Si algo indignaba a los comunistas que habían luchado contra Franco y a los socialistas y separatistas, que no lo habían hecho desde la guerra, era que el franquismo les arrebatase la bandera de la democracia, que creían exclusivamente suya. Casualmente, estos “demócratas” se sentían herederos de los que habían destruido la república, lo que tenía de democrática, en dos golpes sucesivos en 0ctubre de 1934 y en febrero de 1936. 250 – Los “demócratas” intentan huelga general contra la democracia | Galería de charlatanes – YouTube
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Miseria de la historiografía actual
Stanley Payne, en el artículo de Chronicles donde analizaba las mitificaciones sobre la guerra civil, señalaba algunos rasgos del ambiente cultural español, “inculto” o “ignorante”, o el lenguaje torpe, tosco y pretencioso de la mayoría de los historiadores (a menudo creen que cuanto más escriben con “lengua de madera”, más científicos resultan), o el pánico de los más decentes a ser tildados de “franquistas” o “neofranquistas por la jauría académico-política de los herederos del frente popular.
Y todas estas cosas son ciertas. Un ejemplo es el de los profesores Álvarez Tardío y Villa García sobre las elecciones de febrero de 1936. Se trata de un trabajo realmente valioso, que demuestra con datos muy concretos la falsificación de aquellas elecciones. Sin embargo, el escaso valor moral de los autores hacía que terminasen su estudio asustados de su audacia, diciendo que no pretendían polemizar, cuando se trataba de un libro inevitablemente polémico. Más tarde se quejarían de que la jauría les ninguneaba en la universidad. El libro, como digo, era muy preciso, pero incompleto. Que las elecciones habían sido fraudulentas ya se sabía, en líneas generales. Otros, Alcalá-Zamora y el propio Azaña lo habían indicado. Por mi parte, había señalado el carácter muy poco legal de la convocatoria de elecciones por Alcalá-Zamora, acosado él y su criatura Portela por la Diputación Permanente de las Cortes. Y la dimisión, más bien huida, de Portela antes de concluirse el recuento, la violencia callejera durante el mismo, la revisión de actas y finalmente la destitución ilegal de Alcalá-Zamora (que no dejaba de constituir una grotesca justicia poética a cargo de sus beneficiados), son hechos bien conocidos en sus partes pero raramente analizados en conjunto como yo lo había hecho. Un golpe de estado, en definitiva. Naturalmente, dichos profesores no me citaban para nada, y cuando me permití recordarlo se permitieron mostrarse displicentes conmigo los que hacían reverencias a la jauría. Estas pequeñeces permiten calibrar la pequeñez general de la historiografía hoy al uso, incluso de aquella que produce trabajos valiosos. (Las elecciones que asesinaron la democracia y trajeron la guerra | Más España y más democracia (piomoa.es)
Esta es la razón por la que he querido completar Los mitos de la guerra civil con una Galería de charlatanes, serie de análisis breves y menciones de los más nombrados (unos 50) historiadores de la guerra civil, y de España en general, españoles y extranjeros. El resultado, como comprobará quien lo lea, es demoledor, pero sobre todo entristecedor por lo que revela de una universidad y unos repartidores de premios que, como dicen los castizos “no hay por donde cogerlos”. En esa universidad degradada se ha incubado el “huevo de la serpiente”, las leyes por las que unos políticos incultos y mayormente corruptos se creen los amos de la historia y se permiten dictar a los españoles lo que debe creer sobre ella. Sirva este libro de revulsivo, porque estas derivas se tienen que frenar a toda costa, o mereceremos perder nuestra libertad a manos de auténticos mafiosos
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**A muy pocos nos importa la idea de España, pero a qué pocos. Ni aún el peligro de la guerra ha servido de soldador. Al contrario: se ha aprovechado para que cada cual tire por su lado (Azaña). En cambio en el bando nacional era clave la idea de España, nacional y cultural, y eso fue lo que en definitiva le dio la victoria. Hoy, a la derecha libercañí, que es casi toda ella, la idea de España tampoco le importa. Es “europeísta” sin saber casi nada de Europa, y atlantista a la gibraltareña, no partidaria de España
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El azar y la voluntad
Un problema especulativo que se plantea a veces para ilustrar ciertas dificultades de la evolución es el de si mil monos (o un millón), tecleando constantemente en máquinas de escribir durante mil años (o un millón) producirían obras como el Quijote, la Ilíada o Macbeth. No quiero discutir aquí la idea de la evolución, implícita de algún modo en la Biblia (Dios crea la luz, la tierra, los animales y el hombre de forma sucesiva, en cierto orden que parece lógico), sino la idea de que la voluntad, la intención, el sentido, la consciencia, surgen de la materia carente por completo de voluntad, intención o consciencia. Y que estos tres rasgos u otros típicamente humanos serían también, en definitiva, ilusorios, un producto del azar material, sin finalidad alguna.
¿Podrían los monos hacer tales cosas? Cualquiera sabe, pero lo importante, aun admitiendo la posibilidad, es que esas obras literarias maestras, producidas sin voluntad, deseo o intención, no diferirían, en definitiva, de las demás combinaciones al azar que también producirían los monos en masas enormes. Cervantes podría creer que su Quijote respondía a una intención suya, pero en realidad sería un producto azaroso y sin sentido de algún gen, por ejemplo, o de la necesidad de ganarse unos ducados para comer. Cuando damos a su obra un valor por encima de otros miles de frutos de esa manía genética humana de contar cosas, caemos en una pura ilusión, o bien implicamos que algunas de esas obras producto del azar tienen una mayor capacidad adaptativa en algún sentido, y por tanto se difunden (se multiplican) más. Y eso sería todo
También cabría considerar que si la escritura de sus libros respondía a la necesidad genética de alimentarse, probablemente Cervantes habría podido satisfacer esa necesidad de formas más eficientes, más adaptativas, por así decir, ya que pasó gran parte de su vida entre penurias. Dedicar su tiempo y esfuerzo a la literatura bien podría haber sido una decisión errónea.
Obviamente el Quijote no existiría sin algo tan material como el cerebro de Cervantes, pero este no difería de forma notable de los demás cerebros humanos, y sin embargo no todos producen quijotes. Es más, él mismo solo fue capaz de producir un quijote, a cuyo lado el resto de su producción desmerece bastante. Y, por supuesto, la intención y la voluntad, aunque necesarias, no bastan para producir una obra maestra. Interviene otro factor, muy escaso, al que solemos llamar talento o genio. Claro que en última instancia los productos más sobresalientes del talento y del genio no se diferenciarían de cualquier otro producto de la actividad humana causada por los genes, inquietos sin ton ni son.
(En este blog, 21.10-2006)

