Ya no es tiempo de quejas
1. Las leyes de memoria no son un asunto más: son la clave de todas las políticas del gobierno, la fraudulenta legitimación moral e histórica de ellas.
2. Ha pasado el tiempo de las quejas. Es preciso desafiar y luchar contra esas leyes, en campaña permanente sobre dos “piernas”: la denuncia, ante los tribunales y la opinión pública, de su carácter antidemocrático y anticonstitucional y el desafío práctico a ella divulgando el conocimiento del pasado.
3. El ataque judicial y ante la opinión pública a las leyes de memoria corresponde esencialmente a VOX, aunque nos compromete a todos. Después de muchos años a la defensiva es preciso tomar la ofensiva.
4. En el segundo aspecto tiene especial relevancia el libro Los mitos de la guerra civil, dedicado no solo al público en general, sino especialmente a los jóvenes, los más manipulados por los liberticidas de las “memorias”.
5. He completado Los mitos con otro libro, Galería de charlatanes. El primero es una descripción de la guerra y el segundo una crítica al “huevo de la serpiente”, por decirlo así, de los historiadores o seudohistoriadores que han elaborado, sin apenas oposición, la falsificación de nuestra historia.
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Hijos de la leyenda negra.
¿Qué une a socialistas, comunistas y separatistas, por encima de sus querellas que en la guerra llevaron a asesinatos mutuos? Les une el odio o desprecio a España, al que se ha unido el PP. El antifranquismo es su expresión actual, pues Franco representa la victoria sobre sovietizantes y disgregadores, y por tanto la unidad independencia nacionales.
El origen de la extraña alianza, culminada en el Frente Popular y hoy en un nuevo frente popular de facto, tiene una fecha precisa: el “desastre del 98″. Para ambos grupos, hasta entonces más pintorescos que otra cosa, la derrota frente a Usa sirvió para denigrar sin tasa, racial, histórica y políticamente, a España y su historia, y cobrar fuerza política gracias a la desmoralización nacional. La leyenda negra se convirtió casi en dogma.
Apoyo indirecto a esas corrientes fue el llamado regeneracionismo, cuya buena intención de modernizar al país venía lastrada por una visión obtusamente denigratoria del pasado español, sobre todo de la mejor época de él, la de la hegemonía en Europa y el descubrimiento del mundo. Inmensas tonterías al respecto vomitaron Azaña, Costa, Ortega y tantos más. Uno de sus absurdos fue el empeño de que los españoles sirvieran de carne de cañón a nuestras tradicionales “amigas y aliadas” Francia e Inglaterra en la I Guerra Mundial. Afirmaban que eso nos ayudaría a “europeizarnos”.
Todos ellos eran, y son, hijos de la leyenda negra. Cierto que protestaban contra el triste y mediocre ambiente social, económico y político español. Pero no se percataban de que España iba reponiéndose, aunque lentamente, de la pésima herencia de la invasión napoleónica. Los regeneracionistas, incluso los socialistas, exigían una mejora más rápida y brillante, pero ellos mismos eran poco brillantes. Y sus remedios, que desembocaron en la II República y luego en el Frente Popular, fueron peores que la enfermedad. Como ahora mismo.
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Decadencia europea
**En su reciente e importante discurso, Orbán habló de la decadencia de Occidente, que parece haber atribuido a su pérdida de control sobre las energías y materias primas (gas, petróleo, tierras raras…). También podría señalar cómo Europa, en solo ochenta años, ha pasado de albergar a un cuarto de la población mundial a solo un décimo. Pero son aspectos secundarios. Se trata, creo, de una decadencia ante todo cultural y moral, originada en el gran choque de ideologías de la II Guerra Mundial.
**El problema de la chica esa, ministra de no sé qué, es que tiene, reconocido por ella misma, un coño más grande que una mesa. Y, claro, tanta amplitud le ocupa el cerebro. Como pasa con las demás ministras y la mayoría de las feministas, muy homosexistas también. Dicho en la forma grosera que exige su osadía, ni el chocho ni el culo deben dictar la política ni el porvenir de la sociedad española.
**Parece casi un milagro esta resurrección de Los mitos 20 años después y a través de Francia.
**El artículo de S. Payne debería llegar ampliamente a la universidad y a los medios. A ver si se avergüenzan un poco.
**Algo que me sorprende, aunque quizá indebidamente, es que historias que van más allá de la de España, como el que he escrito sobre Europa, apenas se lean. Lo mismo ocurre con Hegemonía española y Era Europea (lleva solo 2.400 ejemplares). Libros contra la leyenda negra, en especial el de Roca Barea, se han vendido bien. El problema está en lo de “Era Europea”. Esto da al libro un enfoque original, pero, simplemente, no se entiende ni interesa a casi nadie en el país más ultraeuropeísta del continente.
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