P. A ud se le viene considerando desde hace años historiador e ideólogo neofranquista, es decir, de extrema derecha. ¿A qué se debe que ud critique tanto ahora a la extrema derecha?
–A ver si nos entendemos: la palabra extrema derecha puede significar lo que cada uno quiera. Para la opinión hoy dominante, la extrema derecha es la que contraria a la ideología LGTBI, que se ha convertido prácticamente en la ideología oficial de la UE. Si ud se opone al abortismo, al multiculturalismo, a la anulación nacional, etc., entonces ya es de extrema derecha. Pero como, según digo, puede significar cualquier cosa, conviene que quien usa la palabra explique qué quiere decir con ella.
P. ¿En qué sentido la usa usted? ¿El franquismo no es extrema derecha?
–No necesariamente. En primer lugar el franquismo, en el sentido de pensar en una vuelta de aquel régimen, es residual. Pero hay mucha gente que, sin pensar en su vuelta, defiende su importancia y necesidad histórica, como yo; y otros que lo hacen desde puntos de vista diferentes. Considero que el franquismo fue un régimen de excepción ante una crisis excepcional, y que abrió paso a una democracia factible, hoy echada a perder por el antifranquismo. El antifranquismo es el gran problema, el cáncer de la democracia y de la propia España. Pero los franquistas de extrema derecha suelen opinar que lo malo es precisamente la democracia, un régimen maligno traído en definitiva por la ETA al matar a Carrero Blanco, por la masonería, el sionismo, etc. Esto es propiamente lo que yo llamo extrema derecha en España. Y la verdad es que me alegro de que tenga poca fuerza.
P. Pero, ¿no es posible que vuelva a tomar fuerza, como en varios países europeos?
–Le repito que esos movimientos llamados de extrema derecha en Francia, Austria, Hungría, Polonia, etc., no lo son, se les llama así para desacreditarlos. Son una alternativa real y democrática, al menos en principio, a una deriva cada vez más totalitaria de la UE. Y es curioso que en España no acabe de surgir algo parecido. Aquí hay dos formas de extrema derecha a veces mezcladas: la de tipo católico y la de tipo más o menos fascista, las dos muy confusas. Implícitamente querrían una vuelta de aquel régimen, aunque no se atreven a decirlo claramente.
P ¿A qué atribuye que no acaben de cobrar importancia?
–Por una parte a la simpleza de sus análisis, y por otra a que nunca entendieron qué fue el franquismo. Hablan de quimeras. Por ejemplo, los ultracatólicos se encuentran con que la Iglesia sigue rumbos muy distintos de los suyos, pero no osan proponer una Iglesia nacional, cosa por lo demás demasiado irrealista. O se expresan en plan apocalíptico, como si estuviéramos al borde del juicio final. Otros creen que la ideología propiamente franquista fue la de la Falange, cuando se trató de una ideología de circunstancias, ecléctica y un tanto retórica, útil en la situación de grave crisis y amenaza de los años 30 y 40, pero no en la actual. Por lo demás, la Falange se ha quedado en los huesos, cediendo mucha carne a comunistas, anarquista, socialistas e incluso separatistas, pues finalmente fue venero de todos ellos, por su debilidad intelectual; además está dividida en unas cuantas facciones. Y desde luego el franquismo nunca se identificó con la Falange. El Movimiento era solo un ministerio más, con escaso presupuesto.
P. A pesar de todo, hay circunstancias históricas en las que ideologías absurdas o débiles cobran fuerza repentinamente.
–Cierto, pero no creo que sean estas. Repito que el franquismo no tiene nada que ver con las fantasías que estos se hacen. Propiamente no tuvo ideología, o en la medida en que la tuvo, su clave fue el llamado nacional-catolicismo, que no era una Iglesia nacional sino la idea de que España, y en ese caso el régimen, era connatural con la Iglesia de Roma, no de Madrid. La Falange fue un factor auxiliar y secundario. Por consiguiente, el Vaticano II dejó al régimen inevitablemente en el aire y abocado a una evolución muy distinta. ¿Podía haber sido una evolución falangista? Lo intentaron algunos, pero desde luego fracasaron por las razones dichas: la Falange desempeñó un papel importante en su momento: guerra civil y años 40, pero en los 60 ya estaba desfasada. No quedaba otra salida que una marcha hacia la democracia, en la que, con vacilaciones, estaba el propio Carrero Blanco. La herencia propiamente franquista en esa democracia sería la monarquía como eemento de equilibrio y continuidad.
P. Usted descarta, por tanto, el papel de la masonería o el sionismo
–El sionismo es la vuelta de los judíos a Israel, y a mí me parece muy bien. En cuanto a la masonería, es una sociedad extraña pero muy influyente. Aun así, en el caso de España tuvo muy poca incidencia. Observe ud.: ¿eran masones los orientadores del Vaticano II? Más bien simpatizantes del marxismo, entonces de la Unión Soviética, ya expliqué por qué en mi libro sobre el franquismo y en otros y en artículos; y en la URSS estaba prohibida la masonería, aparte de ser un régimen antisionista y en muchas ocasiones perseguidor de los judíos. ¿Hicieron la transición los masones? Ni Carrero, ni Fraga, ni Arias ni Torcuato, ni Suárez ni Juan Carlos eran masones (de este dicen algunos que lo era, pero no hay prueba real). Los orientadores de la transición fueron sobre todo los democristianos. Y los más influyentes y eficaces promotores del antifranquismo, Cebrián y Ansón, tampoco eran masones. Quizá alguno o algunos lo fueran, pero no hay la menor prueba real de ello. Claro que para esa manera de pensar las pruebas no importan: les “huele” que son masones, y eso basta. He expuesto en Los mitos del franquismo todo el proceso en lo que es constatable y probado, pero es inútil ante la simplonería de análisis de esta gente.
P. No obstante, sabemos que la masonería tiene un peso muy grande en la UE, por ejemplo en el parlamento, lo dicen abiertamente ellos mismos. Y ello tiene que influir también en España
–Sin duda. Pero estamos hablando del franquismo y la transición. Por otra parte, a mí me interesan los aspectos internos de la masonería, como su naturaleza gnóstica y anticristiana, pero me interesan mucho más los externos. La masonería es, aparte de maquinaciones políticas reales o supuestas, una gran creadora de opinión pública. Yo no sé si la ideología actual de la UE es masónica o simplemente afín a la masonería. Lo que me interesa es demoler racionalmente ese discurso dominante. Si ud va a la gente denunciando “¡esos son masones!”, la gente se reirá o le importará un bledo. Porque el discurso de la UE resulta muy convincente para mucha gente, y de nada valdrá que ud le lance maldiciones por su supuesto origen masónico, aunque en parte al menos sea un origen real. Necesita analizarlo, exponer sus contradicciones y sus efectos nefastos.
P. ¿Alguna alternativa?
–Podríamos hablar de un franquismo democrático, aunque a los bobos les parezca un oxímoron. Por lo demás, si no entendemos con alguna claridad lo que fue el franquismo, nada provechoso podremos sacar de él. Pero entenderlo y buscar lo aprovechable exige investigación y estudio, y eso es algo a que los franquistas españoles son muy poco proclives: prefieren las consignas simples, sus masonerías y sionismos. Y cuando se conoce el secreto profundo de la realidad, como ellos creen, lo demás quedan como simples detalles secundarios, así pues ¿qué necesidad hay de investigarlos? Basta con adjudicarlo todo a esas causas profundas, cosa que un buen olfato consigue sin dificultad. Por eso mis libros les resbalan o no los entienden. Les resultan superfluos, salvo en lo que creen que les dan la razón.
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Franco debe estar en el Valle de los Caídos, y el gobierno en el banquillo
El Valle de los Caídos es probablemente el monumento más grandioso y artísticamente logrado del siglo XX en cualquier lugar del mundo. Fue creado a iniciativa personal de Franco para conmemorar la victoria en la guerra civil, y poco después tomó el carácter de la reconciliación, al trasladar allí restos de soldados del bando enemigo. La reconciliación nunca fue aceptada por los dirigentes del Frente Popular ni de los políticos que se identificaron mucho más tarde con ellos. Y es lógico, entre otras cosas porque la reconciliación simbolizada en el Valle se hacía bajo el signo de la cruz, y si algo unió al Frente Popular derrotado en la guerra fue un odio visceral a la cultura cristiana, raíz de la cultura española y europea, y su decisión de erradicarla matando al clero y a numerosos católicos, e incendiando iglesias, monasterios, bibliotecas y centros de enseñanza.
Se ha dicho que la reconciliación nacional se efectuó a la muerte de Franco, pero la reconciliación muy mayoritaria se produjo ya en los años 40, como lo prueba el fracaso del maquis y la ausencia de oposición al nuevo régimen… salvo por los comunistas, el sector más totalitario del derrotado Frente Popular. En la transición solo se reconciliaron los políticos. Y solo cuando Franco, después de muerto, infligió una segunda derrota al Frente Popular en el referéndum de 1976. Entonces los que se consideraban herederos del bando derrotado intentaron una “ruptura” radical con el franquismo para enlazar con la supuesta legitimidad del Frente Popular. Pero la decisión abrumadoramente mayoritaria del pueblo fue la democracia “de la ley a la ley”, es decir, no contra sino desde el franquismo y por tanto contra la ruptura.
Y era natural: una democracia solo funciona en sociedades prósperas, con amplia clase media y sin los odios tremendos que destrozaron la república. Y esa prosperidad y superación de los odios eran la herencia evidente del régimen de Franco. En consecuencia, los políticos que proponían la ruptura debieron aceptar, o más bien resignarse, a una reconciliación que, como han demostrado con el tiempo, no sentían realmente, de modo que cuando han vuelto a cobrar fuerza, tratan de despertar los viejos odios y tratan de vengarse simbólicamente ultrajando los restos de Franco expulsándolos del Valle de los Caídos, dentro de una campaña más vasta con ánimo de cercenar las libertades democráticas so pretexto de “apología del franquismo”.
Para ello han ideado una campaña de absolutas falsedades, hablando de 20.000 presos republicanos condenados a trabajo esclavo para edificar el monumento y otras infamias que dejo aquí de lado. Lo esencial es el argumento de que una democracia no debe tener en un monumento tal la tumba de un dictador, victorioso sobre un Frente Popular supuestamente democrático. Esto es un insulto a la historia, a la democracia y a la verdad. Se hace indispensable, entonces, que la opinión pública conozca lo que fue realmente el Frente Popular más allá de las propagandas, porque ello es indispensable para sanear la democracia actual, perturbada por una falsificación sistemática de la historia.
El Frente Popular fue, de hecho, una coalición de partidos separatistas basados en un racismo demencial, de partidos totalitarios, especialmente socialistas y comunistas, y de grupos golpistas republicanos de izquierda, como el de Azaña. Solo esta constatación basta para entender que no hubo un solo demócrata entre ellos, aunque hablasen incesantemente de democracia. Y para entender el sentido de la guerra civil como una lucha entre los que aspiraban a disgregar España, imponer un totalitarismo y arrasar la cultura cristiana, y los que se oponían a todo ello. Solo reconociendo esta verdad se superará la guerra civil.
El Frente Popular llegó al poder mediante un golpe de estado, pues unas elecciones fraudulentas son un golpe de estado, y las elecciones de febrero de 1936 fueron falsificadas por las izquierdas como está documentalmente probado. Aquel fraude destruyó la legalidad republicana (pero ellos se seguían llamando republicanos, con la misma desenvoltura con que se proclaman demócratas). Y a continuación de dicho golpe, el Frente Popular sumió al país en una orgía de crímenes, incendios y arbitrariedades, anotadas por el propio Azaña, y culminados en el asesinato de un jefe de la oposición, Calvo Sotelo. Otro rasgo del Frente Popular fueron los odios entre sus mismos componentes, que ya entonces se asesinaban entre ellos y que en plena guerra civil causarían persecuciones sangrientas y dos guerras civiles menores entre sus partidos.
Franco y otros se sublevaron contra aquella situación de descomposición de la ley y del país. Rebelión legítima, pues alzarse contra una tiranía semejante lo es. Se consideran dos tipos de legitimidad: la de origen, que es indiscutible salvo para quienes identifican democracia con fraude, corrupción y tiranía; y la de ejercicio, manifestada en el progreso de la sociedad. Y el franquismo transformó la sociedad española, que pasó de la miseria a la prosperidad y de un clima de odios irreconciliables a la moderación política. Y lo hizo con un régimen de autoridad que restringía, sin anularlas, las libertades políticas para los partidos de aquel Frente Popular o sus sucesores. Solo en esas condiciones era posible salir del círculo vicioso de la pobreza y los rencores, y hacer factible finalmente la democracia, votada por gran mayoría en 1976.
Pues bien, el máximo artífice personal de la nueva España fue Franco, y el Valle de los Caídos su símbolo. Por eso, más allá de argumentos legales o familiares, el argumento de la historia y la verdad impone que el lugar de sus restos es y debe ser aquel en que se halla.
La argucia de que una democracia no puede admitir un monumento al dictador, sugiere que quienes lo emplean son demócratas. Para entender que no es así bastará un breve repaso histórico: 1. El PSOE, en alianza con separatistas, anarquistas y extremistas republicanos, intentó derrocar violentamente en 1917 al régimen liberal de la Restauración. 2. Pasó luego a colaborar con la dictadura de Primo de Rivera. 3. Terminada esta, colaboró en 1930 con un golpe militar para traer la república y que fracasó. 4. Durante la república juzgó que había condiciones para imponer un régimen de tipo soviético mediante una guerra civil y la organizó, con esas mismas palabras, y la intentó, junto con los separatistas catalanes y los comunistas, en 1934. 5. Al fracasar, dejando grandes destrucciones y 1.300 muertos, fue un artífice principal del Frente Popular, de la falsificación electoral y de las violencias subsiguientes y autor directo del asesinato de Calvo Sotelo. 6. Ya durante la guerra envió las reservas financieras de España a Stalin, a quien convirtió en amo prácticamente del Frente Popular. 7. Organizó también el expolio sistemático de gigantescas sumas de bienes públicos y privados, con los que se mantuvieron sus jefes en el exilio. 8. Durante el franquismo su oposición, al revés que la de los comunistas, fue casi nula. 9. Al morir Franco fue, junto con los comunistas, separatistas y otros, principal impulsor de la “ruptura” que quería enlazar con el Frente Popular. Como puede verse , un historial democrático intachable
Ante el fracaso del rupturismo el PSOE debió reconsiderar ciertas cuestiones, pero básicamente siguió con sus tradiciones, manifestadas en una corrupción masiva, colaboración con la ETA, explícita en la “salida política”, no incompatible con cierto terrorismo de gobierno (el PSOE tiene su propio historial terrorista, y Felipe González se libró por los pelos de la cárcel). Financiación y colaboración con los separatismos (igual que el PP, por cierto). Rescate de la ETA después de que el gobierno de Aznar la llevara a la ruina, y recompensa a sus crímenes convirtiéndola en una potencia política y dañando gravísimamente el estado de derecho (ETA y PSOE comparten hasta un 90% de ideología, suele olvidarse este pequeño detalle). Demagogia y derroche económico. El PSOE, “partido de los obreros”, logró elevar el número de parados a un millón en la república, a tres millones con Felipe González y a cinco millones con Zapatero. No está mal. Asimismo ha implantado leyes antijurídicas como las llamadas “de género”, y abiertamente totalitarias como la de “memoria histórica”, tratando de imponer desde el poder, al modo de Corea del Norte, su propia versión de la historia… Podríamos seguir muy largamente.
No, el PSOE no es ni ha sido nunca un partido democrático, sino, siempre, la más grave amenaza para la libertad de todos en el siglo XX y lo que va del XXI. No ha contribuido en lo más mínimo a la democracia actual, sino que se ha beneficiado de ella, parasitándola y envileciéndola con la corrupción y la mentira sistemática, porque no vive en la mentira, sino DE la mentira. Y este es el partido, que de acuerdo con la ETA legalizada, con los separatistas que vuelven a amenazar gravemente la nación española, scn el propio PP, quiere profanar y ultrajar la tumba de quien tan merecidamente lo derrotó en la guerra y trajo paz, orden, progreso y libertad personal a la sociedad española.
Estas cosas, cuya realidad está ampliamente demostrada, debieran ser conocidas generalmente por todos los españoles, si queremos que la democracia sane, porque está muy enferma, y se regenere. La libertad no puede basarse en el engaño, como viene sucediendo. Franco debe descansar en el Valle de los Caídos por imposición de la historia y el gobierno delincuente debería ir ante los jueces.


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