Crónica
**Hace bien VOX en plantear la moción de censura. No saldrá, obviamente, pero permitirá explicar la situación a millones de españoles
**Abascal se equivoca al hablar de que no es una opción egoísta, de que tiende la mano, o de su afecto al cretino Casado. Esas ñoñerías dan imagen de debilidad. Si VOX plantea la moción es porque quiere ser la alternativa contra todos los demás. O lo asume o entrará en el juego como un “extremo”.
**La moción debe dirigirse también como denuncia al PP. Recordar en qué consiste su “centrismo y moderación”: en repartirse poder y dineros con separatistas y PSOE. En seguir la política de estos. Y recordar lo que ha hecho una y otra vez. Ofrecerles la posibilidad de cambiar, sabiendo que no la aceptarán.
**El PP no es “la derechita cobarde”. No es cobarde, es cómplice claro y decidido del nuevo frente Popular. Los cobardes son sus votantes, cosa lógica mientras no surgía alternativa. ¿Ahora la hay?
**En VOX se perciben posturas de fondo diversas, que exigirán un proceso de clarificación. También es inevitable que se le haya metido mucha morralla, dado su rápido crecimiento
**Si VOX acepta el antifranquismo, por activa o por pasiva, se condena. La batalla por recuperar la historia es crucial. Si no se libra, VOX quedará como un apéndice pintoresco del PP.
******************
UNA HORA CON LA HISTORIA
Los gloriosos años 40 (1): Franco y Hitler | Entender el 18 de julio

*******************
Teoría de la novela
Usted insiste en que la literatura, y sobre todo la novela, desciende del mito. Esto podría ser aceptado fácilmente como un hecho histórico, pero no se entiende qué sentido teórico podría tener. Ninguna novela se ha parecido al mito, que no se molesta en buscar verosimilitud a su relato. La verosimilitud parece una exigencia.
El mito es un intento de desvelar la condición humana, y toda la literatura trata, de un modo u otro, de lo mismo: ese es su fondo general. Y aunque se exige verosimilitud, salvo los relatos puramente fantásticos, la novela es ficción de todas formas. Aparte de ese fondo, el relato por sí mismo produce un placer peculiar, ya desde los cuentos a los niños. Ese placer es distinto del fondo, que es la situación humana, sus conflictos y su misterio.
Habría entonces una literatura de puro placer, sea estético o de simple diversión. La vida es un valle de lágrimas, dice la Salve, pero es también un valle de risas, de tedio, de furias y de diversiones. Estaría de acuerdo en que la cultura actual es ante todo la cultura del entretenimiento, que tiende a subsumir la existencia en el entretenimiento, aparte del trabajo para mantenerlo. Y la novela cumple también esa función, el placer de la diversión.
No creo que haya literatura puramente de entretenimiento, porque, guste o no, siempre afecta a ese fondo de que hablamos. Pero lo que solemos entender por gran literatura lo afecta de manera más decisiva y evidente. La mayor parte de las novelas son superficiales y triviales, aunque en eso mismo define muchos fenómenos sociales e individuales.
¿Podríamos pensar en una Gran Literatura que habría cumplido esa misión de clarificar la condición humana, y después de la cual ya no valdría la pena indagar más? No deja de ser una posibilidad. Quizá la literatura actual es de entretenimiento en un noventa por ciento o más porque “ya está todo dicho”. Recuerdo un crítico que afirmaba que después de Proust era inútil escribir novela.
No creo. Como se dice en Antígona, de todos los misterios para el hombre, el mayor es él mismo, su propia condición. Nos podemos acercar al núcleo del misterio, por así decir, pero nunca agotarlo. Considere por ejemplo el mito de Edipo. Edipo salva a Tebas, castigada por alguna acción contra la naturaleza humana, y la esfinge le plantea un enigma precisamente al respecto. Edipo salva a Tebas, como dice el mito, pero ignora que el enigma le afecta a él directamente. Esto daría para mucha interpretación.
Nada que ver con la de Freud, entonces. Bueno, él creía que la condición humana era la condición sexual, que ahí radicaba la clave.
No, la condición humana es el mayor misterio para el hombre. Y como es algo abrumador, procuramos la diversión. “Nos entretenemos mientras nos llega la muerte”, decía alguien.
La muerte, la consciencia de la muerte, nos pone en nuestro sitio. Un sitio que al parecer no nos gusta, o nos asusta…
**********************
España descubre el mundo
Cualquier mapamundi nos informa hoy con notable precisión de la distribución de océanos, mares y tierras emergidas en el planeta. Y nos parece algo tan obvio que rara vez reparamos en que se trata de un conocimiento históricamente recentísimo. Durante las decenas de miles de años de existencia del hombre en la tierra, ningún ser humano tenía la menor idea clara del conjunto de esta. Solo desde hace poco más de cinco siglos empezó el hombre, en una serie de arriesgadas expediciones, a explorar, cartografiar y hacerse una composición mental del planeta en que habitaba desde tanto tiempo antes.
Aquella ingente labor exigió algo también nuevo en la historia humana: el cruce de los grandes océanos. Hasta entonces la navegación se realizaba siguiendo la línea de las costas o saltando entre tierras relativamente próximas. Los portugueses habían llegado así hasta la India y las Islas de las Especias, y se habían adentrado 1.400 kilómetros en el Atlántico hasta las Azores. Pero atreverse a penetrar miles de kilómetros en el océano sin saber lo que habría al final, si es que había algo o había un final, requería una especial osadía. Para la visión común, el mar y la tierra eran planas y se extendían sin fin, pero los expertos, ya en el siglo XV, incluso en tiempos del helenismo, creían saber que la tierra era redonda, y el cruce del Atlántico se hizo con la esperanza de llegar por el oeste a las mismas regiones alcanzadas por los portugueses en sentido contrario. En cambio lo que se encontró fue un enorme continente, insospechado tanto para los descubridores como para los aborígenes, y al que terminó llamándose América.
El primer gran jalón en aquellas empresas fue, pues, el cruce del Atlántico. Poco después se descubrió detrás del nuevo continente un nuevo océano, que resultaría ser más del doble de extenso que el ya atravesado, y cuya travesía fue igualmente abordada para llegar, por fin, a tierras ya conocidas, aunque muy vagamente. Para confirmar prácticamente la esfericidad de la Tierra faltaba solo volver al punto de partida siguiendo la dirección contraria a la inicial, y esto también se hizo. Todo ello, junto con muchas más expediciones y descubrimientos, en el curso de 30 años. Fueron estas audaces empresas, tan recientes en términos históricos, las que permitieron finalmente percibir y dibujar los contornos de la superficie del planeta, sus climas y mil particularidades más, y comunicarse unos continentes con otros.
Pues bien, esta labor gigantesca y sin precedentes se debe de modo muy principal a las expediciones españolas, que también cruzaron el Índico alejándose de las costas, a causa de la hostilidad portuguesa. Aquellas odiseas exigían una estricta organización a bordo y en tierra, y una técnica muy avanzada en la construcción de los buques y en los medios para orientarse en el mar infinito. Aquellos buques eran prodigios de la técnica,, por mucho que hoy nos parezcan primitivos como cáscaras de nuez e inseguros para afrontar los peligros del mar, por lo demás bien certificados por los cientos de naufragios y miles de marineros ahogados a lo largo del tiempo. Pero no era solo cuestión de técnica: los chinos tenían una técnica naval depurada, podían construir barcos más grandes, y sin embargo mostraron poco interés por explorar el mundo, llegando solo a África oriental costeando el Índico, parece ser, y sin consecuencias ulteriores. Fue, por tanto, una cuestión más de espíritu que de técnica aunque esta fuera también necesaria. Y vale la pena indagar en el inquieto y arriesgado espíritu de los exploradores y descubridores de entonces..