El descrédito de la historiografía universitaria

Rasgos del catolicismo español en la Reconquista: https://www.youtube.com/watch?v=L18MFp4ktqE&t=12s

La Reconquista Y España

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No me refiero, claro está, a toda la historiografía universitaria, sino sólo a la referida a la república y la guerra civil, cuya muy mediocre calidad intelectual y deontológica he podido comprobar fehacientemente, y ahora, por enésima vez, en un artículo de Javier Tusell, en El País, sobre el revisionismo histórico.

 El problema para Tusell es éste: En España ha aparecido un revisionismo histórico en los últimos tiempos que siempre ha movido a la duda acerca de si merecía la pena dedicarle alguna atención. ¿Duda? Ninguna. Tusell y otros de su cuerda le vienen concediendo la máxima atención. No la atención que uno esperaría de personas intelectualmente agudas y de espíritu liberal, sino más bien la de grupillos de poder con aspiraciones a monopolizar el cotarro, asustados por la competencia.

En cuanto a mis libros los otros aludidos hablarán de lo suyos, si lo estiman oportuno, las réplicas de Tusell y compañía nunca han pasado de exhortaciones a la censura, a sepultarlos en el silencio. El prestigioso historiador Stanley G. Payne, libre de las conocidas servidumbres de la universidad española, lo ha expuesto con precisión: Quienes discrepen de Moa necesitan enfrentarse a su obra seriamente y, si discrepan, demostrar su desacuerdo en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales que afronta en vez de dedicarse a eliminar su obra por medio de una suerte de censuras de silencio o de diatribas denunciatorias más propias de la Italia fascista o la Unión Soviética que de la España democrática.

A juicio de Tusell, el nefando revisionista “no parte de preguntas, sino de seguridades o de presunciones. No acude a fuentes primarias, sino a las secundarias que pretende elaborar con originalidad. Lo hace, sin embargo, con extravagancia, acudiendo a interrogantes inapropiados (…) suele magnificar el dato irrelevante para sus propios fines o tomar la parte por el todo. Huye de matices porque lo suyo es el dualismo maniqueo, la simplificación o la parcialidad“. Espléndida descripción inicial, cuyo único defecto es que no la demuestra en ningún momento. Son acusaciones por las buenas, simplemente.

Por descender de la retórica a los hechos, yo he basado lo fundamental de mi investigación en los archivos del PSOE guardados en la Fundación Pablo Iglesias, en especial el archivo de Largo Caballero, en el Archivo de Salamanca y otros, en el diario de sesiones de las Cortes, en las declaraciones de los políticos en la prensa de la época, en los testimonios de los procesos Es decir, lo he basado en fuentes indiscutiblemente primarias, como sabe muy bien todo aquel que me haya leído, en especial el libro Los orígenes de la guerra civil, el cual considero la clave del resto de mi obra. Si Tusell lo ha leído miente al decir lo que dice; y si no lo ha leído parlotea, y en ello se retrata, no precisamente como el intelectual serio por que pretende pasar.

los mitos de la guerra civil-pio moa-9788497340939los mitos del franquismo-pio moa-9788490603499la guerra civil y los problemas de la democracia en españa-pio moa-9788490551394

La duda sobre si ha leído aquello que critica se acrecienta cuando describe así mis trabajos: Moa empieza, por ejemplo, por considerar que la CEDA no era nazi, para llegar a la conclusión de que la Guerra Civil empezó por culpa de la izquierda en octubre de 1934. Pero, además, presume una conspiración desde comienzos de siglo de izquierdistas y nacionalistas y dice descubrir su capacidad destructiva ¡en una sociedad secreta! Evidentemente, Tusell puede aplicarse a sí mismo lo del dualismo maniqueo, la simplificación y la parcialidad que achaca a otros; por no decir sin más que miente. Si algo queda perfectamente nítido a partir de las fuentes primarias del PSOE, que Tusell ignoraba y quiere seguir ignorando, es que en 1934 (70 aniversario este año) dicho partido se propuso, textualmente, organizar la guerra civil para implantar una dictadura proletaria. Sobre ello no puede caber la menor duda a nadie que, simplemente, quiera abrir los ojos. Y no sólo se propuso el PSOE la guerra civil, sino que la llevó a cabo, aunque fracasara, dejando la broma de 1.400 muertos en dos semanas. Y fracasó porque los obreros no le siguieron, salvo en la cuenca minera asturiana, y porque la CEDA, que desde luego era un partido moderado, contra lo pretendido años y años por la propaganda contraria, defendió entonces la legalidad republicana y las libertades. Algo muy parecido a lo del PSOE puede decirse de los nacionalistas catalanes de la Esquerra. ¿Llamaría Tusell a esto datos irrelevantes y magnificados interesadamente?

Por otra parte yo no hablo de culpas, pues, sean cuales fueren, debemos darlas ya por zanjadas. Lo que he procurado ante todo es hacer inteligibles los procesos, ideologías y falsos razonamientos que llevaron a la guerra, pues comprenderlos puede ayudarnos a evitar derivas parecidas. En cambio las condenas arbitrarias tan abundantes en los últimos tiempos sólo reabren las viejas heridas y odios, labor en que está empeñada ahora tanta gente, con una desvergüenza e irresponsabilidad que no suscita crítica alguna en intelectuales tan supuestamente escrupulosos como Tusell.

Sobre la conspiración y la sociedad secreta, o bien Tusell, una vez más, no ha leído mis libros, o bien no ha entendido nada de ellos, pese a concordar todo el mundo en que escribo con claridad. Nunca he creído en las teorías conspiratorias de la historia, pero es evidente que las conspiraciones han existido siempre y han tenido un papel. La sociedad secreta, la masonería, supongo, tuvo influencia de sobra comprobada en algunos sucesos y momentos históricos (en las primeras Cortes republicanas, por ejemplo, había más masones que representantes de cualquier partido). Pero una cosa es señalar tales hechos indudables y no disimularlos, como hacen algunos historiadores, y otra explicar el desarrollo histórico a través de conspiraciones masónicas, cosa que yo no he hecho en ningún momento.

Tusell, por tanto, necesita falsificar mis tesis (como otros muchos) para atacarlas, probando así la inconsistencia y carácter fraudulento de su crítica. Y aún más fraudulento y contradictorio resulta el hombre cuando justifica su retirada ante un debate intelectual con el patético argumento de que los libros revisionistas en nada facilitan la convivencia. Si esto fuera así, y precisamente por su peligro para la convivencia, Tusell y compañía deberían esforzarse en polemizar hasta hacer añicos las tesis de esos libros, máxime cuando gozan de tal difusión. ¡Pero hacen justamente lo contrario! Rehúyen el debate amparándose en exigencias académicas que, como acabamos de comprobar, no cumplen ellos mismos en lo más mínimo. Para colmo, no se les ocurre otra cosa que despreciar a los lectores, a quienes tildan de público poco propicio a sofisticaciones. Payne, Seco, Cuenca Toribio y otros más han hecho grandes elogios de mis libros. ¿Serán poco propicios a sofisticaciones? En fin, con tales argumentos entramos en el terreno de la puerilidad, también muy reveladora del nivel científico de tales críticos. La convivencia entre los españoles, señor Tusell, debe basarse, entre otras cosas, en la búsqueda y el respeto a la verdad histórica, y no en el mantenimiento de mitos convenientes para algunos grupos de presión.

¿Por qué extiendo al conjunto de la historiografía universitaria el descrédito que, en rigor, sólo corresponde a gente como Tusell? Por dos razones: porque son estas gentes quienes han marcado la pauta, han pontificado y dominado en ese mundillo durante muchos años; y porque otra gente mucho más valiosa ha mantenido una postura acoquinada, asustadiza y hasta reverencial ante los más gritones y descalificadores. El desprestigio de una institución no lo labran sólo los charlatanes prepotentes, sino también, y no menos, las personas de mérito pero escasas de valor moral para enfrentarse a aquellos resueltamente, con la razón pero sin falsos respetos. Si estos últimos tienen en cuenta lo que está en juego, es de esperar que encuentren los bríos necesarios para no inhibirse y disimular ante la superchería.

(En La ilustración liberal, diciembre de 2004)

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*Si la Delgado dimite no debe ser en absoluto por sus frases, que exponen un saludable desprecio por la corrección política, sino por tratarse con delincuentes como Villarejo o Garzón. Pero en España se está perdiendo toda perspectiva moral.

*A ver si nos dejamos de hipocresías. Si por mentir debera dimitirse, no quedaría un político en su cargo.

*¿Y por qué la Delgado no ha de preferir un tribunal de hombres a uno de tías? ¿Es que ya no se pueden tener preferencias?

*La palabra “maricón” tiene dos sentidos: condición de homosexual masculino y mala persona (como “cabrón”) No queda claro en qué sentido la usó la ministra.

*Me asombran esas acusaciones de mentir a la Delgado. ¿Acaso hacen otra cosa casi todos los políticos y a todas horas?

*Marlasca está orgulloso de ser maricón. ¿Dónde está el insulto?

*La Delgado  no ha dicho ninguna mentira. En España el miedo a la verdad se ha vuelto enfermizo.

*Observen este fenómeno de tan profundo significado: blasfemar o insultar o calumniar de mil formas a la Iglesia se ha convertido en una virtud. Molestar lo más mínimo a los homosexistas se ha convertido en un sacrilegio punible.

*Se ve que no se trata ud mucho con el pueblo llano. Los cursis dicen “gay”, pero la gente común dice “maricón”. Claro que en “gay” hay cierta carga de orgullo y en “maricón” cierta carga de menosprecio por el “amor estéril”.

*Pedro Duque debería dimitir a tiempo. Ha de comprender que estar en el gobierno del tío de la tesis contamina, y mucho.

*El instituto Elcano debería llamarse Francis Drake. Es un instrumento de colonización política y cultural sobre España.

 

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El Jesús subversivo.

Resumiendo mucho las cosas, Jesús fue crucificado por los romanos como rebelde. Pero ¿rebelde a qué? ¿A las autoridades romanas o a las judías? Algún autor (Hyam Maccoby)  ha señalado que la inquina de Jesús a los fariseos resulta un tanto arbitraria, porque las doctrinas fariseas eran las que entre los judíos más se parecían a las suyas. Y encuentran sospechoso que, en cambio, apenas haya condenado a los saduceos, mucho más opuestos a sus prédicas. Pero se da la circunstancia de que los saduceos eran colaboracionistas de los romanos, mientras que los filisteos, sin involucrarse abiertamente en la resistencia, mantenían una rígida separación y evidente repugnancia a los dominadores. Entonces los verdaderos enemigos de Jesús habrían sido los saduceos, y el propio Jesús habría sido crucificado como rebelde a Roma. ¿Por qué los evangelios y San Pablo presentan las cosas al revés? Porque les interesaba congraciarse con el poder romano para no ser aplastados.  Esta interpretación exhibe cierta lógica, y no debe olvidarse que los romanos organizaron varias sangrientas persecuciones contra los cristianos, en quienes veían un peligro para su orden político. Pero  la interpretación no es del todo verosímil porque lo normal es que los seguidores de un rebelde siguieran siendo ellos mismos rebeldes, sin intentar congraciarse con los dominadores, y la actitud de los cristianos hacia Roma nunca fue de enfrentamiento directo; postura no correspondida, por otra parte.

   Pero si los fariseos tenían bastante cercanía a las prédicas de Jesús, se entiende mal la animadversión de este. No obstante, el hecho es que pese a que los evangelios insisten en que Jesús iba cumpliendo las profecías, y la declaración propia de que venía a cumplir la Ley y no a abolirla, de hecho la estaba subvirtiendo de raíz. Y los atentos fariseos no podían dejar de ignorarlo. Baste pensar en frases como “Quien esté libre de pecado tire la primera piedra”, que volvía incumplible ya de entrada la aplicación de las ancestrales  leyes religiosas. O, en el mismo sentido, “No es impuro lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella”, que rompía todas las complicadas normas judías en materia alimentaria. O “No se hizo el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre”, frase ambigua que animaba a romper las convenciones tradicionales al respecto.  Normas como estas tenían la mayor importancia para los judíos, pues establecían con claridad su diferencia con los pueblos no elegidos. En cambio la frase “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, podía convenir muy bien a los saduceos. Pero la gota que debió de colmar el vaso  de la indignación para fariseos y saduceos fue que Jesús se atribuyera el perdón de los pecados, un poder divino que lo convertía en blasfemo a sus ojos. Por consiguiente es obvio que el efecto subversivo de Jesús se dirigía abiertamente y en primera instancia contra las autoridades judías, y solo indirectamente contra las romanas. La posterior renuncia cristiana a la circuncisión marcó ya la ruptura profunda entre las dos religiones, con lo que la expresión corriente  de “cultura judeocristiana” exigiría bastante explicación.

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*Los feministas creen que las mujeres deben ser como ellos. Afortunadamente no es así.

*Zapatero es un imbécil, sí, pero marcó un antes y un después. todos los partidos hoy en las Cortes, “nacionales” y separatistas, son partidos zapateriles. La política de los imbéciles.

*¿Cuándo van las autoridades académicas a retirar el doctorado al #MacarraSánchez? Cuanto más tarden en hacerlo, más se desacreditarán ellas mismas.

*En “Los mitos del franquismo”, investigué la propaganda contra aquel régimen, en la que antaño creí. Pues bien, examinada a fondo, apenas se encuentran unos gramos de verdad en arrobas de falsedades.

*Si la monarquía no se mueve contra la pretensión del fulano de la tesis de profanar la tumba del estadista que trajo la actual monarquía, entrará en la vía hacia su supresión.

*La Calvo se hace la sexy, como la Soraya. No puede evitarlo. Prefiere el amor de burdel al amor romántico, ya saben uds.

*Hace tiempo analicé en mi blog cómo la degradación de la feminidad origina dos “modelos”, la puta y la marimacho: https://www.piomoa.es/?p=6851

*Parece que la parte de la #DivisiónAzul en “Sonaron gritos y golpes a la puerta” es la que más interesó al autor de esta reseña: http://archipielagoduda.blogspot.com/2013/07/la-magnifica-novela-de-pio-moa.html …

*La segunda parte de “Sonaron gritos y golpes a la puerta” transcurre en la #DivisiónAzul

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La debilidad teórica del liberalismo y Franco

Este sábado en Una hora con la Historia, trataremos las particularidades del catolicismo español en la Reconquista. Pueden ver en YouTube y en podcast la sesión anterior: la primacía de Castilla en la génesis de España: https://www.youtube.com/watch?v=BDGLvcZvcxg&t=23s La Reconquista Y España

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P. Pese a su afirmación de que liberales y demócratas deberían estar agradecidos a Franco, la realidad evidente es la contraria. ¿A qué lo atribuye?

–A debilidad teórica e ignorancia de la historia. Es digno de analizarse.  Observe una de las  frases más estúpidas y sin embargo influyentes, de quien es considerado el liberal español más influyente del siglo XX: aquello de que “España es el problema y Europa la solución”. España no es ningún problema, tenía y tiene problemas serios, que es otra cosa; y los problemas de entonces abocaron a la guerra civil. Y Europa no es solución a nada: tenía entonces problemas muy serios, que abocaron a la II Guerra Mundial, muchísimo peor que la nuestra en todos los sentidos, y de la que nos libramos gracias a Franco.  Creo que Ortega soltó esa frase ya después de I Guerra Mundial, que por lo visto no le inspiró el menor análisis ni la menor lección. Ni por supuesto, supo entender las tensiones y problemas europeos en el período de entreguerras. Pues si Ortega entendía así la historia y la realidad de su tiempo, imagínese lo que harían tantos otros muy inferiores a él… Su frase y otras por el estilo en su España invertebrada, como que “Castilla hizo a España y la deshizo”, o que la Reconquista no había existido… A Ortega le perdía el gusto por hacer frases, y Azaña no erraba del todo al decir que más que pensamientos tenía ocurrencias. Asombra que semejante sarta de tonterías haya tenido tal influencia, lo que, claro está, no es culpa de Ortega sino de tantos seguidores mediocres, desde falangistas a ultraliberales… Creo que solo entró en razón cuando retornó del exilio en 1946 y percibió una España muy distinta ya de la que había conocido. No hablo de Ortega como pensador o filósofo en general, sino como pensador político e intérprete de la historia. En esto era un frívolo, por decirlo suavemente.

P. Cabría oponer, no obstante, que no todo el mundo ha seguido a Ortega y que debe haber habido otros pensadores de cierto fuste. No puede limitarse todo a Ortega ni siquiera a los padres espirituales de la república

–Hay que tener en cuenta otros dos factores: la alternativa teórica a Ortega no podía ser el Menéndez Pelayo menos liberal, como se intentó. Y debemos ponderar también el influjo de la Europa occidental, tan mitificada como ignorada por nuestros cosmopaletos. Los países euroocidentales salieron moral, política y económicamente destrozados de la II Guerra Mundial, incluso la vencedora Inglaterra pasó durante años por serios apuros económicos y la pérdida progresiva de su imperio. Además, debían mucho, muchísimo, no solo al ejército useño, sino también a Stalin y su ejército rojo. Unos y otros decidieron hambrear a España a fin de hacer caer su régimen, ya que una invasión resultaba muy peligrosa en aquellas circunstancias. Fracasaron en las dos cosas. Pues bien, muchos liberales, con su tradicional frivolidad que tanto daño ha hecho al país, se compincharon en un momento dado con democristianos y socialdemócratas, para acabar con el franquismo en el célebre “Contubernio de Múnich”: el mismo espíritu que les llevó a traer la república y el Frente Popular. ¿Qué podía hacer aquella reunión de botarates y chisgarabises para impedir una deriva catastrófica que inevitablemente habría traído la caída del régimen? Cualquiera con dos dedos de frente traerían la desgracia, como Don Juan cuando quería echar a Franco para poner de primer ministro… ¡a Prieto! Los de Múnich creían, como siempre, que “Europa” aseguraría una democracia a su gusto. ¡Ningún problema, cuando esos países europeos funcionaban en la práctica como satélites de Usa y bajo la permanente amenaza de la URSS, y en España el único partido realmente existente era el comunista! España estaba libre de las enormes deudas de todo tipo de los demás países con Usa e indirectamente con Stalin, pero aquellos politiqueros querían que el país se comportase como mendigo o cosa así. Como satélite de los satélites, según ocurre ahora. La estupidez es una de las grandes fuerzas de la historia, y en España ha funcionado a todo gas. Por enorme fortuna, Franco fue otra cosa.

P. Pero Franco, dice usted, no tenía una ideología precisa, ni tampoco mucha enjundia intelectual, a pesar de su insistencia en la importancia del análisis intelectual.

–Es verdad. Franco no era un intelectual, pero tampoco un militarote inculto. Se aferraba, como dice Fernández de la Mora, a unas pocas ideas, no muy elaboradas pero claras y veraces, conclusiones de su estudio de la historia y su propia experiencia vital. Y no se dejaba desviar por los sofismas y embrollos típicos de nuestros intelectuales. No era falangista, ni fascista, ni socialista, ni carlista o tradicionalista,  temía el liberalismo político, por su experiencia, y no transigía con el comunismo. Ideológicamente era sobre todo lo que podríamos llamar “católico social” con una gran dosis de pragmatismo y apego a la realidad: tomaba de aquí y de allá lo que juzgaba más aprovechable en cada ocasión. Creo que Fernández de la Mora es quien mejor lo  ha retratado. Pero precisamente por esas razones su régimen no podía perdurar después de él. Y no solo porque no existiese nadie con una autoridad y prestigio comparables  sino, como ya expliqué, porque los elementos políticos de su régimen tendían a disgregarse. Hay un aspecto que casi siempre se olvida: tendemos a creer en la virtualidad indefinida de un régimen o receta política o económica exitosa, capaz de sacar a un país de una depresión grave. Pero el éxito crea situaciones nuevas para las que no valen ya las recetas anteriores. El éxito político y social del franquismo empujaba hacia una democracia, máxime después de la traición de la Iglesia. El modo como luego se hizo, con un antifranquismo delictivo, ya es otra cuestión.

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*El calendario de los bomberos, so pretexto de “humanitarismo”, es un calendario típicamente macarra y homosexual. Prohibirlo es un error, pero debe decirse ala verdad.

*Hace tiempo analicé en mi blog cómo la degradación de la feminidad origina dos “modelos”, la puta y la marimacho: https://www.piomoa.es/?p=6851

*Hay que decir, en honor a los comunistas, que fueron los únicos que siguieron luchando contra el franquismo, arriesgándose seriamente. Socialistas y separatistas se dedicaron a vivir en el exilio de lo robado, o a prosperar bajo el muy benéfico régimen de Franco.

*La #DivisiónAzul fue a Rusia a luchar contra el comunismo, a devolver a Stalin su visita a España, no a luchar por los objetivos generales de Hitler.

*Uno de los hechos más notorios de la #DivisiónAzul consistió en frustrar en Krasni Bor, a un elevado precio, una gran operación soviética tipo Stalingrado, diseñada por Zhukof

*”Permita que abrace a un soldado de aquella heroica división” (La #DivisiónAzul)” (Helmut Kohl, reunificador de Alemania, al visitar el Alcázar de Toledo y ser guiado por un oficial español que había estado en Rusia)

*La #DivisiónAzul ganó el aprecio tanto de los alemanes (gute Kameraden) como de los civiles rusos, a muchos de los cuales salvó de morir de hambre.

*Según el historiador ruso S. Kovaliof, los españoles de la #DivisiónAzul fueron los soldados extranjeros que mejor se portaron con las mujeres rusas.

*La #DivisiónAzul fue probablemente la unidad más humanitaria de cuantas lucharon en la II Guerra Mundial en cualquiera de los bandos.

*Hay varios rasgos que definen al antifranquismo: es corrupto, embustero, proetarra, proseparatista, odia a España, trata de imponerse totalitariamente. Últimamente también es LGTBI. Lo resumía Gregorio Marañón: “estupidez y canallería”.

*ZP es un imbécil, pero un imbécil genial: cambió la transición, rescató a la ETA, impulsó los separatismos destruyó la democracia con leyes totalitarias de memoria histórica y de género… Y hoy todos los partidos son zapateristas, un solo partido zapaterista ideológicamente

*Vamos a decirlo claramente: si un liberal o un demócrata se declara antifranquista es que ni es liberal ni es demócrata.

 

 

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Lo que liberales y demócratas deben a Franco

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P. ¿Y en Europa?

–La deriva europea, quizá incluso más acentuada en España, es a lo que Tocqueville llamó “despotismo democrático”. A una especie de totalitarismo que tiende a convertir la sociedad en un parque temático, infantilizar a la gente y manipularla salvaguardando algunas formas de democracia. Pero bajo esa tendencia se presentan problemas muy amplios y en gran medida nuevos derivados de la llamada globalización, del impacto de las nuevas tecnologías, del crecimiento de la población y la interrelación cada vez más estrecha entre las gentes de todas partes. La ideología hoy predominante en la UE busca solucionar esos problemas marchando hacia un gobierno mundial que presuntamente aseguraría la paz, destruyendo las culturas nacionales, presentadas como fuentes de guerra, disminuyendo la población a base de destruir la familia so pretexto de “patriarcado”, fomentar la sexualidad estéril y el aborto, etc. Creo que ese programa es suicida y totalitario, pero contrarrestarlo exige elaborar unas ideas que no sean puramente defensivas. Tocqueville destacaba la importancia de la libertad frente a esas derivas que se producen espontáneamente en sociedades como las nuestras.

P. Sin embargo, ud se presenta como liberal y al mismo tiempo defiende al franquismo.

–Veamos, soy liberal en el sentido de que doy máxima importancia a la igualdad ante la ley, las libertades políticas y los límites al poder del estado. Al mismo tiempo soy muy crítico con la política concreta que han aplicado los liberales en España y con su pobre capacidad teórica. En buena medida el franquismo fue resultado y al mismo tiempo remedio a las estupideces liberales.

P. ¿Son estupideces las virtudes que usted relaciona con el liberalismo?

–No, claro. Cualquier teoría general solo puede aplicarse en unas condiciones históricas y culturales concretas, y eso en España ha fallado siempre. Tanto los liberales (en general “europeístas”), como los marxistas, los conservadores o los fascistas (que apenas hubo aquí) han carecido de análisis  mínimamente serios de la realidad española, a la que querían aplicar sin más unas ideas generales tomadas del extranjero y mal meditadas,  vulgarizadas y convertidas en tópicos y latiguillos. El tradicionalismo español también ha sido singularmente pobre y tópico.

P. Sigue la pregunta: ¿cómo ha podido ser eso con unos principios tan claros?

–Veamos: nuestros problemas arrancan de la república, en realidad de bastante antes, pero vamos a poner ese tope. Fueron los liberales los que trajeron la república, que enseguida resultó un caos de violencias, odios y miseria. Fueron liberales los que urdieron el Pacto de San Sebastián, empezando por Alcalá-Zamora, Maura o Azaña, así como fueron liberales los “padres espirituales” de la república, Ortega, Marañón y Pérez de Ayala. Cuando Ortega escribe aquel artículo demencial  contra Primo de Rivera y la monarquía y al poco tiempo clama “no es eso, no es eso”, demuestra no haber tenido ni idea del país en que vivía. Como no la tenía de Europa, que según su tonta frase era “la solución”. Y fue el liberal Alcalá-Zamora y otros como él quienes, a pesar de una experiencia de cinco años desastrosos, abrieron camino al Frente Popular. Naturalmente, como para entonces las cosas ya habían llegado demasiado lejos  encontramos entre lo liberales, empezando por los “padres espirituales”, los más amargos denuestos contra la república y el Frente Popular y sus líderes. A menudo recuerdo esos denuestos porque a los “historiadores” convencionales les gusta olvidarlos. Pero si las cosas habían llegado tan lejos, si estaba en grave riesgo la integridad nacional y tan avanzado el terror totalitario y el plan de arrasar la  cultura cristiana,  se había debido en gran parte a aquellos liberales, a su ceguera y simpleza política. Y si afortunadamente aquellos peligros fueron superados no se debió a los liberales, sino al bando nacional, que rechazaba el liberalismo, precisamente por aquellas experiencias, aunque lo teorizase mal.

P. Por lo tanto, los liberales deben su subsistencia al franquismo.

–¡Y tanto! Como la Iglesia, como la monarquía, como, finalmente, la misma democracia. El franquismo solo tuvo oposición real del comunismo y, en sus últimos años, del terrorismo separatista etarra, también comunistoide. Nunca de los liberales. Me hacen gracia, triste gracia, los que se presentan como liberales y condenan al régimen que les salvó porque, dicen, era una dictadura y eso su escrupulosa conciencia no lo admite. ¡Qué habría sido de ellos sin esa dictadura que ellos mismos habían contribuido a hacer inevitable, y que fue históricamente tan necesaria y fructífera! Y hay otros tan torpes –¡siempre el tópico en sustitución del análisis!– que salen con que, en todo caso, Franco debía haber dado paso a la democracia mucho antes de su muerte. De haber hecho tal idiotez, los amenazadores  problemas que hoy tenemos los  habríamos tenido mucho antes, y muy agravados. Y desde luego no lo habrían evitado esos liberales.  En tuíter he expuesto estas ideas resumidas:

1. En el franquismo, España era el país europeo en que mejor se vivía. No todos, claro: los comunistas y separatistas estaban bastante fastidiados.

2. En el aspecto económico, España no era el país más destacado de Europa, aunque avanzaba con rapidez. Pero en salud social estaba mejor que ninguno: índices de delincuencia y población penal, suicidios, drogas, alcoholismo juvenil, fracaso familiar, prostitución, etc.

3. En el franquismo había algo así como seis veces menos presos que actualmente. Mucho menos fracaso familiar y escolar. Mucho menos alcoholismo juvenil. Mucha menos droga y pornografía. Muchos menos suicidios… La gente era más feliz.

4. En el franquismo había mucho más patriotismo que ahora. Apenas había separatismo. La única oposición real fue comunista y/o terrorista. Y el crecimiento económico fue durante los últimos quince años uno de los tres más altos del mundo.

5. El franquismo no puede volver, pero es mucho lo que podemos aprender de él para sanear una democracia que está siendo destruida precisamente por el antifranquismo del nuevo frente popular. Las enseñanzas puede ser útiles incluso frente a los rumbos que hoy sigue la UE. Pero ese es un terreno por explorar.

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Este sábado en Una hora con la Historia, trataremos las particularidades del catolicismo español en la Reconquista. Pueden ver en YouTube y en podcast la sesión anterior: la primacía de Castilla en la génesis de España: https://www.youtube.com/watch?v=BDGLvcZvcxg&t=23s La Reconquista Y España

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Flojera generacional, franquismo y democracia.

P. Si usted considera tan floja a la generación española actual, ¿por qué persiste en mantener sus análisis? ¿No será que está usted equivocado en el fondo?

–Uno siempre debe considerar la posibilidad de equivocarse. Pero que se trata de una generación floja o algo peor, es un dato objetivo, no una opinión. Intelectualmente, la España actual apenas produce más que morralla como un satélite de tercer orden de la cultura anglosajona. No voy a insistir en eso porque el servilismo y esterilidad cultural están bien a la vista, aunque salten chispazos esperanzadores aquí y allá. La moral predominante es un hedonismo pedestre, incluso criminal en la cuestión del aborto,  encauzado por una publicidad repugnante y unos intelectuales de tres al cuarto. En esas circunstancias pululan ideologías menores y absurdas como la LGTBI, un antifranquismo entre idiota y malvado, una imitación simiesca de lo anglosajón acompañado a menudo de un odio pueril a Usa, los racismos separatistas… Todo eso que llena el espacio público ¿Me equivoco en eso? Está bien a la vista. A lo mejor me equivoco en denunciarlo como algo maligno cuando debería ensalzarlo como democracia, pluralismo y demás, según la retórica hueca al uso. Pero tengo la convicción de no equivocarme al criticarlo.

P. Sin embargo se le acusa de una defensa excesiva, cerrada, del franquismo como si fuera una panacea para curar lo que usted llama podredumbre actual

–Al franquismo se le puede defender de dos formas: señalando la verdad histórica de lo que significó y logró para el país, para el pueblo español; y como ideología y régimen político válido en la actualidad. Los que lo defienden en el segundo sentido parten de ignorar lo que fue Franco y el franquismo y construyendo un mito algo simplón sobre ello. El franquismo fue un gran régimen y Franco un gran estadista, pero ya he explicado por qué el régimen no podía sobrevivir. En los años 40 y 50 se mantuvo contra el mundo entero, por así decir, hasta que sus enemigos no tuvieron más remedio que aceptarlo, por unas razones u otras. Y ese mero hecho indica una vitalidad y una fuerza interna que habría que analizar dejando de lado definitivamente las propagandas. He comenzado ese análisis en Los mitos del franquismo, que debería haber dado lugar a un buen debate. En una sociedad sana, en una democracia sana, así habría ocurrido. Pero la putrefacción moral e intelectual, insisto, es un hecho, no una opinión. En definitiva, el franquismo se agotó, pero no sin antes haber creado una sociedad nueva y apta para una democracia real, una democracia que está siendo destruida por un nuevo frente popular.

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P. ¿A qué llama usted una democracia real?

–En La guerra civil y los problemas de la democracia he tratado ese asunto, que es crucial pero que  tampoco trata nadie. La democracia en su significado etimológico es un absurdo, no puede existir. La frase de Lincoln de gobierno “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”,  es pura retórica vacía, como indiqué en otros momentos. El gobierno se ejerce siempre sobre el pueblo. Pero, fíjese usted, se ejerce también para el pueblo, pues de otro modo no tendría sentido. Todos los regímenes habidos y por haber se justifican por su labor para el pueblo, poniendo orden y fomentando la prosperidad. Claro que en la práctica puede no ser así, puede ser todo lo contrario, pero la justificación de su existencia es esa. Ahora bien, ¿qué es el pueblo? No es un conjunto homogéneo, porque en él abundan los intereses, ideas y sentimientos más diversos, que tienden al encontronazo y al odio,  y también por eso, precisamente existen el poder y el estado. ¿Qué significa entonces gobernar para el pueblo? El gobierno es siempre oligárquico, por la propia naturaleza del poder, y las oligarquías tienen también sus propios intereses, que tienden a imponer sobre otros más generales. Lo que distingue a las oligarquías en lo que equívocamente llamamos democracia, es su actuación abierta en forma de partidos, para ganar a la opinión pública o crearla. Esto de crearla es muy importante, porque la masa del pueblo suele tener ideas muy sumarias y contradictorias sobre el poder y sobre casi todo, y los partidos tienden a explotar su ignorancia. Es algo inevitable. La lucha de partidos u oligarquías existe en cualquier régimen, pero en las democracias es abierta y en los demás es cerrada y no depende del voto general. Por razones históricas el franquismo no fue democrático, pero creó condiciones para una democracia que no viniera por vías catastróficas como en el resto de Europa occidental.

P. Pero usted dice que esas democracias, como la española, están haciéndose irreales, degenerando hacia el totalitarismo.

–Llamamos totalitarismo a la ocupación del estado por un partido,  y de la sociedad por el estado. La democracia exige libertades y eso es un riesgo, porque pueden ser utilizadas, de hecho lo son siempre en mayor o menor medida, para hacer demagogia, predicar disparates y disgregar la sociedad en una tormenta de odios como  ocurrió en la república. Por eso las democracias no funcionan sin una base, explícita o implícita, de valores generales compartidos, como el patriotismo, la identificación con la historia de esa sociedad y el respeto esencial a los antepasados y algunas ideas éticas generales de raíz religiosa o ideológica. Como decía un analista, en la república se llegó a una situación “en la que nada nos es común a los españoles”, y estamos volviendo a eso. Y también exigen las democracias cierto grado de prosperidad y una desigualdad social no muy fuerte, condiciones  que por sí mismas tienden a atenuar los odios, sin por eso eliminarlos. La democracia es así un sistema de tensiones sociales controladas que, desde luego, pueden degenerar. En el franquismo las tensiones sociales estuvieron muy bien controladas y por eso podía evolucionar hacia una democracia abierta. El inmenso error de la transición fue, desde Suárez, la ruptura con el franquismo. No una ruptura abierta como la que proponía el segundo frente popular, sino disimulada, aceptando la identificación de democracia y antifranquismo y tratando por ello de hacer olvidar de dónde venía el nuevo régimen. El antifranquismo es, en definitiva, el frente popular, coalición de hecho de separatistas, totalitarios y sectarios diversos. Estos 40 años de falsificación histórica son también una causa esencial de la flojera por no decir miseria intelectual y moral de las actuales generaciones. Y así estamos hoy.

P. ¿Y en Europa?

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Este sábado en Una hora con la Historia, trataremos las particularidades del catolicismo español en la Reconquista. Pueden ver en YouTube y en podcast la sesión anterior: la primacía de Castilla en la génesis de España: https://www.youtube.com/watch?v=BDGLvcZvcxg&t=23s

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*A estas alturas, las autoridades académicas tendrían que haber retirado ya el título de doctor al #MacarraSánchez . Como tarden, quedarán como cómplices de la fechoría.

*Fernández Villa, condenado ahora por robo, es un líder socialista conocido antaño como “el amo de Asturias”. Había sido confidente de la policía franquista, como otros muchos socialistas importantes. Por eso el PSOE en el poder destruyó los archivos de aquella policía, la BPS.

*Ha estado bien Aznar, pero no caigamos en la trampa de esperar algo del PP. La alternativa hoy por hoy es VOX. El PP es parte, y parte muy principal, del problema, no de la solución. El mismo Aznar fomentó enormemente los separatismos.

*Hitler, Stalin y la guerra de España. He explicado a una periodista rusa que Stalin dominó al Frente Popular mediante el oro y el PCE, agente suyo. Hitler nunca mandó sobre Franco. Ni Mussolini.

*Expliqué también a la periodista rusa: “En España no existe democracia, porque funciona con leyes totalitarias como la de memoria histórica o las de género. Quedan las libertades de opinión, expresión etc., cada vez más asediadas.

*Añadí a la periodista rusa: En España la decisión popular de hacer la democracia desde el franquismo y no contra él, y sí contra el frente popular, ha sido burlada sistemáticamente por unos políticos infames.

*Otra cosa que expliqué a la periodista rusa. Hitler no tiene nada que ver con Franco. Hitler dejó a su país en ruinas. Franco dejó un país espléndido, próspero y sin más odios que los de los terroristas y comunistas, muy minoritarios.

*Asimismo comenté a la periodista rusa que España tenía una fundamental especificidad en Europa: no tenía la deuda de Europa occidental con Usa y con Stalin, no debía a nadie su democracia, hoy estragada, ni su prosperidad.

*Expliqué también a la periodista rusa: Yo luché contra el franquismo no tanto porque no me diera cuenta de que se vivía muy bien, sino porque pensaba que el comunismo emanciparía a la sociedad mucho más profundamente. Me costó entender el error.

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