El mayor estadista
Ayer puse el blog sin recordar que hoy es una fecha histórica, aniversario de la muerte del mayor estadista que ha tenido España en al menos dos siglos: el que venció a sovietizantes y separatistas, salvó a España de las atrocidades de la guerra mundial, derrotó al maquis comunista y las maniobras internacionales conjuntas de países comunistas, democráticos y dictatoriales para aislar y hambrear la nación, mantuvo la unidad e independencia nacional, y dejó un país reconciliado y próspero. Nadie ha hecho más por España en varios siglos. ¿Quiénes le odian? No los demócratas, que nunca le hicieron oposición. Le odian los etarras y sus corruptos amigos del gobierno, los separatistas de todo pelaje, los comunistas y los señoritos del PP, condenados por su inanidad y oportunismo a alimentarse de los desechos intelectuales de la izquierda. Bien mirado, no es de extrañar ese odio, lo sorprendente sería lo contrario.
Hoy la herencia del franquismo, es decir la unidad e independencia nacionales, la paz, la reconciliación, y sobre todo la libertad, están seriamente amenazadas por unos políticos corruptos, totalitarios y estafadores que no viven en la mentira sino de ella. Pero esto es así también porque quienes más o menos entienden los méritos de Franco, son incapaces, por confusión y pasividad, de contrarrestar a los odiadores y crear opinión pública. Y esto parece tener mal remedio, por ahora.
*************************
“Una novela dantesca” (Aquilino Duque)
******************************
Otoño de 1943: el franquismo sufre amenazas internas y externas cada vez más serias, pese a lo cual se consolida 205 – El franquismo se consolida frente a amenazas internas y externas – YouTube
******************************
El tiempo extraño (6).
Como decía, era un lugar común en la oposición antifranquista la elevación moral y cultural que experimentaría la sociedad cuando, por fin hubiera llegado la libertad o lo que llamaban libertad, tras el fin de “la dictadura”. Sin embargo recuerdo bien los años de la transición, cuando vivía en la clandestinidad pero atento a los fenómenos sociales en marcha. Bien pronto se empezó a hablar del “desencanto” ante aquellas expectativas. Los jóvenes se volvían “pasotas” y las retóricas políticas “les resbalaban”. Antes, aunque fuera por curiosidad, bastantes personas recogían los “panfletos” que tiraban los partidos en el metro, las calles o las puertas de las fábricas, y ahora quedaban en el suelo, pisoteadas con indiferencia. Se intentaba crear una “épica de la libertad por fin conquistada”, pero realmente la democracia llegaba por evolución, sin conquista de ninguna clase; y era imposible ver nada épico en aquellos políticos y partidos que, salvo en parte los comunistas, se habían dedicado a prosperar y trepar en el franquismo, incluso en su aparato de estado… Saltaba a la vista que simplemente se proponían hacer lo mismo en la nueva situación declarando su aversión al régimen anterior, del que tantos beneficios habían extraído. Esta “jeta” era particularmente cómica entre los cómicos, es decir, entre gentes del teatro, del cine, intelectuales, etc. promovidas y premiadas abundantemente en aquellos horribles años de tiranía y páramo cultural. Y los que habían luchado, pocos, sugerían una historia más bien algo sórdida que épica. En fin, más que de épica liberadora eran tiempos de farsa generalizada, en la que casi todo el mundo hacía su papel alegremente.
Típica también fue la vasta difusión de la droga, desde el porro o la cocaína a la más dañina, la heroína. No conozco ningún estudio al respecto, pero puede afirmarse que miles de jóvenes murieron y muchos más quedaron más o menos idiotizados por sus efectos. El PCE no era partidario, pero el PSOE fomentaba la nueva tendencia de “libertad”. En la prensa se preguntaba al respecto a los líderes de las juventudes de los partidos, y también los de derecha se mostraban comprensivos, “¿quién no se ha fumado algún porro?”. También la pornografía subió en flecha, a menudo mezclada con la política “democrática”. La revista pornopolítica Interviú alcanzó una tirada de un millón de ejemplares, absolutamente insólita. Y también subió en flecha la delincuencia común, con revueltas en las cárceles y asesinatos entre presos, creo recordar que llegaron a jugar al balón con la cabeza de alguno. En el lenguaje corriente se introducían muchos términos del caló carcelario, e iba infantilizándose
El negocio de las alarmas, puertas blindadas y empresas de seguridad, antes prácticamente inexistente, se fue convirtiendo en un pilar no desdeñable de la economía. Recuerdo aquel tiempo también por las estridentes sirenas policiales a cualquier hora y en cualquier sitio, y también por el sonido de las alarmas de los coches, que te despertaban a cualquier hora de la noche.
También aparecieron las fiestas con mucho ruido en pisos o simplemente los “botellones” (esta cutre palabra vino más tarde) en la calle y en los bares hasta altas horas de la noche, que no dejaban descansar a los vecinos que debían levantarse pronto para ir al trabajo, de quienes se burlaban abiertamente, también en prensa como en El País. España había entrado en un jolgorio de libertad, hedonismo, decibelios y cachondeo a todo trapo. Parecía que “la democracia es así”, o bien que había que tolerar una etapa pasajera de tales alegrías como desahogo por la brutal represión antes sufrida. . En la prensa se extendía el chismorreo sexual de unos y de otros… Hay que decir que los comunistas explicábamos estos fenómenos “culturales” como manejos de la burguesía para apartar a los obreros y los jóvenes de la lucha y disolver su “conciencia de clase” o “revolucionaria”. Otros creo que los atribuían a la masonería o al propio comunismo, o al sionismo. En realidad, creo que eran fenómenos espontáneos, solo en parte dirigidos desde la prensa y los medios, donde iban asentándose “los putos y las putas”, como decía un comentarista.
Cualquier protesta era tachada de “represora”, “conservadora”, “puritana”, adjetivos de intención negativa… o de “nostalgia del franquismo”, aquel páramo cultural y social donde nadie se divertía bajo un yugo oscurantista de terror policial. Lo del “páramo cultural” fue tomando cuerpo de la pluma de unos intelectuales que hoy han pasado en su mayoría a un merecido olvido, aunque no sin dejar su huella.
Este ambiente no muy paradisíaco se completaba con oleadas de huelgas nunca vistas, que hacían quebrar a numerosas empresas; un desempleo tampoco visto anteriormente; y una abundancia de mendigos, que habían prácticamente desaparecido bajo la brutal tiranía del régimen pasado. Y por supuesto estaba el terrorismo en ascenso, sobre todo el de la ETA. Llamar a todo esto democracia, cultura, elevación moral o cosa parecida… se puede hacer, por supuesto, por qué no, ¿no estamos en un país libre? Pero es interesante recordar también que cuando el PSOE llegó al poder lo hizo con la consigna del “cambio”, un cambio solo posible con la “honradez y firmeza de cien años” demostrada por aquel partido. Recuerdo que salieron incluso adivinos pronosticando para España, bajo los socialistas, un período de florecimiento económico, cultura y política como nuna se había soñado. Por eso ahora las lumbreras de la “memoria histórica” dicen que la etapa anterior no había sido de “verdadera democracia”, sino de “crímenes franquistas”.
Debo decir que el PSOE siempre me produjo especial repugnancia, aunque por razones distintas. Entonces porque percibía claramente su desvergonzada usurpación de una lucha antifranquista que no realizó, y su demagogia social no menos desvergonzada. Posteriormente, por razones de más peso.
****************************
Persistentes efectos nefastos





