP, y la ganó VOX, que cobró mayor impulso al poder explicar mejor a millones de españoles la situación y su política. Y esto es justamente lo que más temen los dos partidos “de amigachos, de codicia y botín, y sin ninguna idea alta”, especialistas en embaucar a la gente con ilusionismos baratos para ocultar la gravedad de la situación a la que han llevado a España.
Tiene cierta importancia que para la moción de censura se presente alguna persona seria y de prestigio, cosa difícil porque fuera de VOX, en el terreno político, yo no veo a nadie. El nivel político e intelectual en España es hoy bajísimo, de simples pícaros, ya desde la universidad, donde se crían (en Galería de charlatanes pueden ver una muestra). Tamames parece bastante consciente de la situación y tiene prestigio, solo le perjudica la edad. Pero eso no es lo verdaderamente importante. Lo importante es, como en la ocasión anterior, que la moción misma permite despertar a millones de españoles ante la gravedad de la crisis, retratar a cada partido y presentar una alternativa.
Lo único importante que ha ocurrido en la política española en los últimos veinte años es el surgimiento de VOX como defensor real de la unidad nacional y la democracia. Y, hasta cierto punto, de la independencia, en lo que le queda aún camino. Solo hay esto: VOX y todos los demás. Esto lo ven con toda claridad PSOE, separatistas y especialmente el PP, preocupado por sus votos.
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Neutralidad (III) Europeísmo e hispanofobia
Si examinamos el belicismo de muchos intelectuales y políticos distinguimos en la PGM vemos en él dos elementos: europeísmo e hispanofobia. Lo expresó perfectamente Ortega en su frase “España es el problema y Europa la solución”. Que España tenía y tiene muchos problemas era y es evidente: la vida es siempre problemática, y su mala gestión llevó a la guerra civil. Pero lo que llamaban “Europa” los tenía, y aún más graves, como revelan las dos tremendas guerras en que se embarcaron sus principales potencias en el siglo XX. Pues bien, ninguno, que yo sepa, de aquellos distinguidos intelectuales y políticos hizo el menor análisis, sacó el menor balance, propuso una nueva vía: nada de nada. Incluso después de la PGM seguían lamentándose de que España no hubiera puesto en ella unos cientos de miles de muertos al servicio de Francia. Lo suyo era una retórica hueca. Obsérvese, además: no es que España tuviese problemas, sino que “era el problema”, problema de una historia enferma y sin otra solución que renunciar a sí misma y “europeizarse”, como si no hubiera estado siempre en Europa, con mejor o peor fortuna. ¿Qué entenderían por “Europa”? Nunca han sabido explicarlo más allá de cuatro simplezas retóricas, como de costumbres.
Hace unos años, en este blog:
Mi libro Europa, una introducción a su historia, va dedicado especialmente a políticos y periodistas, porque son ellos los que crean opinión pública. Todos, prácticamente sin excepción se llaman a sí mismos europeístas y también con pocas excepciones apenas conocen de Europa, su historia y evolución cultural, más que unos cuantos tópicos. Desde la Transición la política española ha carecido de un fondo intelectual que permitiera una acción coherente, y una de sus peores manifestaciones es este “europeísmo”.
Así, se proclaman europeístas lo mismo Podemos que el PP, el PSOE o Ciudadanos o VoX etc. Pero bajo esa palabra se ocultan ideas muy distintas u opuestas, y todas ellas difusas. Podríamos remitirlas en general a la célebre frase absurda y realmente necia de Ortega y Gasset “España es el problema y Europa la solución”. El problema era y sigue siendo más bien el de unos políticos frívolos y con ideas precarias sobre Europa y sobre la propia España. Es decir, ese europeísmo oculta una hispanofobia de raíz. Se trata simplemente de copiar en política y cultura todo lo que se considere que venga de “Europa”, es decir, antaño de Francia y ahora sobre todo de Usa, que desde la II Guerra Mundial ha ocupado el lugar de Europa como centro mundial de la política y de la cultura tanto la alta cultura como la cultura popular. En cambio, sobre lo que pueda salir originalmente de España existe una desconfianza visceral.
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