Stalin y España / Historia y política / Relato policíaco / Qué fue la república

Stalin y España

Un periodista alemán se ha extrañado de mi tesis, que no ha leído en otros lugares,   según la cual la estrategia de Stalin en España buscaba ante todo atraer a las democracias al choque directo con Alemania e Italia, y en segundo lugar a sovietizar disimuladamente el país. En La II Guerra Mundial y el fin de la Era Europea he tratado precisamente la gran estrategia de Stalin, en relación con España y en general. Dicha estrategia partía de la siguiente triple concepción: 

a) La misión principal de los comunistas en todo el mundo consistía en salvaguardar la experiencia soviética, “el socialismo en un solo país”, paralizando la agresividad de las burguesías y los imperialistas contra él.

b) Después de la Primera Guerra Mundial pronto debía estallar inevitablemente una segunda, que podía comenzar por el oeste, básicamente entre Alemania y Francia-Inglaterra, o por el este, entre Alemania y la URSS. Todas las expectativas giraban sobre este  punto: si la guerra comenzaba por el oeste, la URSS no solo estaría a salvo, sino que quedaría árbitro de la contienda y podría intervenir oportunamente y expandir la revolución sobre una Europa arruinada. Pero si comenzaba por el este, era posible que la experiencia socialista quedase aniquilada.

c) Por consiguiente, toda la política exterior soviética (como el cambio a los frentes populares) buscaba primordialmente agravar el enfrentamiento entre potencias fascistas y democráticas, a fin de que la nueva “guerra imperialista” comenzara por el oeste. Este es  el contenido esencial de aquella política, que ha dado lugar a muchas sorpresas.

En relación con España, por lo tanto,

1: La guerra civil en el extremo oeste de Europa ofrecía a la URSS una ocasión excepcional para atraer a Francia e Inglaterra al choque con Alemania e Italia. Esa ocasión exigía que el bando izquierdista resistiera a los nacionales (pudo haber perdido en cinco o seis meses), y que la revolución española se disfrazase de democracia que exigía perentoriamente la intervención de Francia e Inglaterra para salvarla del fascismo e incluso de que Francia se viera rodeada por Alemania y una España fascista.

2: Toda la propaganda internacional soviética se centraba precisamente en ese punto: la España “democrática”  estaba siendo vergonzosamente traicionada por las otras democracias. Y solo auxiliada por la URSS (no precisamente por simpatía a la democracia, sino por la razón dicha). La agitación de comunistas y similares por toda Europa presionaba para que Francia e Inglaterra interviniesen activamente. Fracasó porque Londres y París no creían en la democracia del Frente Popular, pero ante todo porque percibían que un enfrentamiento directo en España con las potencias fascistas se volvería incontrolable en el resto de Europa y solo favorecería a la URSS. Para las democracias era preferible, en todo caso, que si había de llegar la guerra europea, comenzase precisamente  entre Alemania y la URSS, como parecía ocurrir localmente en España.

3. El fracaso en España fue lo que hizo volcarse la política exterior de Stalin, un tanto a la desesperada, al acuerdo con Hitler. La base principal del acuerdo era que Hitler necesitaba ganar tiempo para prepararse para el ataque a la URSS, y que Stalin pensaba que ello podría desatar la guerra en el oeste. Como así sucedió

4. Si examinamos la doctrina de los frentes populares, vemos que, contra acusaciones superficiales,  de ningún modo renunciaban al objetivo revolucionario. Tras el fracaso de la política anterior de la Komintern de “clase contra clase”, se trataba de formar amplios frentes antifascistas, el nervio de los cuales serían los comunistas, que los irían orientando  hacia el socialismo. El antifascismo rendiría así los mejores frutos a la estrategia soviética.

5. En España, los comunistas hicieron retroceder la primera revolución caótica de socialistas y anarquistas para presentarla al exterior con aspecto más democrático. Con esa política se convirtieron en el partido decisivo del Frente Popular y trataron de dominar el ejército y la policía, cosa que consiguieron en gran medida, pero no del todo. De haber vencido a Franco, el desarrollo irremediable sería hacia lo que después se llamaron “democracias populares”.

6. De la propaganda soviética procede principalmente la falsificación historiográfica que presenta al Frente Popular como “la República”  y “el gobierno legítimo y democrático” atacados por “el fascismo” franquista. Que esa versión permanezca tantos años después revela la insignificancia intelectual de la propia derecha.

La Segunda Guerra Mundial: Y el fin de la Era Europea (HISTORIA)

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Historia y política

**Me pregunta un amigo por qué, si Los mitos del franquismo es tan irrebatible y fue tan leído, no se ha impuesto en la opinión pública y en cambio siguen prevaleciendo las versiones de izquierda. La respuesta es fácil, y tiene dos aspectos: la derecha es, como diría Baroja, de una estupidez rara, y además es sumamente pasiva. La izquierda se esfuerza enormemente en divulgar sus versiones porque tiene conciencia de que son la base de su legitimidad actual. La derecha cree que la historia es cuestión de pura ilustración personal, y entre eso y su acreditada necedad, se ha convertido en auxiliar de la izquierda, especialmente desde Aznar. Hay otros aspectos secundarios, como la envidia, que hacen que muchos  historiadores de derecha eviten citarme aunque copien un tanto de mí. Por supuesto, hay excepciones a todo ello. Esa es la razón por la que, aparte de Los mitos y otros libros, he escrito obras de debate e insistido en trabajos divulgativos que, sometidos a esa especie de ley del silencio, han tenido muy poco efecto. El silencio de los medios y los políticos de derecha sobre mi obra es todavía más denso y eficaz que el de la izquierda.

**Ha recordado Esperanza Aguirre, de forma algo pacata, que el PSOE fue el autor de la insurrección del 34, y le ha replicado un tal Pablo Simón preguntándole si el PSOE fue también culpable de la dictadura (de Franco, claro). El PSOE atacó a la república en nombre de la dictadura del proletariado y en combinación con el separatismo catalán. La dictadura de Franco fue el último remedio para impedir la sovietización y la disgregación de España. Sí, en cierto modo, el PSOE tiene la culpa o el mérito (involuntario) según se mire, de haber traído el franquismo. Y de no haber luchado luego contra él.

**Muchos derechistas parlotean de “la tragedia” de la guerra civil, de los crímenes o excesos de unos y de otros. Fue una tragedia, pero también una suerte, porque ganaron los que defendían la continuidad política y cultural de España. Gracias a lo cual hubo finalmente una democracia no traída por ejércitos  extranjeros, y a la que nuevamente están atacando el PSOE y los separatistas.

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Un relato policíaco

   Uno de los “perros verdes”, Santi,  pasa gran parte de su jornada obsesionado por el recuerdo de un asesinato en ambiente homosexual, que él atribuye, con cierto grado de incertidumbre,  a un antiguo amigo suyo de infancia. El relato podría desarrollarse como una novela policíaca clásica, y en parte lo es, salvo porque no existe aclaración del crimen ni captura del criminal, y en cambio se presentan otras derivaciones y problemas.  Un hijo de la víctima parece tener una explicación del caso, pero Santi, después de examinarla, la desecha por demasiado tópica y “social”. El problema es que su ex amigo nunca ha sido inculpado, más tarde ha desaparecido de la ciudad sin que nadie conozca su paradero y después de hacer a Santi una alusión ambigua. El “perro verde” especula, en función de lo mucho que sabe del otro, de sus aspiraciones literarias y afición a los relatos policíacos  de justicieros al margen de la ley, sobre qué móviles pueden haber entrado en juego en el asesinato, y de la causa de su desaparición, que tiende a atribuir a una escapada a otro país para no  permanecer en el ambiente  de su delito, y quizá rehacerse como escritor. Y se inquieta sobre su propia responsabilidad moral por no haber colaborado con la justicia. Se absuelve a sí mismo, pero permanece intranquilo…   Obviamente, la historia puede tener otras derivaciones, incluso un relato largo propio sobre la trayectoria del ex amigo de Santi. Pero en  la novela creo que queda suficientemente expuesta la cuestión.

Cuatro perros verdes (NOVELA HISTORICA)

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Qué fue la República

Puesto que acaba de pasar el aniversario:

Como indicamos al principio, la cuestión de la República es realmente crucial en la España y el PSOE del siglo XX, con efectos hasta hoy. Así, en abril de 2006, setenta y cinco años después de proclamarse la II República, un manifiesto en la prensa Con orgullo, con modestia, con gratitud”, reivindicaba “los valores del republicanismo español que siguen vigentes como símbolo de un país mejor”. Aquel régimen habría sido Una oportunidad, y los españoles la aprovecharon”, ocasión de uncolosal impulso modernizador y democratizador que acometieron las instituciones republicanas -siempre con la desleal oposición de quienes creían, y siguen creyendo, que este país es de su exclusiva propiedad”.Pese a la brevedad de su vida, la II República desarrolló en múltiples campos de la vida pública una labor ingente, que asombró al mundo y situó a nuestro país en la vanguardia social y cultural. Entre sus logros, bastaría citar la reforma agraria, el sufragio femenino, los avances en materia legislativa de toda índole, la separación efectiva de poderes, las constantes y modernísimas iniciativas destinadas a difundir la cultura hasta en las comarcas más remotas, el decidido impulso de la investigación científica o el florecimiento ejemplar no sólo de la educación, sino también de la asistencia sanitaria pública, para demostrar que aquel bello propósito generó bellísimas realidades, que habrían sido capaces de cambiar la vida de un pueblo condenado a la pobreza, la sumisión y la ignorancia por los mismos poderes -los grandes propietarios, la facción más reaccionaria del Ejército y la jerarquía de la Iglesia Católica- que se apresuraron a mutilarlo de toda esperanza.

A pesar de tanta maravilla, “todavía se nos sigue intentando convencer de que la II República fue un bello propósito condenado al fracaso desde antes de nacer por sus propios errores y carencias. Los firmantes de este manifiesto rechazamos radicalmente esta interpretación, que sólo pretende absolver al general Franco de la responsabilidad del golpe de estado que interrumpió la legalidad constitucional y democrática de una república sostenida por la voluntad mayoritaria del pueblo español, con las trágicas consecuencias que todos conocemos. Y exigimos que las instituciones de la actual democracia española rompan de manera definitiva los lazos que la siguen uniendo -desde los callejeros de los municipios hasta los contenidos de los libros de texto- , hecho que estiman intolerable, y muy peligroso para la salud moral y política de nuestro país.

 En otras palabras, la salud moral y política del país necesitaba la imposición, obviamente por el poder, entonces socialista, de su particular versión del pasado, perseguir versiones distintas por “intolerables y muy peligrosas”, y hasta borrar los recuerdos de los cuarenta años del franquismo. ¡En nombre de la libertad y la democracia, naturalmente! El manifiesto fue el prólogo a la llamada Ley de memoria histórica, del año siguiente, y de la posterior llamada “democrática” para mayor sarcasmo, y que trataremos más adelante.

Aparte del carácter liberticida del manifiesto y su efecto “legal”, la historia que intentan oficializar se reduce a un cuento de hadas realmente pueril, que además confunde la república con el Frente Popular que la aniquiló. Y para entenderlo no es preciso consultar versiones contrarias (al menos tan lícitamente expresables en democracia como la del manifiesto): bastan los diarios de Azaña para entender hasta qué punto el manifiesto es una grotesca patraña envuelta en la tradicional verborrea grandilocuente y hueca, y aliñada con poses de indignación moral, cosas tan comunes en la política española.

Pero si el manifiesto no dice nada real sobre la república, sí dice, y mucho, sobre sus firmantes. Es inevitable preguntarse: “¿verdaderamente sabían ellos de qué hablaban?” Desde luego, tenían obligación de saberlo, pues no se trataba de meros sindicalistas inflamados de palabrería, sino de unos 400 artistas, profesores, escritores, magistrados, periodistas, directores y actores de cine, varios militares, sindicalistas, comunistas y separatistas. La mayoría socialistas o próximos al PSOE, entre ellos unos 20 se decían historiadores, y a varios (Aróstegui, Casanova, Fontana, Juliá, Gibson, Viñas y algún otro) los he analizado en el estudio de crítica historiográfica Galería de charlatanes. Pero, o no sabían lo que había sido la República pese a ir por la vida de historiadores,  o lo sabían, y aquel desastre  les parecía muy bien.

Y hay algo que decir sobre su honradez intelectual. La mayoría de los firmantes, excepto los más jóvenes, había sufrido las “trágicas consecuencias” del franquismo. Y tuvo que ser trágico para ellos prosperar como lo hicieron en aquel régimen feroz, a menudo como funcionarios del mismo. Algunos eran reconocidos comunistas como Castilla del Pino, o muy próximos a él como Caballero Bonald, otros marxistas tambén conocidos, como varios de los historiadores, sin que ello les impidiera escribir, hacer carreras, a veces muy halagadas con reconocimientos y premios y algún contratiempo menor bajo las vesanias insufribles ordenadas por Franco. Fernando Fernán Gómez, por ejemplo, trabajó como actor desde los terroríficos años 40 hasta el final del régimen, con éxito que debió resultarle muy doloroso sufrir. Luis Sampedro, en la guerra, se pasó cuando pudo al ejército de Franco, rememorando mucho más tarde su horror ante las crueldades del mismo, lo que no le impidió estudiar con premio extraordinario en la primera facultad de Económicas del país, ordenada por el tirano, ser catedrático en 1955, y hacer gran carrera como profesor, ensayista económico y novelista, y moverse libremente por universidades useñas o inglesas, como tantos otros. ¡Cuánto sufrimiento, en efecto!

No son, repito, casos raros: todos o casi todos los que padecieron los horrores del franquismo hicieron carrera en él, viajaron libremente dentro y fuera del país, leyeron libremente, a veces escribieron, libros marxistas o inspirados en el marxismo, que desde mediados de los años 60 cundían en los medios intelectuales. Lo hacían, cabe suponer, odiando al mismo tiempo, en su conciencia íntima, el terror y la miseria del régimen, porque deseaban para España una repetición de las delicias republicanas que tanto “asombraron al mundo”. Como vamos comprobando, la farsa es una seña de identidad permanente e incansable del republicanismo y del socialismo españoles ya desde los años 30. La garrulería de los firmantes concuerda con la descripción de Azaña sobre los republicanos de su tiempo: “gente impresionable, ligera, sentimental, y de poca chaveta”. Por no recordar otras descripciones mucho menos benévolas.

 

¿Qué fue, en fin, la república? Ya en el Pacto de San Sebastián se percibieron claramente tres concepciones distintas de ella: la de Alcalá-Zamora, en principio democrática; la de Azaña, especie de despotismo pretendidamente ilustrado; y la socialista y separatista-racista, que la entendían como instrumento, unos para conseguir su dictadura “proletaria”, y los otros para disgregar la nación y gobernar sobre varios pequeños estados Esta triple concepción da la clave, creo que más precisa, para entender la dinámica del conflicto interno del régimen y su desarrollo.

El grueso de la derecha, muy alarmada desde la quema de igesias y bibliotecas, y luego por una Constitución anticatólica, vio la república como un mal, inevitable a causa del suicidio de la monarquía y al que tendrían que adaptarse esperando de ella cierta fidelidad a sus declaradas normas democráticas. Esta venía a ser la postura de la CEDA y de Franco. Otra derecha, minoritaria, mostró enseguida una hostilidad abierta e impotente, por el tono azañista que pronto adquirió el régimen. Alcalá-Zamora no solo flaqueó en la defensa de los principios democráticos sino que, buscando congraciarse con la izquierda, colaboró con Azaña y Prieto para hundir a Lerroux y su partido moderado, y expulsó del poder a una CEDA respetuosa con la legalidad. Con ello, como le vaticinó Gil-Robles, allanó el camino a la reanudación de la guerra civil.

El antidemocrático designio de Azaña de “una república para todos pero gobernada por los republicanos”, sobre la base de una “inteligencia guiando a los gruesos batallones populares”, fracasó enseguida: los batallones (PSOE-UGT), no solo no se dejaron dirigir por una inteligencia irrisoria, como denuncia el propio Azaña, sino que la arrastraron.

PSOE y separatistas valoraron que la experiencia de los primeros tres años del régimen había hecho madurar las condiciones para alcanzar sus objetivos fundamentales. De ahí la revolución socialista-separatista de octubre de 1934. Su insurrección, aunque derrotada, dejó malherido al régimen, que sería rematado 16 meses después por el golpe de gracia que fue del proceso electoral fraudulento entre febreroy abril de 1936, en el que colaboraron socialistas, separatistas y azañistas en un Frente Popular.

Algunos otorgarán a este análisis un interés meramente académico, pero, por el contrario, entender la república tiene valor muy actual, como estamos viendo.Una política que prescindiera de una concepción de la historia sólida y lo más veraz posible, nunca pasaría de soluciones parciales y superficiales, condenadas a doblegarse ante la concepción, falsaria pero sostenida con agresiva energía, de quienes se sienten o quieren sentirse herederos del Frente Popular (“la República” en su lenguaje)

La república fue la desembocadura de una crisis profundizada a partir del “desastre del 98”, con el descrédito de la idea de España y el surgimiento de nuevas fuerzas subversivas que la Restauración no logró encauzar. La monarquía cedió el poder de modo tragicómico porque, entre el acoso de sus minoritarios enemigos y sobre todo de los intelectuales más influyentes, llegó a perder confianza en su propia legitimidad. La república tuvo la legitimidad que le entregó la monarquía, y su desarrollo posterior responde a la confusión y el choque entre las mencionadas tres concepciones sobre ella. Posiblemente el régimen se habría estabilizado si hubieran predominado en él dirigentes moderados como Besteiro, Lerroux o Gil-Robles. Pero a Besteiro lo devoraron, digámoslo así, los propios socialistas, y los otros fueron liquidados políticamente por un Alcalá-Zamora considerablemente perturbado.

Y el factor principal de la ruina republicana fue sin duda el PSOE, por ser el partido más fuerte y organizado del régimen y por mantener una ideología marxista que, como sostenían sus principales dirigentes, era incompatible con la democracia. El manifiesto señalado antes fue precisamente el prólogo a una llamada ley de memoria histórica, que en su misma concepción revela que la tradición totalitaria del PSOE se mantiene bastantes décadas después de haber destruido la legalidad republicana.

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Una vez fracasado el maquis, que no fue otra cosa que el intento de reiniciar la guerra civil en las condiciones aparentemente más favorables, la estrategia comunista pasó a la infiltración en el sindicado vertical y sobre todo en la universidad y medios intelectuales, en los el PCE obtendría sus mayores éxitos, aunque fuera el PSOE quien los aprovechara. Hasta hoy mismo, con la leyes de memoria “democrática”. Otra táctica que consiguieron hacer tragar a multitud de bobalicones de derecha fue la dela “reconciliación nacional”, que no perseguía otra cosa que hacer que la sociedad se reconciliara con los comunistas para aplastar a los vencedores de la guerra, al franquismo, que había salvado al país de la guerra mundial, del maquis y estaba reconstruyendo con éxito el país.  314 – Los comunistas se “reconcilian” | Metodología (youtube.com)

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