Rufián tiene razón… incompleta
**¿Qué simboliza el Valle de los Caídos? La victoria sobre sovietizantes y separatistas, la paz resultante más larga que ha vivido España en siglos, y la reconciliación nacional auténtica, nada que ver con el fraude de la “reconciliación” comunista. Por eso todos los delincuentes que se consideran herederos de las chekas odian el Valle de los Caídos. Y por eso hay que defenderlo a toda costa. A pesar de los partidos basura y de la indecente pandilla farisaica de la Conferencia episcopal. A las personas de a pie corresponde comprometerse a fondo en esta gran batalla política y cultural. A ellas hay que apelar.
**Rufián ha dicho una gran verdad en el Congreso, aunque a medias: la monarquía proviene de Franco. Es un hecho histórico radicalmente irrebatible. Pero el PP, que odia la historia como desprecia la cultura, no puede replicar porque ha condenado a Franco y a cuantos con enorme sacrificio libraron a España del sovietismo y la disgregación. Por eso tiene el PP que tratar de ocultar una verdad con otra: que la monarquía ha sido aceptada democráticamente. La verdad completa es esta: la monarquía fue decidida por Franco y refrendada democráticamente en el referéndum de 1976, que los corruptos quieren olvidar. Pero sin la decisión de Franco no habría nada que refrendar.
**La cuestión de la monarquía tiene que ver con la democracia. Esta no podía venir, como vino, más que del franquismo. La oposición al franquismo nunca fue democrática, aunque empleara esa palabra fraudulentamente. Fue comunista y/o terrorista. Y durante el franquismo prácticamente nadie la reclamaba, porque popularmente se la identificaba con el caos republicano, el crimen del Frente Popular, y la alianza soviético-anglosajona que pretendió hambrear a los españoles mediante el aislamiento. Pero fue el franquismo el que creó una sociedad nueva, capaz de una convivencia en paz y en libertad. La cual, nuevamente, está siendo socavada y demolida por el antifranquismo.
**Cuando uno contempla la frívola mediocridad, ignorancia histórica y falta de principios de los políticos que hicieron la transición, –siempre exceptúo a Torcuato– se pregunta cómo la democracia no se vino abajo enseguida. No estuvo muy lejos de ello en 1981, pero si ha resistido bastantes años más, aun con muchas goteras, se debe precisamente, a la herencia del franquismo, en la que la monarquía ha desempeñado un papel moderador y continuista, a pesar de la baja calidad política y personal del monarca.
**¿Cuántos años hemos tenido democracia? Aunque cada vez más minada por el antifranquismo retrospectivo, puede decirse que resistió hasta 2007, es decir, 30 años. En dicho año se impuso la ley de memoria histórica, ley de tipo soviético que deslegitimaba al régimen que había salvado al país de soviéticos y separatistas, y por tanto deslegitimaba la transición democrática y la monarquía. Claro que esa ley no habría sido posible sin la condena por el PP, en 2002, de quienes derrotaron al Frente popular.
**La ley de memoria histórica es un ataque a la libertad, a la historia, a la verdad y a la inteligencia. Un régimen con leyes totalitarias como esta, no es una democracia. El hecho de que ningún partido o político quiera ver su transcendencia ya indica que esos partidos y políticos no son demócratas, no respetan la libertad y odian la verdad histórica. Y así tenemos una seudodemocracia asentada en la mentira y el fraude, y así vive España en golpe de estado permanente, practicado una vez más por los separatismos y un PSOE que nunca renunció a su trayectoria guerracivilista, liberticida y corrupta.
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El silencioso cambio de régimen por Zapatero: https://www.youtube.com/watch?v=uz21Z0Fq2og
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“Animosos ante el destino”
No entiendo bien a qué vino ayer tu comentario sobre Woody Allen, porque, la verdad, es un hecho casi trivial que mucha gente que externamente es triunfadora, viva por dentro una pesadilla o esté perseguido por fantasmas que quizá le provienen de la infancia, en fin, no tienes más que ver el éxito de los programas de la televisión y los medios en que se exponen las miserias de las famosas y famosos, todas esas historietas.
¿Y por qué tienen éxito? Porque los espectadores son gente muy sensata y psíquicamente asentada, que solo disfrutan con el espectáculo, como con un paisaje? No. Porque en esos famosos se ven reflejados, pese a su miseria de no ser ellos también famosos. Woody Allen, según sus memorias, vivió con gran intensidad desde pequeño la consciencia de la muerte y las miserias de la vida, “la gente no es nada buena”. Lo salvaba con su humor chistoso, pero solo a medias, claro. En una película lo expone con gracia: el niño (él mismo), deprimido, arguye: “El universo se expande y terminará por explotar, y no habrá nada. Para qué molestarse en estudiar entonces?” La escena se burla del psicólogo que le da la seudosolución obvia de que eso ocurrirá dentro de mucho tiempo, y más amablemente de su madre que le riñe: “Brooklin no se expande y tienes que hacer lo que debes”, o algo así. Unos, niños y mayores, son muy sensibles a esas cosas, y otros menos, es como la música o la poesía, que unos la sienten y otros apenas. Pero aunque nos riamos, a todos nos afecta.
Sí… Supongo por dónde vas. En Perros verdes, Santi confiesa el horror que le produjo el conocimiento de la muerte, siendo pequeño, las imaginaciones terroríficas que le venían a la mente, la pérdida de los seres queridos, el cadáver del perro descomponiéndose en la playa, lleno de gusanos… esas imaginaciones de una verdad que solo puede rehuirse porque no es soportable, ya decía Cela, “la muerte espantosa”, que es el absoluto desamparo. Koestler, en sus memorias, habla también del Horror que ya experimentó de pequeño como una sensación de desamparo absoluto, aunque por una exigencia vulgar, creo que por algo del dentista, y que más o menos ocultamente le acompañó toda la vida.
Es el desamparo y mucho más: es la negación de todo lo que constituye la vida, el sentido de las cosas cotidianas, el esfuerzo por entender… No es de extrañar que Omar Jayam preconizase “el vino y las mujeres” para olvidar tales cosas. Santi lo supera, como casi todo el mundo, simplemente olvidándolo, también cuando se presenta como la muerte de alguien próximo. “Mirar de frente” al horror tampoco importa nada frente a su decisión inapelable. Creo recordar que en una saga, un vikingo prisionero a quien iban a matar pide que le asesten el golpe clavándole la espada entre los ojos, para comprobar si era posible mantener los ojos abiertos en aquel trance. Una cosa de ese estilo. Siempre se ha apreciado mucho el valor ante la muerte, el desafío a ella, pero en definitiva uno podría pensar: ¿y qué más da la resignación, el desafío, el valor, el llanto o el temblor? Nada de eso cambia la cosa.
Pero tú has dicho que tus personajes “son animosos ante el destino”, y me parece llamativo, porque la inmensa mayoría de la literatura no trabaja con tales personajes, prefiere más bien a las víctimas o en todo caso prefiere también sucesos y relatos en que la muerte no aparece apenas, o aparece solo como un motivo de diversión, como en la novela policíaca en general: un asesinato convertido en un pretexto para dar caza al asesino, un juego, en definitiva. En gritos y golpes es evidente ese “ánimo contra el destino”, ya que no deja de ser un relato de guerra, pero en Perros verdes no lo veo claro.
No todos los personajes son así. Paco y Alberto en la novela anterior lo son, y algunos más, en definitiva los que van a Rusia. Y también el padre criminal de Alberto, que voluntariamente se mete en todos los fregados posibles. Pero quedarían algo pobres solo con tales personajes. Hay bastantes más que resultan un tanto miserables, como el tío de Alberto, o el señorito que quiere disputarle a Carmen, o los curas a los que ayudan a cruzar los Pirineos… En Perros verdes, si te fijas, y aunque en condiciones menos dramáticas, los cuatro se plantean cuestiones que la mayoría de la gente prefiere rehuir.

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