Afganistán y democracia en crisis / Una loa y encomio de Cela / Charlatanes (XXXIX): liberalismo simplón de Vilches

Afganistán y crisis de la democracia

El modo lamentable como ha sido derrotada la OTAN en Afganistán revela por sí solo una democracia en crisis,  no terminal, desde luego,  pero sí muy peligrosa. Una democracia tiene en principio la doble ventaja de que amplios sectores de población pueden expresarse, y que la confrontación y debate de ideas permite –aunque no garantiza– la elección de la mejor política.  En democracia, los medios de difusión cumplen al respecto un papel esencial como formadores de opinión pública, pero desde hace muchos años la tendencia de ellos es totalitaria: defensa a ultranza de determinadas posiciones (feministas, ecologistas, abortistas, migracionistas, homosexistas, etc.) y marginación progresiva de cualquier oposición. Acabamos ver cómo  facebook, tuíter y otras redes sociales han dado plena voz a los talibanes mientras prohibían expresarse  nada menos que al ex presidente de Usa. Esto no es una anécdota: refleja el hecho de que los grandes medios de expresión y opinión han marginado en Usa la voz y los intereses de la mitad de la población, a la que se intenta silenciar. Lo mismo ocurre en la UE, que adopta acciones amenazantes y totalitarias contra los gobiernos que como el polaco o el húngaro, desafían ese “pensamiento”. Que es, además un pensamiento histérico. Y esto es más grave que la derrota en Afganistán, debida en parte a ese “pensamiento”.

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Una loa y encomio de Cela

Me escribe Juan Calaza sobre la riña entre Javier Marías y Cela aludida en el blog:

No siento ningún respeto por Marías como escritor, su última novela –“Tomás Nevinson”, que hubiera podido titularse “Yo, Yo, Yo”, hasta pone en portada el retrato del actor francés, Gérard Philipe, al que dice se parecía de joven-  se me caía de las manos, si en un pie me lo rompe. Además le sobran 400 paginas, más de la mitad.  Sin embargo considero a Cela extraordinario escritor, por encima de Valle y Baroja. Y leí todo de los tres: 

VUELVO A LEER la obra de Cela con la que tengo trato habitual desde hace cuarenta años sin que me aburra ni fatigue y de la que, por el contrario, siempre extraigo enseñanzas de provecho. La crítica literaria en Galicia, salvo las excepciones de rigor, no ha sido justa con su memoria ni con su honor lo han sido quienes enjuician los más oscuros avatares de su vida, que siempre han estado claros para sus amigos, y que él admitió sin sonrojo. Pocos hay, en efecto, que hayan acertado con el diagnóstico de lo que ha representado en la historia de la literatura contemporánea Madera de boj, Oficio de tinieblas 5 o Mrs. Caldwell habla con su hijo . Por la misma razón que tampoco otros han acertado a colocar en su sitio, vagamente hacia las nubes, la prosa sin brillo, la poesía patriotera o el ensayo chapucero de tanto escritor insustancial. Esta desorientación crónica, tan gallega y española, nos hace pagar ya gravosas esterilizaciones en sus consecuencias pues rompe una continuidad y una serenidad sin la cual no hay manera de asentar la innovación. ¿Zonas oscuras en la vida de Cela? Qué pensar entonces de las de quienes han utilizado en plena democracia su poder político para eliminar al adversario y encumbrar al camarada. En las vastedades del mundo universitario y literario, sin ir más lejos, hay ejemplos a miles. Por no hablar del clima de delación y persecución que se ha instalado en Cataluña y en el País Vasco y que, de momento, Fraga nos ahorró, gracias le sean dadas, en Galicia. Se ha dicho hasta la saciedad, y quizás haya sido Miguel García-Posada quien más atinadamente lo ha expresado, que las fuentes nutricias de Cela fueron el realismo literario español, con Quevedo y Valle Inclán a la cabeza, y los escritores surrealistas, principalmente de filiación francesa. De la primera de estas influencias habría de salir La familia de Pascual Duarte , tan duramente española en su planteamiento y desenlace pero que -como A esmorga - trasciende el ámbito de la ferocidad carpetovetónica para plantarse en la universalidad en la que habita L’Etranger , mostrando las entrañas de la condición humana, el desvalimiento y esencial soledad de toda persona. De ahí que conserve, aún hoy, toda su rozagante lozanía. Del surrealismo mana el arroyo verbal deliciosamente delirante en que convierte a Mrs. Caldwell . Y aunque de efectos menos duraderos -pero que se manifestaron en el alumbramiento de La colmena- las novelas de Faulkner y sobre todo de Dos Passos, en su canto coral de personajes colectivos, sirvieron a la mano del maestro como modelo literario para la exposición de un carrusel tan ceñidamente definitorio de la posguerra española. Todo ello, sin embargo, no es sino balbuceo del instinto de muerte celiano, intentos fallidos buscando la expresión final de la novela, la estocada última a la herencia literaria decimonónica, a la que finalmente pone término en su testamento narrativo: Madera de boj . Porque si el Quijote marca el nacimiento de la novela Madera de boj la entierra. Superior a Ulysses , con la que muy acertadamente César Casal la comparó en estas páginas, el vendaval de palabras que transitan sin sosiego, ni destino, ni pretensión otra que la de la arbitrariedad del mundo encapsulada en unos centenares de páginas de belleza narrativa indescriptible, Madera de boj , que casi nadie ha leído, es el crimen perfecto, la obra maestra del destripamiento por jamás inigualado de ese asesino genial que fue CJC, tan gallego él. Velan los palos. (27.IX- 2004 en La voz de Galicia)

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Dos estafas

**”La NASA muestra cómo afectará a las playas españolas la subida del nivel del mar debido al cambio climático”. Es decir cómo afectaría a las playas una subida del nivel del mar  de dos o cuatro metros o los que sean, para lo cual no hace falta recurrir a la NASA. La cuestión es si existe ese supuesto cambio, y si realmente haría subir las aguas, y si la actividad humana tiene mucho o poco que ver en ello. La estafa histérica (“científica”) explotada  sin duda con otros fines.

**España está hoy gobernada por un fulano que no debería haber pasado de portero de discoteca o hasta de burdel.  Como tiene aspiraciones, se ha hecho un doctorado de chiste. Me intriga por qué la oposición no le recuerda constantemente la falsedad de su título,  que concreta también la de la universidad  y la democracia.

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra CivilLos Mitos Del Franquismo (Historia)

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Galería de charlatanes (XXXIX): Jorge Vilches o el sector simplón del liberalismo 

No había caído yo en que el señor Vilches “maneja los conceptos de la Ciencia Política y de la Sociología”; seguro que los maneja, además, muy bien y hace con ellos “historia científica”. No es el único. También solían hacerla Tusell, Reig Tapia  o Tuñón de Lara. ¡Felices ellos! ¿Quién no es científico hoy en España, aparte de mí y de cuatro más? ¡Por algo nuestra universidad es el asombro del mundo! Lógicamente, la ciencia debe exponerse con pompa y circunstancia, y la pedantería, que en otros terrenos constituye un defecto, es  aquí una virtud. Solo puedo felicitar al señor Vilches por haber alcanzado tales cimas intelectuales.

   En cambio yo, en mi vulgaridad, prefiero la sencillez,  la claridad y la concreción, sin grandes declamaciones ni necesidad de citar cien autoridades para concluir que el sol sale por el este. La verdad, no sé ni cómo me atrevo a debatir con tales lumbreras. Debe de ser por un defecto congénito, espero que el señor Vilches sepa comprenderlo y excusarlo. Y como Vilches, desde sus alturas, toca demasiados temas y demasiado brevemente, y todos ellos son muy importantes  para entender la España actual, iré tratándolos uno a uno, con más detenimiento.

   La clave de la discusión que yo he planteado es la de si los liberales debemos agradecer al franquismo la democracia (o lo que resta de ella, en plena involución), amén de logros como la derrota de la revolución, la neutralidad en la guerra mundial, la prosperidad, la reconciliación y otros muchos que debo repetir porque a mucha gente se le van enseguida de la cabeza; o si, por el contrario, el liberalismo debe execrar al franquismo como hacen los marxistas, los etarras, los separatistas o los progres en general, todos con los mismos argumentos, casualmente: que no era democrático y que derrocó a la democracia republicana.

  El mío es un planteamiento historiográfico. El señor Vilches, quizá liado en el manejo de sus altos conceptos, no ha entendido bien lo que yo he escrito y convierte el planteamiento en doctrinario. Así, nos descubre que el franquismo no era liberal. ¡Vaya, muchas gracias, señor Vilches! Y tacha de fraude el que yo equipare franquismo y liberalismo, algo que no he hecho. No se trata de mala comprensión lectora sino de que los sabios, ya se sabe, son despistados: se le nota en otros muchos puntos de su respuesta. Siguiendo con su doctrinarismo, concluye que, puesto que el franquismo fue antiliberal, los éxitos históricos que yo le atribuyo son puras ilusiones, “tópicos” sin fundamento. Se lo hace ver la ciencia, tal como la ciencia marxista nos hacía ver no hace tanto que la URSS era el país más democrático del mundo.

    En fin, lo diré de otro modo, a ver si se entiende mejor: la democracia viene del franquismo por dos vías: las condiciones de prosperidad y reconciliación nacional logradas en aquel régimen, y la autodisolución del mismo sin haber sido nunca derrocado ni siquiera derrotado (más la decisión democrática en el referéndum del 76 -ad). Y a la inversa: la democracia jamás podrían haberla traído ni una oposición básicamente  totalitaria, ni mil doctrinarios como el señor Vilches.

   Observemos esto: no había liberales en las cárceles de Franco, ¿por qué? Los que había, vivían perfectamente, hacían carrera bajo aquel régimen o en su funcionariado, entraban y salían de España y se expresaban con bastante libertad (y no solo liberales, incluso comunistas influyentes como Tamames, Castilla del Pino, Vázquez Montalbán o Manuel Sacristán, entre tantos otros). El caso de Julián Marías es paradigmático y lo cito en Años de hierro, referido a los años 40, que Vilches imagina (científicamente, claro) totalitarios. Marías fue excluido injustamente de la universidad, pero no de la vida intelectual: vendía sus libros y organizaba libremente  cursos y actividades varias: “Esto fue lo que me hizo sentir el valor del liberalismo económico (…) En la España posterior a la guerra descubrí el inmenso alcance de la economía privada: poder comprar carne, verduras o los trajes en un comercio particular, no en un mercado estatal; poder publicar en una editorial privada o en una revista del mismo carácter, aunque fuera con censura; cobrar algún dinero de una empresa también privada, no del omnipotente estado. Todas las libertades dependían de esta. En España no había libertad política y la economía estaba intervenida y mediatizada; pero eran cortapisas a una realidad que seguía siendo privada, múltiple, con la cual se podía contar y tratar. Había un coeficiente muy apreciable de libertad personal y social, porque subsistía un sistema económico que en sus líneas generales era liberal”.  

(También hay que decir que existía una libertad política muy considerable, aunque restringida para quienes habían ocasionado y perdido la guerra (ad). Y añado yo en el libro: “Tal sistema económico subsistía porque el régimen, que nunca creó un estado elefantiásico –muy lejos de ello— lo encontraba a su vez conveniente. Un indicador de interés es el número de funcionarios, que en esos años rondaba los 280.000 para unos 26 millones de habitantes. Cifra que cabe comparar con la actual, enormemente superior”.

    Podría citar muchos casos más. Tanto Marañón como Besteiro agradecieron explícitamente al franquismo haber librado a España de la pesadilla, y así hicieron otros muchos liberales o próximos al liberalismo. A la España franquista vinieron pronto figuras como Menéndez Pidal, Marañón, Ortega y Gasset y tantos más, que desarrollaron libremente sus ideas y escritos. Ortega encontró aquella España “con una sorprendente, casi indecente salud”, frase que nunca le han perdonado los antifranquistas. Los cuales, no por casualidad, son quienes más están perjudicando la democracia salida de aquel régimen.  

   Estas cosas –ya en los años 40— pueden ayudar al señor Vilches, si deja por unos momentos sus manejos científicos, a comprender qué fue el franquismo y cómo evolucionó en concreto, y por qué está en él el germen de nuestra democracia. En cuanto a Marías, aclara magistralmente en los párrafos citados una diferencia clave entre un estado autoritario y uno totalitario. Algo de eso he tratado en otra ocasión, aunque referido a un período posterior, y vale la pena la cita de Kolakowski:

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/rasgos-del-franquismo-marxismo-de-baratillo-5701/

   Y baste por hoy. Ya seguiremos con otros temas. Como las normas de LD sobre debates admiten solo cuatro artículos y mi turno se ha acabado, seguiré en el blog hablando de la cuestión, que no es una fruslería sino, como digo, una clave para entender todo lo que pasa hoy en España. Naturalmente, si el señor Vilches quiere seguir la discusión en el blog, lo tiene a su disposición (Obviamente, prefirió no hacerlo, innecesario preguntar por qué).

En LD,  16-6-2011: ¡Ay, Vilches…! / Descerebrados contra delincuentes / Delincuentes contra el Valle de los Caídos – Presente y pasado – Libertad Digital

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Noticias

“El satisfyer para parejas al 45% un smartwatch al 47% fulana de tal muestra cómo se ha remodelado el culo víctimas del atentado dicen que se sienten abandonadas amores platónicos entre celebrities  640 afganos huyen en la bodega de un avión militar eeuu admite que los talibanes han capturado muchas de sus armas y equipos ya no hay lugar seguro en kabul dice una joven  integrantes de bandas de rock que se odiaban entre sí fulana de cual sorprende instagram con un incendiario desnudo españa se dejó 4.000 millones en afganistán los grandes simios se saludan y se despiden una multitud aclama al preso de eta fulano de tal las residencias de lujos para ancianos en Madrid son más asequibles por qué pepsi se llama así los cortes de pelo que debes llevar icono del fútbol femenino mundial intimida a las chicas para que se arrodillen  amistad muy cercana de perengana  con el ex de mengana la juez quiere sentarle en el banquillo por patear a un anciano enfermo de cáncer de colon  suv poseído hace donas frente a iglesia el tiempo es talibán just eat alcanza enterró el caso de las niñas prostituidas y pide acoger a niñas afganas cuales son los videojuegos que más dinero ganan mueren de hambre 47  en una patera que iba a Canarias the weekend rompe el record maldita migración es apoyada por rights, equality and citenship lucha por evitar que se expulse a los menas escultura del escanciador desnudo sardinas marisco y paseos por la playa esoterismo ovnis y ocultismo enfrentamiento de fulana de tal tras las feísimas palabras de mengana la feroz depravación de un asesino adicto al sexo la prostitución masculina crece u 35% dos de cada tres españoles quieren formación militar para la infanta inunda de magia la puerta del sol first dates una comensal descarta al 95% de los hombres rebajas de mango outlet los pantalones crochet que fulana de tal amará descubrir la españa slow planeta inteligente

 

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Lecciones de Afganistán

Lecciones de Afganistán

La cuestión de Afganistán tiene al menos dos niveles para nosotros: las lecciones de la derrota de la intervención de Usa y varios de sus aliados, entre ellos España; y las lecciones que puede extraer la propia España.

La tremenda provocación de las torres gemelas exigía, desde luego, una réplica  adecuada, pareciendo la mejor posible la invasión de Afganistán,  su lugar de origen. En plena euforia por de confianza tras el derrumbe de la URSS, la operación se ofrecía muy beneficiosa: de paso que se castigaba debidamente el gran desmán,  se derrocaba a un régimen fanáticamente islamista y se instauraba otro prooccidental y  en principio democrático en el centro mismo de Asia, al lado de un Irán antioccidental, y un Pakistán difícilmente prooccidental, también con frontera con una China que por entonces no se preveía peligrosa.  La gran riqueza minera del país era otro aliciente. La orientación  hacia  una expansión global de la democracia al estilo useño iba a conseguir un éxito de gran significación, como poco después en Irak. 

 La invasión triunfó rápidamente,  y cabía esperar que las demás expectativas se cumplieran, incluso con gran beneficio económico. El resultado, en cambio, fue una guerra de veinte años que ha terminado en derrota, con un coste económico gigantesco (un billón de dólares o  hasta más de dos según algunas estimaciones). El coste humano, en cambio, ha sido relativamente bajo: poco más de 2.400 soldados useños muertos y 20.ooo heridos (100 muertos y 86 heridos españoles), y aunque el número de bajas mortales de afganos, civiles y militares multiplique por veinte estas cifras, sigue manteniendo la contienda en el terreno de la “baja intensidad”. La experiencia  recuerda más bien a la guerra  de Argelia que a la de Vietnam.

¿Por qué finalmente han salido malparadas Usa y la OTAN? Eso requeriría mucho detalle, pero en síntesis no ha sido solo  ni principalmente el fracaso militar en dominar el terreno, que también ha esterilizado las inversiones económicas, sino la imposibilidad de establecer un gobierno democrático o al menos prooccidental. Esta imposibilidad, pese al dinero derrochado, determinó las otras.  Hay algo peculiar en el islam, notado desde hace  siglos,  y es una especie de fuerza interna que ha anulado todos los esfuerzos, por las buenas y las malas,  de conversión al cristianismo o a los valores occidentales derivados de este. Y está, por otro lado, la crisis de la propia democracia, empezando por la useña y la de la UE, como se ha puesto de relieve en sus dos últimas elecciones presidenciales. Una crisis que debería analizarse a fondo. 

No es probable que los talibanes vayan a tener un dominio fácil sobre el territorio conquistado, pero eso tiene importancia menor. Lo relevante es, por una parte, el influjo psicológico  euforizante de la victoria talibán sobre el radicalismo musulmán y su terrorismo, desde Nigeria a Indonesia. Hay además otra derivación peligrosa: China está utilizando, al menos propagandísticamente, la victoria talibán para aumentar la presión belicosa sobre Taiwan. En cuanto a Rusia, procurará sacar algún partido político de la situación, pese a  la experiencia de su propia derrota en Afganistán, una de las causas del derrumbe soviético:  porque ahora el descalabro  no ha sido solo para  Usa, sino también, y no menos, para una UE hostil a Rusia  y en varios de cuyos países existen minorías musulmanas muy  difícilmente asimilables.   

Evidentemente, como españoles no podemos alegrarnos de esta derrota, que compartimos por sufrir unos gobiernos  indecentes. Pero permanece la particular posición histórica, estratégica y política de España en Europa y en el mundo, de la que la neutralidad, aun benévola hacia la OTAN, resulta la actitud más acorde como exponía sucintamente ayer en este blog. Critican muchos que España no es un aliado suficientemente fiable para Usa o la UE, como si estos fueran a su vez aliados fiables para España: ni lo son ni pretenden serlo. 

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449

 

 

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Afganistán/ Marías y Cela / Qué hicieron los conquistadores

Una lección de Afganistán

Si alguna lección podemos sacar los españoles de la derrota  de Afganistán (que también nos concierne), es la conveniencia de la neutralidad y la inconveniencia de la OTAN para España. La OTAN tenía sentido como elemento disuasorio frente al expansionismo soviético, dejó de tenerlo una vez caída la URSS. Lo tenía también como alianza  tutelada por Usa sobre una Europa occidental que se lo debía todo –no así España–. Además, como se viene demostrando, no está en condiciones de ganar guerras del tipo de las de Afganistán, Irak o Siria, o solo las gana  sembrando la destrucción política y la guerra civil, como en Libia. El problema militar actual para España se limita al Magreb, especialmente a Marruecos. Ese problema no lo va a resolver la OTAN (ni la UE), pues, entre otras cosas,  Marruecos es aliada muy importante de Usa. Además Usa no autoriza a utilizar sus armas compradas por España en un conflicto con Marruecos. Sin contar que la OTAN supone la invasión de nuestro territorio por Gibraltar, grandes bases militares extranjeras “aceptadas” dentro de España, que nos harían blanco de un eventual conflicto con Rusia. Por desgracia, nuestros políticos, los más indignos en muchos años, son incapaces de plantearse claramente estos problemas.  

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Dos momentos históricos novelados en los primeros dos tomos de una trilogía

Cuatro perros verdesSonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

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Javier Marías y Cela

Javier Marías detestaba a Cela. Se burló en 1987  de que el escritor gallego estuviera siempre en la lista de los nobelables sin conseguir nunca  el premio.  A su juicio, Cela no era  “el mejor escritor español vivo y merecedor del Nobel” (no explicaba quién o quiénes lo serían). Y cuando Cela lo obtuvo, dos años después, lo consideró “la peor noticia posible para la literatura española, al entronizar el folklórico tremendismo contra el que veníamos luchando las generaciones posteriores”. Otros novelistas  como Llamazares, Azúa y Muñoz Molina coincidieron con él, lo que hacía un coro bastante pobre. Marías y Cela  son personal y literariamente incompatibles, pero comparten la idea extendida entre los críticos de ser los mejores novelistas  españoles vivos y merecedores del Nobel.  Es lógico que un escritor aspire a ese premio,  aunque en definitiva tampoco es nada especialmente significativo: ¡cuántos nobelados resultan hoy perfectamente olvidados y olvidables! Aparte de que ese premio se concede mucho menos por méritos literarios que “progresistas” (y no cabe duda de que los padrinos de Cela consiguieron engañar o estafar al respecto a la Academia sueca).

Pese a su  incompatibilidad, Marías y Cela coinciden también en mediocridad, aunque de distinto signo. Cela no escribió nada que valga la pena desde los años 40, y Marías aún tiene posibilidades. Los dos han jugado un poco al antifranquismo para promocionarse, aunque mucho más Marías (un crítico cantamañanas del NYT lo enaltece por “desafiar el silencio sobre el pasado franquista de España”  ¡como si no llevásemos soportando decenios de griterío desvergonzadamente necio sobre ese pasado!). Por eso Marías ha atacado a Cela con hechos conocidos que  nada dicen sobre su calidad literaria: ” a) se había ofrecido como delator, en plena Guerra, a la policía franquista; b) había ejercido como censor; c) había hecho giras propagandísticas del régimen por Latinoamérica; d) había procurado y logrado el encargo de escribir una novela excelentemente pagada por el golpista y dictador venezolano Pérez Jiménez; e) había sido sufragado por empresarios de la construcción; f) más adelante pidió y obtuvo dinero público para su Casa-Museo o como se llame eso que se cae a pedazos en su villa natal; g) aceptó el estatal Premio Cervantes tras haberlo tildado de “lleno de mierda” cuando aún no se le concedía a él”.

Las riñas entre escritores son casi siempre entretenidas y generalmente dejan algo de miga. Otra opinión interesante sobre Marías, en La fiera literariaLa Fiera Literaria.  

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¿Qué hicieron en realidad los conquistadores?

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Las patrañas de Las Casas y sus seguidores han dejado una impresión perfectamente falsa de la actuación de los conquistadores, compartida hoy por el mismo papa Pancho, como tropas de bárbaros desalmados dedicados a asesinar masivamente por pura diversión. De haber sido así, la América conquistada  no pasaría  de ser hoy un lugar perfectamente incivilizado o bien civilizado en otro idioma y por otras gentes, y en los dos casos la población aborigen habría desaparecido o quedado en residual.

La realidad es sin embargo muy otra. Los conquistadores eran al mismo tiempo exploradores. Trataban de  añadir a la corona de España inmensos  y difíciles territorios previamente desconocidos, por lo que debían ser capaces de explorarlos,  de  organizar la comunicación constante entre ellos y de orientarse también en el hemisferio austral sin ayuda de las constelaciones conocidas en el boreal. Estos meros problemas exigían  conocimientos científicos considerables.

Una operación de conquista no podía partir de la pura iniciativa de alguna o algunas personas. Era necesario obtener el permiso de la corona y  seguir las estipulaciones de la Casa de Contratación. Las estipulaciones eran complejas: la conquista se justificaba con el designio de la evangelización, por lo que debía llevar consigo algunos frailes; debía comprometerse a cumplir las leyes que prohibían esclavizar a los indígenas;  la tropa debía reunir un mínimo de hombres (doscientos, por ejemplo),  algunos ejercerían de médicos para curar las heridas o algunas enfermedades, y no portarían solo armas sino también  instrumentos de trabajo; y se comprometían a fundar ciudades. Esto último explica que los soldados y los mismos jefes no fueran exclusivamente militares (no formaban parte de un ejército oficial), sino que entre ellos debía haberlos expertos en  geometría, albañilería, labranza, navegación  y otros. Así, no solo fundaban ciudades, que aunque mínimas en origen exigían gran cantidad de pericias técnicas, y también, aislados en plena selva,   eran capaces de construir bergantines y navegar con ellos ríos caudalosos o por mar. En la toma de Tenochtitlán, los conquistadores construyeron también  bergantines desde los cuales atacar las canoas más bajas y más simples de los aztecas.

Por el tiempo en que Las Casas pregonaba sus acusaciones, apenas medio siglo después del Descubrimiento, numerosas ciudades punteaban el continente desde el Rio de la Plata o Perú hasta Méjico, se había autorizado la primera universidad del continente en Santo Domingo y pronto seguirían las de Lima y Méjico, el tráfico atlántico se había vuelto bastante regular e intenso, y los atiborrados barcos transportaban todo tipo de mercancías europeas, incluidos libros e imprentas, pagadas con el oro y la plata y mercancías americanas (patata, maíz, etc.). El 20% de los metales (“quinto real”) iba en impuestos para la corona y otra parte al pago a diversos comerciantes, mientras que la mayor parte se quedaba en América dinamizando una economía ya mucho más compleja y productiva que las indígenas.  Se abrían numerosas comunicaciones por tierra y mar, y en las ciudades más importantes (hoy capitales de los nuevos estados) se erigían edificios no inferiores a los europeos.

Los indígenas recibieron también importantes ventajas: la mayoría cesó de estar oprimida por potencias imperiales que practicaban el canibalismo, el esclavismo o los sacrificios humanos.  La importación de plantas y animales del viejo continente hicieron más variada la alimentación, aportándoles especialmente proteínas; la introducción de la rueda, de los asnos mulos y caballos  permitió liberar a gran número de indios de trabajar como bestias de carga. La  difusión del español como lengua de comunicación permitió superar el aislamiento entre decenas o cientos de lenguas ininteligibles entre sí…

En solo medio siglo la faz del continente estaba cambiando radicalmente, gracias a las aventuras inimaginables de los conquistadores. Quizá fuera preferible la fragmentación, la incomunicación e ignorancia, el canibalismo y los sacrificios humanos, etc. Más ecológico, afirman algunos que, desde luego no renuncian a las ventajas cuyo origen está en la conquista.

 

 

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Por qué la guerra civil / Franquismo y leyenda negra / La berza literaria / Charlatanes (XXXVIII) Despiadado Pedro Corral

Causa de la guerra civil 

¿Por qué se libró la guerra civil? En última instancia, por la continuidad histórica de España, amenazada por la sovietización y/o la disgregación. Por encima de cualquier otra cuestión, el franquismo significó exactamente eso. Y democráticamente el pueblo volvió a elegir la continuidad  nacional en el referéndum de 1976, aceptando la necesidad histórica del franquismo. Lo cual fue  traicionado progresivamente hasta volver a la amenaza de disgregación y totalitarismo, y al golpe de estado permanente.

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Franquismo y leyenda negra.

El penúltimo episodio de la leyenda negra ha sido la hostilidad exterior hacia el franquismo, más el antifranquismo interior. Es normal que en esa hostilidad hayan estado juntos soviéticos, anglosajones y países de Europa occidental. Los primeros, por haber sido vencidos en España; los segundos, por tradición y porque España escapaba a su mesianismo, aspirante a modelar al mundo de acuerdo con su ideología; y Europa Occidental porque España se había salvado de la guerra mundial y de la abrumadora carga moral y política con los ejércitos useño y soviético, y con las finanzas useñas: ¡era una ofensa  intolerable que España se reconstruyera con sus propias fuerzas desafiando la hostilidad y el aislamiento!

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

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Literatura de la berza

Suele llamarse literatura de la berza o incluso generación de la berza, a la que también se denomina de “realismo social”. Que era un realismo socialista dedicado, no a cantar los logros asombrosos del proletariado soviético, es decir, del partido comunista que supuestamente representaba al proletariado, sino a preparar en el franquismo, mediante indignaciones, la llegada de tan feliz futuro a España. Aquilino Duque  ha definido aquellas obras como “Berzas que hervían en el puchero del proletariado”.  Más propiamente hervían en el puchero de sus fantasías que ellos creían proletarias. El problema con aquella literatura fue su falsedad  social y política, y desde luego literaria: dedicados a  “dar testimonio crítico de tanta opresión e injusticia” de “la España mediocre y tristona del franquismo”, donde ellos parlaban sin cesar en tertulias y foros, publicaban y ganaban premios.  Si en vez de realismo social se le llamara “indignacionismo atrabiliario”,  la cosa quedaría más apropiada. Eran indignaciones con la realidad en función de un estado beatífico que solo existía en sus fantasías seudoproletarias o seudoprogresistas. Ahí militaban desde Blas de Otero o Celaya hasta Juan Goytisolo o Martín Santos.

Sería muy interesante una historia objetiva de la literatura española desde los años 40 a la actualidad.  Cela podría servir, quizá, de medida: sus mejores obras datan de los años 40.  Después fue un descenso continuado de calidad.  Hoy predomina una literatura entre cipotuda y de entretenimiento banal.

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Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

Galería de charlatanes (XXXVIII) La despiadada simpleza de Pedro Corral

   Un político del PP, Pedro Corral, se ha creído en el caso de instruir a sus colegas, desde el diario ABC, sobre lo que fue la guerra civil. Buena intención, aunque temo que él mismo no  demuestre tener mucha idea al respecto, cosa muy común en nuestros políticos.  Algunos nos hemos empeñado en investigar y desentrañar las motivaciones y mecanismos de aquella guerra de tanta trascendencia en España y fuera de España, pero según el señor  Corral no hacía falta tanto esfuerzo. La cosa fue de lo más sencillo: a unas mínimas minorías (“canallas y sádicos sayones” les llama sádicamente Pedro J Ramírez) les dio un buen día por matarse entre ellas y de paso arrastrar malamente a millones de personas que solo pasaban por allí y no tenían el menor interés en luchar por nada. Así de facilito. O sea, el pensamiento sustituido por  simplezas envueltas en moralina de barra de bar.    

   Para justificar su llamémosla tesis, Corral “descubre” que las fuerzas militares de ambos bandos fueron engrosadas mayoritariamente, desde las primeras semanas, por la recluta forzosa. Las imágenes de millones de aguerridos milicianos y falangistas, dice,  serían solo pura propaganda. Corral no sabe que lo común en las guerras es que los soldados sean mayoritariamente de recluta, lo que no implica  que vayan necesariamente “a la fuerza”. Y lo de los millones de milicianos y falangistas, nadie lo ha dicho nunca, Corral se lo inventa para pasar por desmitificador.  Pero sí surgió desde el primer momento un número extraordinariamente alto de voluntarios en los dos lados, no millones, pero sí decenas e incluso cientos de miles. Con ellos, básicamente, Franco pudo haber ganado la guerra en cinco meses (el profesional Ejército de África era muy voluntario) aunque empezara pronto a movilizar quintas. Y los rojos pasaron a  regularizar el ejército porque los voluntarios, con todo su entusiasmo, rara vez  tienen el orden y la disciplina precisos para una guerra prolongada. La ignorancia de la lógica militar permite al señor Corral descubrir la sopa de ajo y, deslumbrado por su hazaña, tratar de enseñársela a los demás.     

   Por lo tanto, afirma, el factor clave de la inmensa mayoría de los soldados fue “la lealtad geográfica”. De ese supuesto gratuito (habría asegurado la victoria del Frente Popular, que en un principio dominó más “geografía” y población), deduce Corral que  la inmensa mayoría de los combatientes no tuvo libertad para elegir bando. “Factor clave”, llama a esta perogrullada, pues claro que cada bando aplicó la ley en su zona. Pero la gran mayoría de los españoles ya había elegido bando en las elecciones brutalmente radicalizadas de febrero de 1936. Y embrolla más la perogrullada: soldados de izquierdas reclutados en el Ejército franquista tuvieron que combatir contra soldados de derechas enfilados en el Ejército Popular. Cierto, pero el grueso de los soldados se identificó con el bando en que luchaba, bastantes procuraron pasarse al contrario y bastantes lo consiguieron. Otros más fueron fusilados por negarse a servir en el bando “geográfico”. Por cierto, al terminar la campaña del norte, los nacionales integraron en sus filas a la mitad de los 200.000 prisioneros, que no dieron ningún problema.        

   Sin embargo, informa nuestro historiador, muchos siguen pensando que un campesino pobre, sin ideas políticas, reclutado por Franco, será siempre un fascista, mientras que otro campesino pobre, sin ideas políticas, reclutado por Azaña, será siempre un antifascista. De nuevo la osada ignorancia. Azaña pintó poquísimo en la guerra y nunca reclutó a nadie; fueron los partidos obreristas, sobre todo el comunista, quienes impulsaron la recluta masiva. Entre los campesinos pobres de Extremadura y Andalucía predominaban los anarquistas y socialistas, mientras que los de Galicia y Castilla solían ser de derechas. Si el señor Corral hubiera estudiado un poco la época, sabría que la politización era extrema, con los odios correspondientes, y que no había mucha gente sin ideas políticas, aunque fueran muy primarias.     

   Cree Corral que las quintas reclutadas durante la contienda por ambos bandos deberían haber sumado 5 millones de hombres, pero que solo se reclutaron la mitad  de lo que deduce que la mitad consiguió “escaquearse” y evitar “ir al frente”.  Pero suele considerarse que el máximo movilizable de una población, salvo casos excepcionales, asciende al 10-12%. Y ese 10-12% fue el efectivamente movilizado entre nacionales y rojos (1.3 millones los nacionales y 1,7 los rojos, según R. Salas Larrazábal). Y de ellos solo una fracción va al frente  pues un ejército tiene una enorme cantidad de servicios que normalmente quedan en retaguardia. Y otra gran cantidad de adultos ha de permanecer  manteniendo las fábricas,  los campos y la administración del estado. ¡Qué lecciones maravillosas nos da este historiador pepero! 

Ignora además el señor Corral que la guerra de España no fue de gran intensidad comparada con otras muchas civiles y no civiles del siglo XX (puede ver alguna comparación en Los mitos del franquismo), que las bajas mortales  militares no fueron muy elevadas (en torno a 160.000 entre ambos bandos; la guerra civil useña en el siglo XIX causó más del doble para una población poco mayor), y que la mayoría de los frentes tuvo poca actividad la mayor parte del tiempo. Tampoco la movilización fue tan profunda que obligara a emplear masivamente a mujeres en fábricas y campos para suplir a los hombres, como ocurrió en la guerra mundial, por ejemplo. Un profesor debiera informarse bien antes de dar lecciones. 

   Al señor Corral le asombra agradablemente que hubiera desertores. Los hay en todas las guerras. La cuestión es cuántos  y en qué proporción en cada bando. Habla de “miles” y seguramente los hubo, unos para pasarse al otro lado y otros, los menos, para irse a casa; mientras sugiere la cifra de 2,5 millones entre desertores y escaqueados, que él imagina debían haber ido al frente (Comparados con este simplón, los  charlatanes de izquierda que vamos desgranando en este blog resultan  casi unos linces. Pero es el nivel intelectual del PP, una vez más).  Pese a  tan enorme número de supuestos desertores, nos indica que los castigos a ellos eran terroríficos: se ve que no ponían mucho empeño en aplicarlos.  Según él, en el bando nacional se detenía a los familiares del desertor y se confiscaban sus bienes, y si los familiares tenían antecedentes izquierdistas era probable que acabaran fusilados. Nunca había oído tal cosa, pero si fue así, las víctimas deberían contarse por cientos de miles, incluso millones de acuerdo con las gansadas de este exponente del nivel del PP. Tendría interés que el señor Corral nos aclarase cuántas fueron. Fue en el Frente Popular  donde los reglamentos llegaron a hacerse terroristas, como ha explicado R. Salas Larrazábal, a quien el señor Corral debiera leer con atención antes de ponerse a enseñar a sus colegas de la política, quizá un poco menos ignorantes que él mismo.  Pero obsérvese que el simplón pontifica nada menos que en el ABC, lo que indica tanto

   ”Ni para defender la República ni para atacarla hubo mucho entusiasmo entre los españoles de a pie”, viene a decir. Por supuesto. Como que la república, es decir, la legalidad republicana, había fenecido con las elecciones fraudulentas  de febrero del 36. Lo que había era un nuevo régimen revolucionario. Y es cierto que, pasados los primeros meses, decayó mucho el entusiasmo por defenderlo,  pero, aunque no lo crea el señor Corral, ocurrió algo muy distinto en el otro bando. Lo demuestran sus numerosos actos heroicos en condiciones casi imposibles, actos inexistentes en el Frente Popular: Gijón, Toledo, Sta. María de la Cabeza, Oviedo, Huesca… a los que desprecia el político porque no entran en la nómina de supuestos desertores y escaqueados que tanto le complacen. 

Cuatro perros verdes

   Se cree el señor Corral en la obligación de informarnos de su infinita compasión por todas las víctimas, que según él lo fueron de unos cuantos extremistas desalmados. De quien no tiene la menor compasión, en cambio, es de la verdad histórica y la necesidad de investigarla. Debería  hacer un pequeño esfuerzo por aclarar el sentido de un suceso tan dramático  más allá de la exhibición de facilones (y por ello hipócritas) buenos sentimientos –como si los demás carecieran de ellos—y de esa vanidosa condena a diestra y siniestra, como si a tantos españoles  les hubiera dado por matarse entre sí por las buenas, y obligar a otros a hacerlo. 

   Así que informaré brevemente a nuestro político de cosas generalmente bien sabidas:  el Frente Popular triunfó en unas elecciones no democráticas, destruyó la legalidad republicana y  emprendió un proceso revolucionario extremadamente violento. Dicho Frente se componía  ante todo de partidos obreristas que pretendían sovietizar a España, y  de separatistas que querían destruirla sin disimulo. Por sus diferencias  estos partidos se mataron entre ellos muchas veces, pero estaban de acuerdo en un punto esencial: la erradicación de la cultura cristiana en España, para lo que cometieron un verdadero genocidio. De modo que lo que estaba en juego entonces no eran las chifladuras vesánicas que el chiflado Corral atribuye por las buenas a unos y otros.  Estaba en juego la subsistencia de la nación española, de la libertad personal  y de la cultura cristiana. Por ello el proceso  revolucionario empujó a la rebelión del bando nacional. Parece lógico suponer que el señor Corral no se habría rebelado en modo alguno, sino procurado adaptarse a los revolucionarios y medrar entre ellos. Bien, allá él; pero eso no le da derecho a condenar con tan despiadada necedad a quienes eligieron oponerse a unas tendencias totalitarias y a la disgregación de España. 

   Y gracias a que vencieron los nacionales puede hoy el señor Corral soltar sus banalidades revestidas de “compasión”, “moderación” y “buenos sentimientos”, como si solo él los tuviera. Y va más allá, el hombre:  las consecuencias de la guerra habrían sido heridas casi incurables,  el exilio, la represión y una larga dictadura que sólo en la Transición, con el sacrificio de todos, se habrían empezado a restañar en serio. Del exilio volvió muy pronto la gran mayoría. La represión  castigó sobre todo a los chekistas y asesinos que tanto abundaron en el Frente Popular y que fueron abandonados por sus jefes. La larga dictadura no tuvo oposición democrática, solo comunista o terrorista, y escasa. La inmensa mayoría de la población se había reconciliado ya en los años 40, como prueba el fracaso del maquis. El franquismo  libró a España de la guerra mundial, de una nueva guerra civil (el citado maquis) y dejó un país reconciliado, libre de los viejos odios y próspero. Gracias a lo cual unos políticos de muy bajo nivel pudieron hacer una transición sin hundir al país… aunque han seguido en ello hasta hoy, llevando a España, nuevamente, a una crisis extremadamente grave. Políticos como el señor Corral, a quienes nada tiene que agradecer una democracia a la que no cesan de dañar. Habla mucho de perdonar, pero debiera empezar por perdonar  y no castigar  la verdad como lo hace, y por respetar a los millones de españoles que entonces sintieron intensamente su causa y lucharon por ella, en los dos bandos; y a los que supieron después reconstruir  el país en las más difíciles e injustas condiciones exteriores.  

   Un país que estos políticos parecen empeñados en echar abajo a base de mentiras y corrupción, empezando por la corrupción intelectual. Quizá el señor Corral crea que así se consigue una mejor relación entre todos. Pero sobre la mentira profesionalizada, que decía Julián Marías,  no puede  construirse nada sólido.

 

 

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Estafa del cambio climático / “Estreno” literario / Las Casas (IV) y Motolinía

El Doctor acusa a Abascal de querer una España “grande y libre”. Lógico, el Doctor la quiere disgregada, mísera y sin libertad. El vídeo de Abascal del pasado 25 de julio debería dar lugar a una campaña de todos los militantes y simpatizantes de VOX para hacerlo llegar a millones de personas. Veo que solo ha tenido poco más de 200.000 visualizaciones.  Pero el mensaje de Abascal tienen enorme importancia ante la situación política que vive España. Demasiada gente no sabe distinguir lo realmente importante de lo anecdóticoMensaje de Santiago Abascal a los españoles: “Hay motivos para la esperanza” – YouTube

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La estafa del cambio climático

La mayoría de las estafas pueden ser descubiertas a tiempo con solo aplicar la lógica y prescindir del halago a la vanidad que suelen acompañarlas. Y el llamado cambio climático tiene todos los rasgos de una gran estafa: se apoya en datos y supuestos inciertos  o incomprobables y hace predicciones que siempre fallan. ¿Por qué, sin embargo, tiene tanto éxito? Porque ha ido creciendo como una bola de nieve, involucrando a intereses políticos y económicos cada vez mayores, que sufrirían pérdidas morales y materiales en otro caso. El “cambio climático” se ha convertido en una gigantesca industria a su modo. En segundo lugar, porque apoya un designio de gran alcance, hablando en nombre de “la humanidad” es decir, usurpando su representación, con vistas a un gobierno universal. La ONU, es decir, las potencias dominantes en ella, serían el embrión de ese gobierno, al que no habría escapatoria. Y en tercer lugar porque explota una histeria difusa y extendidísima: la ciencia, presentada como el conocimiento cierto que eliminaría la angustia sobre el destino humano, vuelve  esa angustia más profunda. Sabemos que nuestra tierra es una mota de polvo insignificante en el espacio cósmico, que fuera y dentro de ella operan fuerzas gigantescas que podemos conocer o vislumbrar, pero no dominar y que podrían dar al traste con todo lo que estimamos y apreciamos, con nuestras sociedades, con la humanidad misma, sin la menor relación con los sentimientos humanos. Es más, el hombre mismo, manejando algunas de esas fuerzas,  ha adquirido la capacidad técnica de destruirse por completo, como resultado de fuerzas humanas internas asimismo difíciles o quizá imposibles de controlar conscientemente. La estafa del cambio climático explota esas angustias e inseguridades, a las que prometeos remedios  que podrían “privar a los seres humanos de los principales atributos de la humanidad”.

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“Estreno”  literario 

Hay un género literario que en España no ha tenido apenas representación. No es lo mismo la novela de tesis que la ideológica, aunque se emparenten. La  ideológica apenas tiene problema moral, lo da resuelto por anticipado, mientras que la de tesis se plantea siempre como un problema, adopte una solución u otra. Por eso digo que en España ha habido mucha novela ideológica, desde Galdós, pero poca de tesis, quizá ninguna. Y es, a mi modo de ver, porque tampoco ha habido verdaderos teóricos ni del anarquismo, ni del marxismo, ni del catolicismo o de cualquier ideología: se adoptaba una cualquiera con la fe del carbonero y se adaptaban los relatos a esa fe. Su novela Cuatro perros verdes me ha parecido un auténtico estreno en la literatura española porque no defiende una tesis, sino que expone y contrasta cuatro o cinco, acerca de actitudes ante la vida. El tema podría resultar un pestiño de argumentos abstractos, pero se inscribe en un relato, o mejor, en cinco o seis relatos de acción concentrados y en un transcurso temporal brevísimo, y eso no solo me ha resultado originalísimo sino también muy entretenido. Otras novelas de tesis como La montaña mágica, me resultaron duras de leer, y alguna falta de vida, como La Náusea de Sartre.   Anselmo González “Cristino”

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

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Las Casas (IV) y Motolinía

Las calumnias de Las Casas  causaron indignación no solo entre los conquistadores y colonos españoles de América, sino también a muchos de los frailes, entre ellos los llamados “doce apóstoles de México” franciscanos que no solo aseguraban la  protección de los indígenas, a menudo chocando con las autoridades civiles, sino  también en su instrucción en diversos oficios, que aprendían con rapidez. Uno de los más destacados, Toribio de Benavente,  llamado por los indígenas Motolinía, es decir “el pobre”, trabajó intensamente en Méjico, Nicaragua y Guatemala, aprendió la lengua náhuatl  y llevó a cabo los primeros estudios etnográficos e históricos sobre las culturas de aquellas tierras, en particular su  Historia de los indios de Nueva España.  Parte de sus obras se perdieron. Para desmentir a Las Casas escribió a Carlos I señalando las exageraciones y calumnias de este, y su actitud enfermiza: “No tuvo sosiego en esta Nueva España ni en La Española, ni en Nicaragua ni en Guatemala, ni aprendió lengua de indios ni se humillo ni se aplicó a les enseñar”; y le califica de  “inquieto, inoportuno, bullicioso y pleitista”, “injuriador perjudicial” que calumniaba a Cortés,  “no tiene razón en decir lo que dice y escribe e imprime, y en adelante, como será menester, yo diré sus celos y sus obras hasta dónde llegan y en qué paran, y si aquí ayudó a los indios o los fatigó”. “Todos sus negocios  han sido con algunos desasosegados  para que le digan cosas  que escribe con su apasionado espíritu contra los españoles”.

   Varios notables indios pidieron protección contra los “agravios y molestias” de los españoles, algo sin relación con el asesinato exterminador de millones que les atribuía  Las Casas, y que se nombrase  a este obispo de Chiapas. Y el fraile fue a Chiapas  como obispo en 1545. Su obispado no fue, como indica Motolinía, ninguna ventaja para la instrucción de los indios en materia religiosa o en oficios prácticos. En cambio promovió desde el primer momento los ataques y discordias entre españoles. Excomulgó al presidente de la Audiencia,  encarceló al deán de la catedral,  acosó a los sacerdotes excepto uno, negándoles la autoridad para confesar, animó a los fieles a denunciar a los sacerdotes que se portaran mal según sus criterios.  En sus Avisos y reglas para los confesores escribió: “Todo lo hecho hasta ahora en las Indias ha sido moralmente injusto y jurídicamente nulo”. Esta actividad un tanto obsesiva y denunciatoria terminó provocando la rebeldía de los españoles, sin que los indios se sintieran aludidos por unos u otro. Las Casas acudió a Méjico a una junta de obispos,  que apenas le prestó atención.  Entonces, sin pedir licencia a nadie, se volvió a España,  en 1547,  de donde no volvió a las Indias, habiendo desempeñado estérilmente su cargo en Chiapas, pero sin renunciar oficialmente al obispado hasta tres años después.  Ya en la corte, continuó sus polémicas con  el humanista Ginés de Sepúlveda,  con quien mantendría un célebre debate en 1550-51, consiguiendo que se prohibiera el libro de su contrincante  Democrates Alter  de su contrincantes.  

Para entender la verdadera situación a la que se había llegado  en Nueva España, entre tensiones constantes de los frailes con las autoridades civiles, puede servir  el testimonio del inglés, muy hispanófobo, Henry Hawks,  en 1572:  “Los indios reverencian a los frailes, porque gracias a ellos son  libres y no conocen la esclavitud” “Los magistrados del país  favorecen mucho a los indios (…) Si algún español hace daño a un indio (…) al instante se le castiga  lo mismo que si lo hubiera hecho a un español”. Si el daño se producía en tierras alejadas de las ciudades,  “el indio se calla, esperando mejor ocasión, y entonces, llevándose a un vecino consigo, se va a Méjico aunque sea a veinte leguas de distancia,  y presenta su queja. Al instante se le oye, aunque el opresor sea un caballero o un burgués fuerte, al instante se le manda buscar y se le castiga en sus bienes y en su persona (…) Esta es la causa de que los indios estén tan tranquilos y urbanizados (…) Si no fueran favorecidos de este modo, los españoles terminarían rápidamente con ellos o ellos asesinarían a los españoles”.

Motolinía tuvo muy duros enfrentamientos y problemas con las autoridades, pero su trabajo misional, económico e intelectual, basado en una apreciación realista de los hechos y de los intereses en pugna, viene a ser el modelo que permitió establecer uno de los imperios internamente más pacíficos de la historia. Las Casas, por el contrario, no hizo nada de provecho en favor de los indios, aunque perjudicó cuanto pudo a los españoles. Representa al agitador radical entre iluminado y perturbado, que cree haber encontrado las causas y los causantes de los males que afectan a la humanidad. Y por eso –y por su munición propagandística contra España–ha gozado de mil veces más crédito y veneración que Motolinía.  

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

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